Hesperia

Hesperia. Del Latín Hesperĭus, y éste, del Griego ῾Εσπέριος, Hespérios.

Hesperia es uno de los nombres por los que se conoció a la Península Ibérica, más bien, a una parte de ella, antes que por el latinizado Hispania, al encontrarse aquélla al Oeste del mundo que los griegos conocían, en el Extremo Occidente.

Hesperia
                      Venus orbitando

Hesperia hace referencia al planeta Venus, que ellos llamaban Héspero o Véspero, que podía ser observado en dirección Oeste y durante la puesta de Sol si las condiciones meteorológicas eran propicias. Como Hesperia, bautizaron, también, a la Península Itálica.

Hesperia
                Desplazamiento de Venus sobre la vertical de la Península Ibérica

Iberia, Hesperia, Hispania, términos todos que son prueba de la gran importancia, geoestratégica, sociocultural y comercial de la Península Ibérica en el Mundo Antiguo.

 

Referencias bibliográficas e imágenes:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 16, Editorial Espasa – Calpe, Madrid 1992
  • BRAVO, Gonzalo, “Nueva Historia de la España Antigua”, Alianza Editorial, Madrid 2011
  • 2.bp.blogspot.com
  • es.wikipedia.org

 

Ibero

Ibero. Del Latín Ibērus, y éste del Griego Ιβηρ, Ιβηρος, Íbēr, Íbēros.

Ibero significa natural de Iberia, individuo perteneciente a alguno de los pueblos que se habían establecido en la Península Ibérica con anterioridad a la llegada de los primeros colonizadores griegos y fenicios. Pueblos que la ocuparon casi en su totalidad, desde la Bahía de Cádiz hasta el Mediodía de la Francia que hoy conocemos, con gran presencia en el Levante peninsular. La sociedad íbera se conformará durante un largo proceso que se inicia en el siglo VIII a.C. y que culminará en torno al año 500 a.C.

Ibero
                       Recreación de la policromía de la Dama de Elche

Dada la imprecisión de la de Heródoto sobre la visita de Kolaiss de Samos a la Península Ibérica, la primera cita fiable es la de Avieno, quien empleará el término iberi para referirse a las tribus indígenas que dominaban la zona del Ebro (para los griegos, Iber, para los romanos, Hiberus), que otros autores como Pomponio Mela, Erastótenes o Estrabón citarán en sus escritos, también.

Los íberos o libioibéricos, como algunos especialistas los denominan, llegaron a ocupar zonas del Norte de África, y se constituyeron en el grupo racial más importante de la Península, lusitanos incluidos, presentando características propias en cada una de las zonas que dominaban. Las dos etnias originales, íberos y celtas, no dieron lugar al pueblo celtíbero, como reza la tradición. Era éste un pueblo autónomo, con su propia identidad, cuyos límites territorriales rebasaban ampliamente los del Ebro, tal y como los romanos constataron a su llegada a la Península a finales del siglo III a.C. y refieren los autores clásicos. Su influencia creciente, unida a la de los colonizadores grecofenicios, sentará las bases de la futura cultura hispánica.

Como lengua prerromana, el íbero era el idioma que se hablaba en la Península hasta el siglo I d.C. Su adscripción resulta todavía desconocida. Por íbero entendemos, también, todo aquello relativo o perteneciente a la cultura del mismo nombre.

Para saber más de los íberos la bibliografía es muy abundante. Pero si nos permitís la recomendación, os proponemos la obra que en este enlace podéis descargar gratuitamente, titulada “Iberos: Sociedades y Territorios del Occidente Mediterráneo”, de Susana González Reyero, publicado por la prestigiosa editorial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC.

 

Referencias bibliográficas:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 17, Editorial Espasa – Calpe, Madrid 1992

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Hijos del Rayo: Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania. Recensión de la Obra

Introducción

La obra cuya recensión nos ocupa, que lleva por título Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania es un estudio detallado de esa Hispania prerromana tan apasionante como desconocida, no sólo para el gran público, sino, incluso, hasta para la Historiografía misma, que durante muchísimos llegó a obviar una etapa determinante en la evolución de esa futura romanización que, más tarde o más temprano, alcanzaría todos los rincones de la Península Ibérica y que, a buen seguro, habría seguido un itinere muy diferente sin aquellos precedentes.

Si se me permite, considero interesante hacer una pequeña reseña biográfica de su autor, antes de introducirnos de lleno en el tema motivo de este trabajo.

