Doce de Octubre: Historias Repetidas, Leyendas Revividas

Colón
                                                         Colón llega a las Indias

Como ya viene siendo habitual, la efemérides del Doce de Octubre, Día de la Hispanidad y, por ende, Fiesta Nacional Española, volvió a ser cuestionada por una serie de personajes públicos, la mayoría de ellos perteneciente al mundo de la política o de la farándula, aunque no de forma exclusiva, repitiendo el consabido argumentario y con el supuesto propósito de sacar rédito personal o de llamar la atención. 

Lo que sería impensable en países que ostentan una tradición democrática más dilatada y mucho más consolidada, se ha convertido en el nuestro en una constante, en una mala costumbre que dice muy poco de nosotros mismos como nación.

Muchos son los sinsentidos que venimos escuchando desde hace años, que aquí vamos a tratar de enumerar.

Reyes Católicos
                                                        Isabel y Fernando

El primero de ellos es la curiosa disquisición de si Cristóbal Colón fue el primero o no en llegar a las Indias. Aducen, unos, que los vikingos ya habían alcanzado Norteamérica en épocas mucho más tempranas. Sostienen, otros, que el almirante manejaba información privilegiada, proporcionada nada menos que por un navegante que habría completado el recorrido con anterioridad. De los vikingos en Norteamérica, no hay hasta la fecha rastro arqueológico alguno. Sobre la segunda hipótesis, ¿por qué ese marino avezado iba a renunciar al honor y a la gloria de pasar a la Historia como el artífice de un descubrimiento tan trascendental? Pregunta que nadie ha conseguido responder adecuadamente. Es más, si Colón ya conocía de antemano lo que iba a encontrar, ¿cómo fue que su proyecto sería rechazado por diversas casas reales con anterioridad? ¿Por qué los Reyes Católicos no enviaron una armada completa para acometer la conquista de aquellas tierras en lugar de tres naos, cuyo misión era de carácter claramente exploratorio? Incluso pudiendo ser demostradas, ambas teorías resultarían irrelevantes, dado que es España quien da a conocer América al mundo, nadie más.

La primera palabra que viene a la mente de dichos personajes, y de otras tantas personas, bien por desconocimiento, bien por ideología o por otras razones, malintencionadas o no, es “genocidio”. Del Griego γένος génos ‘estirpe’ y – cidio, la Real Academia Española la define como “exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”.

Si nos atenemos a la definición, en Hispanoamérica no se produjo genocidio alguno. Cierto es que todos los procesos de conquista de territorios llevan aparejados sus luces y sus sombras pero, en el caso español, las primeras superan ampliamente y con creces a las segundas. Un dato muy significativo es el grado de mestizaje que se dio en ambas márgenes del Río Bravo, frontera natural entre México y los actuales EE.UU. Al Norte de ese río, la mezcla de población indígena y foránea, ésta, formada por británicos, en su mayoría, y franceses, no llegó al 1%. En la orilla Sur, en la zona de influencia española, la tasa de mestizaje sobrepasó el 70%. Quinientos años después, la población nativa norteamericana apenas alcanza el 2% del total, y malvive en reservas y áreas delimitadas. Todo un logro por parte británica.

12 de Octubre
                                                       Culturas Precolombinas

¿No hubo conflictos, entonces? Por supuesto que los hubo, las principales tribus suramericanas eran tribus eminentemente guerreras, como los Aztecas, que en territorio mexica tenían subyugadas a otras no tan poderosas y que hicieron pasar las de Caín a las tropas de Hernán Cortés. Los subyugados, por contra, recibieron a los españoles como si del Santo Advenimiento se tratara.

Más al Sur, la civilización Maya se encontraba en declive antes de la llegada de los conquistadores. Sobreexplotando el bosque húmedo, llegaron finalmente a alterar el ciclo hídrico y las consecuencias  no se hicieron esperar. La ausencia de lluvias trajo sequía y desertificación, éstas, la pérdida de cultivos y la escasez de alimentos. El hambre y las luchas intestinas que llevaron a la guerra civil hicieron el resto.

