La Historia del 30 de Febrero del Año 1712

30/02/1712
                                                          El control del tiempo

Cuando se plantea la pregunta: ¿cuál es el invento más relevante de la Historia?, las respuestas son variadas, y resulta a menudo complicado que los encuestados muestren unanimidad en sus valoraciones. Desde la rueda al método científico, pasando por la máquina de vapor o el teléfono, numerosas son las posibilidades de elección. Sin embargo, son pocos los que mencionan la creación del calendario, gracias al cual, hemos podido establecer cronologías y concretar los acontecimientos  históricos a lo largo del tiempo. 

Los calendarios se elaboraron a partir de la observación del cielo y del movimiento de los astros. Los avances en Astronomía permitieron reajustar los desfases que sufrían sus diferentes modelos. El ejemplo más claro es el de la necesidad de establecer años bisiestos, de 366 días, cada cuatro años, sobre nuestro calendario, el calendario Gregoriano. De no haberse hecho así, el día de ayer no habría sido 29 de Febrero de 2016, sino 15 de Julio de 2017.

Incluso si así hubiera ocurrido, no habría sido esa fecha la más curiosa de todas. Otro día en la Historia le disputa ese honor, un 30 de Febrero, del año 1712, concretamente, cuando el Reino Sueco, que incluía a Finlandia, además, decidió continuar con el calendario Juliano, que estaba intentando abandonar. 

Pero antes de entrar en detalles vamos a hacer un recorrido por la historia de los calendarios, cómo surgieron y se desarrollaron.

La medición del tiempo

El calendario Gregoriano, por el que nos regimos, fue establecido en 1582, gracias a las reformas del Papa Gregorio XIII y a la medición del desplazamiento de los astros que los descubrimientos astronómicos posibilitarían. Si bien la medida de los días era inalterable, los meses estaban determinados por los ciclos lunares. Las estaciones, variables también, regían las tareas agrícolas.

Tiempo
                                                Astrónomos en la Antigüedad

Fue en Babilonia, probablemente, donde el periodo de 24 horas diarias tuvo su origen, 12 para el día, 12 para la noche, una tradición que nos fue transmitida por influencia hebrea: “A la Luz Dios llamó Día, a las Tinieblas, Noche”. Este número, el 12, era medida de todo para los caldeos, una tribu semítica (cuya lengua formaba parte de un gran árbol lingüístico común que se había desarrollado entre África y Oriente) que se había establecido en Mesopotamia a inicios del I Milenio a.C. y a quienes los autores romanos identifican con matemáticos y astrólogos babilonios.

La semana, por contra, se relaciona con el carácter sagrado para los hebreos del número 7: “Al séptimo día Dios descansó”. Por un proceso de aculturación desde Caldea, los hebreos empezarían a regirse por un calendario lunar, también, con la variante de que para ellos todo el año girase en torno al día de la Pascua judía, que habría de coincidir con el equinoccio de Primavera y con una fase de Luna llena. La observación del movimiento de nuestro satélite les llevó a concretar la duración de los meses, elaborando estos sabios un calendario concebido como un ciclo de festividades religiosas. A fin de evitar la ira divina, era precepto inviolable dedicar a los dioses los días sagrados, ofreciéndoles sacrificios. Los días eran escogidos por los sacerdotes, quienes los establecían como inamovibles.

Los sabios de Babilonia ya empleaban un calendario lunar de 12 meses repartidos en 354 días hacia la segunda mitad del II Milenio a.C. Los sacerdotes lo reajustaban cada cierto número de años añadiendo para ello un décimo tercer mes.

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                                                              Calendario egipcio

En la egipcia Alejandría, griegos y romanos elaboraron sus propios calendarios, solares, los primeros, lunares, los segundos. El calendario romano, lunar, se dividía en 355 días, pues para ellos los números pares eran señal de mal augurio. Corregían los desfases añadiendo un nuevo mes de entre 22 y 23 días de duración cada dos años. Pero esa configuración produjo una confusión tal que, en el año 46 a.C., Julio César ordenó por decreto que la duración del año sería de 365 días, a los que se habría de añadir un día más cada cuatro años.