Manuel Bendala Galán, natural de Cádiz, es Catedrático de Arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid. En su Facultad de Filosofía y Letras ocupó el cargo de Decano, desde Marzo de 1992 hasta Febrero de 1995. En sus últimos años en activo, previos a su jubilación en el año 2010, el Profesor Bendala Galán fue responsable creativo y director del Máster en Arqueología y Patrimonio durante tres años. Como docente e investigador, Don Manuel ha recibido numerosos títulos y distinciones, entre los que destacan los siguientes:

  • Miembro del Instituto Arqueológico Alemán, desde 1978
  • Académico de la Academia Sevillana de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, desde 1979
  • Académico de número de la Real Academia de Doctores desde 2003
  • Patrono del Museo Arqueológico Nacional, y miembro, durante tres años, de su Comisión Permanente
  • Patrono de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos
  • Patrono de la Fundación de Estudios Romanos
  • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Huelva en 2014

De su amplia bibliografía podemos destacar estos otros trabajos del autor de “Los Hijos del Rayo”:

Pasemos, pues, tras este breve apunte biográfico, a la recensión de la obra.

Recensión

  • Sinopsis

Tomando como referencia los  textos de numerosos autores de las fuentes clásicas romanas, las únicas que se conservan, el Profesor Bendala Galán nos describe el escenario peninsular previo a la llegada del Imperio Bárquida, su desembarco en nuestra costa mediterránea y cómo, gracias a su implantación plena, Hispania va a ir evolucionando hasta convertirse en una potencia mediterránea que haría tambalear los cimientos de la todopoderosa Roma.

  • Contenido de la obra y cuestiones destacadas

A lo largo de sus 376 páginas, Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania se articula en seis bloques o capítulos, cada uno de ellos convenientemente reseñado con numerosas anotaciones a pie de página. Los recursos gráficos y visuales, en forma de mapas y fotografías son, igualmente, abundantes, y el autor ha consultado una extensísima bibliografía que se nos ofrece en sus páginas finales.

El capítulo I, como su propio título indica, nos ofrece un sesgo historiográfico del pueblo púnico que, lamentablemente, se ha mantenido a lo largo de los siglos de nuestra historia y que lo presentaba como una auténtica epidemia a la altura de aquella Peste que asolaría la Europa Medieval.

El siguiente capítulo, el II, corresponde a la crónica política y militar. Se describe los enfrentamientos entre ambas potencias, Cartago y Roma, Roma y Cartago, que se enzarzaron en las famosas Guerras Púnicas, haciendo de Hispania y del Mediterráneo un auténtico tablero de ajedrez. Conoceremos a sus personajes, Amílcar, sus hijos, Asdrúbal, Aníbal, Magón, los leones que buscarán la ruina de Roma. Enfrente, Publio Cornelio Escipión, dos concepciones distintas nacidas de una misma formación, la helenística, de impronta sin igual. En el trasfondo, las cuestiones territoriales, Cerdeña, Sicilia, Sagunto, todo un Casus Belli para una contienda de proporciones épicas y que, a día de hoy, se sigue estudiando con profusión en las academias militares más prestigiosas del mundo.

En el capítulo III, el Profesor Bendala nos hace una descripción del escenario hispano peninsular antes de la llegada de los Barca, planteándose la pregunta de los posibles vínculos entre Cartago e Hispania en fechas anteriores al desembarco cartaginés. Cartago fue fundada por navegantes fenicios, de Tiro, un pueblo tan viajero como comerciante. Imbuidos de ese mismo espíritu, las incursiones cartaginesas por todo el Mediterráneo fueron numerosas, Ibiza, Cerdeña, Sicilia, antes de que los Barca pusieran sus pies en la Península Ibérica, que ya contaba con numerosas colonias, fenicias y griegas, y con una presencia púnica y norteafricana nada desdeñable. Los Barca refundarían algunos de esos emplazamientos, en un proceso de expansión en el que el papel de Ibusim, Ibiza, resulta fundamental considerar y revisar.

Los Barca tenían en mente un gran proyecto político para Hispania, que no era otro que el de convertirla en una potencia independiente de Cartago y de subyugar a Roma en la pugna por el control del Mediterráneo, tal y como se describe en el capítulo IV. Como hemos apuntado, refundaron antiguos enclaves y levantaron otros nuevos, siguiendo una política de tinte helenístico, tal era la admiración que profesaba por Alejandro el Grande. Los Barca se sentían reyes hispanos, llegando a desposarse con princesas autóctonas, caso de Imilce, que casará con Aníbal. La identificación de Aníbal con el pueblo y la admiración que éste sentía por su rey, no tiene parangón, incluso en las peores circunstancias lucharon por él hasta la muerte, asimilando e interiorizando profundamente el concepto de fides, de devotio, una admiración de tinte cuasi divino, que la producción monetal y las necrópolis se encargaron de atestiguar. La ingeniería militar convertía casi en imbatibles a las tropas cartaginesas, en las que tanto los guerreros hispanos como los elefantes se emplazaban en la vanguardia de sus ejércitos.