Si fueron determinantes las enfermedades contagiosas, en las que algunos parecen querer ver poco menos que una guerra bacteriológica orquestada. La Medicina de la época no podía atajarlas, y constituían un factor del todo incontrolable. Recordemos que sólo un siglo antes, la epidemia de Peste Negra, venida de Asia por la ruta de Crimea, diezmó Europa, matando a la tercera parte de su población. ¿Habría que acusar a China, Mongolia o Rusia de aquéllo? Obviamente, no. Hagamos lo propio, pues, en nuestro caso.

Por mandato expreso de la Reina Isabel, los indígenas, “sus indios”, como ella los denominaba, se convirtieron en súbditos de la Corona. Nunca jamás una monarquía había tenido deferencia semejante con los habitantes de territorios por ella conquistados. Las Leyes de Indias, las Leyes de Burgos, posteriormente, todas iban encaminadas a favorecer a los aborígenes y a proteger sus derechos. Francisco de Vitoria, Fray Bartolomé de las Casas y tantos otros, seglares y religiosos, lucharon por su cumplimiento.

Los españoles de entonces se afanaron por llevarles formación, un proceso que culminaría con la fundación de las primeras Universidades, compartiendo nuestra cultura y nuestra lengua, que hoy conocemos y empleamos más de 500 millones de personas en todo el mundo.

Sobre las explotaciones mineras, oro y plata, en particular, se sostiene igualmente de forma recurrente que explotamos los filones hasta agotarlos. Para el pueblo Inca, por ejemplo, el oro ni de lejos era considerado un metal precioso en sentido europeo. Ornamental, decorativo, si, pero nada más. Considerando las lógicas diferencias entre ambas épocas en lo que a eficiencia productiva se refiere, los que afirman que lo saqueamos todo tendrán que explicar, entonces, cómo es posible que en México, solamente, se extraiga esos metales en la actualidad en unas cantidades que superan por año a todo lo extraído por el Imperio Español en tres siglos.

Vacuna contra la viruela
                                                       Expedición Balmis

A principios del siglo XIX, cuando el Imperio prácticamente llegaba a su fin, la Expedición Balmis llevó a todos sus rincones la vacuna contra la viruela, evitando la propagación de una enfermedad muy contagiosa y que provocaba una gran mortandad. Un gesto de auténtica filantropía sin precedentes en toda la Edad Moderna y que demuestra la preocupación de una Corona por sus territorios, sin importarle la distancia que de ellos les separaba y las dificultades sociopolíticas por las que aquélla estaba pasando.

Llegados a este punto hay que preguntarse, ¿por qué surgió la Leyenda Negra? Pues por razón de numerosos intereses creados, dentro y fuera de España. Los de británicos y holandeses, por una parte, intentando hacerse con las rutas comerciales españolas y sus productos, y para tapar sus propios desmanes y excesos en las colonias que regentaban, que fueron muchos. Por otra, los propios de Antonio Pérez, Secretario de Felipe II y traidor a la Corona, que se uniría a los ingleses en su intento de arrasar la ciudad de Cádiz.

La Conquista del Nuevo Mundo cambiaría la Historia de la Humanidad para siempre. No sólo por la dimensión geográfica del acontecimiento, sino por su connotación racial, social y cultural, acercando y hermanando a los habitantes de unas tierras separadas por un océano, el Atlántico, que hoy se nos sigue antojando inmenso, y que a los ojos de aquellos aguerridos navegantes a buen seguro se tornaría infinito.

Si preguntásemos a ciudadanos franceses, norteamericanos, italianos o griegos, por nombrar unos pocos, sobre el día de su fiesta nacional, sobre sus gestas y efemérides, a ninguno de ellos se le ocurriría contestar con las opiniones que algunos de nuestros compatriotas tienen al respecto. Nadie en su sano juicio cuestionaría los Imperios Romano, Macedonio, o acontecimientos más recientes como las Revoluciones Francesa y Norteamericana, que conformaron la historia de esas naciones en Época Contemporánea.

Juana de Castilla y Felipe el Hermoso
                 Cruz de San Andrés, emblema de la Casa de Borgoña, y Escudo

Las comparaciones, no por odiosas, dejan de ser necesarias. La relación de actuaciones que el Imperio Español llevó a cabo en el mundo arroja un balance más que positivo, que es reconocido a ambos lados del Atlántico, y que sería motivo de orgullo para los descendientes naturales de las naciones que lo combatían.

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