Fue durante el Concilio de Nicea, celebrado en al año 325 d.C., cuando se acordó que la Pascua de Resurrección de Cristo se celebraría el primer Domingo tras la primera Luna llena posterior al equinoccio de Primavera – el 21 de Marzo -, una fecha movible entre el 22 de Marzo y el 24 de Abril, y que determina desde entonces el calendario litúrgico cristiano.

El mundo musulmán, por su parte, se rige por un calendario lunar. Como ya habían hecho hebreos y caldeos, los antiguos árabes introducían un décimo tercer mes para corregir el desfase frente al calendario solar, que había sido prohibido por Mahoma. El año musulmán tiene una duración de 354 días, repartidos en 12 meses, de 30 y 29 días cada uno, respectivamente, que se suceden de manera alterna. Con menos de una semana de diferencia, 34 años de calendario musulmán equivalen a 33 años de calendario juliano-gregoriano.

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                       Papa Gregorio XIII

Con el asesoramiento de los científicos, Gregorio XIII acometió la reforma del calendario Juliano, el de Julio César, que consistió en eliminar 10 de sus días, de manera que al 4 de Octubre de 1582 le siguió el 15 de ese mismo mes. La medida recibió una fuerte contestación por parte de la Iglesia Protestante, que llevaría al astrónomo Johannes Kepler a afirmar “los protestantes prefieren estar en desacuerdo con el Sol antes que de acuerdo con el Papa”. Importantes personajes de la Revolución Francesa vertieron sus críticas con fruición, llegando a elaborar un nuevo calendario, que bautizaba los meses considerando el clima, la estación, y la actividad agrícola. Además, sus meses tenían una duración de tres semanas, cada una de 10 días. Implantado por decreto un 5 de Octubre de 1793, vería su derogación el 1 de Enero de 1806, por razones religiosas y laborales. Aunque ha sido secularizado, el calendario Gregoriano sigue estando vigente en el Occidente Europeo.

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                                                            Johannes Keppleri

Los pueblos africanos primitivos se guiaban por unos calendarios no escritos, los denominados “calendarios parlantes”, llamados así porque eran perpetuados por tradición oral.

La cultura china encomendaba su elaboración a astrónomos que trabajaban bajo la supervisión del poder político.

Con independencia de qué tipo de sociedad estemos hablando, cuando se trata de medir el tiempo, elementos como los ciclos naturales y agrícolas, la magia y la superstición son denominador común a todas ellas. El poder religioso ejercería una gran influencia sobre la sociedad al vincular calendario con festividad religiosa, mediante la distribución de los días de ocupación y los de asueto, de pago de impuestos, de conmemoración…

En definitiva, el calendario, esa palabra cuya etimología procede del término kalendas, el primer día del mes, es base de la Historia.

Suecia, 29 de Febrero de 1712

El Reino de Suecia, que como hemos comentado, incluía por entonces a Finlandia, no se dispuso a llevar a cabo su adaptación al calendario Gregoriano hasta el año 1700. Para ello, había de suprimir los 11 días bisiestos a lo largo de un periodo de 40 años, empezando en Febrero de 1700.

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                                              Mapa de la Gran Guerra del Norte

Pero la Gran Guerra del Norte, un conflicto que se prolongaría durante dos décadas, hasta 1721, y que enfrentaría a Suecia con una alianza formada por Pedro I el Grande de Rusia, Augusto II el Fuerte de Polonia-Sajonia y Federico IV de Dinamarca-Noruega, como actores principales, con la pretensión de combatir la supremacía sueca en gran parte de Europa Central, Oriental y Septentrional, estallaba ese mismo año, trastocando todo el plan.

Los siguientes años bisiestos, 1704 y 1708, tuvieron 366 días cada uno. Había cuestiones mucho más perentorias que atender que el cambio de calendario, y decidieron, pues, seguir rigiéndose por el calendario Juliano. Como el 29 de Febrero de 1700 había sido eliminado, decidieron rescatarlo en el siguiente año bisiesto, en 1712, cuyo mes de Febrero estaría formado por 30 días.

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                                                              Suecia, Febrero de 1712

Los años bisiestos que vendrían con posterioridad transcurrirían como de costumbre, y no sería hasta 1753 cuando Suecia, finalmente, se pondría en hora con la mayor parte del resto de Europa, que ya había adoptado el calendario Gregoriano, suprimiendo de una sola vez los 11 días de la ‘discordia’.

 

Fuentes:

 

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