Es el capítulo V el de las fundaciones y refundaciones, y de los problemas que plantean, de ubicación, básicamente, como ocurre con Ákra Leuké, que podría corresponder a Carmo, actual Carmona, en Sevilla, como posible refuerzo de la Baja Andalucía. La importancia estratégica de Qart Hadasht, bastión natural, sin parangón en toda Hispania, ciudad tocada por los dioses, a los que se veneraba en los diferentes templos erigidos sobre sus colinas.

Y de la organización territorial bárquida, dividida en tres áreas de influencia, Baja y Alta Andalucía y Levante, sabiendo sacar estos reyes púnicos partido de todos los recursos naturales, agropecuarios, pesqueros, metalúrgicos, comerciando con ellos, y aprovechando las nuevas vías de comunicación que los ríos navegables, como el Guadalquivir, les ofrecían. Sus torres de vigilancia mantenían el control de las fronteras, haciendo uso del fuego para advertir de los peligros inmediatos.

Se presta especial atención a la producción monetal, pues es la Numismática, junto con la Epigrafía, un recurso arqueológico fundamental.

Finalmente, en el capítulo VI y último de la obra, Bendala Galán desmitifica lo que se ha venido en llamar “romanización”, un proceso que ha sido, a menudo, presentado como abrupto y traumático, cuando la realidad es bien distinta. La transición entre la Hispania Púnica y la Hispania Romana discurrió de forma gradual y bajo políticas de continuidad y de asimilación del sustrato político, económico y social precedente, y no de su aniquilación. La cultura púnica sobrevivirá bajo la denominación “neopúnica” hasta el siglo IV d.C., en Numidia y en Hipona, como atestigua San Agustín en sus crónicas.

  • Aportaciones novedosas y crítica personal

Con independencia de la época en que se pretenda profundizar, se ha convertido la Arqueología en una actividad auténticamente multidisciplinar, que se nutre de diferentes especialidades y que se ve permanentemente socorrida por los avances tecnológicos, fundamentalmente electrónicos e informáticos, haciendo posible la reconstrucción de episodios históricos cuando no disponemos de fuente alguna, o es ésta parcial o incompleta. Episodios como los que en este libro se reconstruyen. El Profesor Belande pone en contraste las informaciones, algunas de ellas, vividas en persona, por los grandes historiadores latinos, Polibio, Tito Livio, Diodoro Sículo, con los recursos aportados por la Numismática, la Epigrafía, la Geografía y la Geología, la Biología, ciencias, todas, auxiliares de la Arqueología. Reforzadas, como hemos apuntado, con recursos tecnológicos.

El  autor se sirve de su acervo y de las investigaciones más recientes para ofrecernos una reconstrucción histórica que, como él mismo reconoce, habría resultado del todo imposible hasta hace, solamente, treinta años. Y ello implica haber revisado una historiografía inmovilista, anclada en el pasado y que ha dado por válida una tesis que este trabajo ha demostrado como del todo desacertada. Una actitud tan arriesgada como valiente.

En mi opinión, la gran aportación, entre otras, de Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania” es la de romper con un estereotipo de siglos para presentar a los príncipes bárquidas como verdaderos hombres de Estado. Líderes, más allá de las estrategias militares, formados en la cultura helena y con un referente común como es Alejandro el Grande. Se insiste en este extremo a lo largo de todas sus páginas, y a buen seguro que Don Manuel se habrá preguntado en más de una ocasión, como hace un servidor en este mismo momento, que habría sido de Hispania si los derroteros de sus gobernantes no se hubiesen regido por esa concepción helenística tan arraigada en la mente de los Barca.

Siendo como es una obra de divulgación, su lectura se hace amena, gracias a una prosa fluida, que consigue que parezca que estamos sumergidos, más bien, en una novela de corte histórico antes que en un trabajo de investigación. Y contando con algunos pasajes que a los profanos en la materia pueden resultar farragosos y repetitivos.

Trabajo de Grado correspondiente a la asignatura “Historia Antigua de la Península Ibérica I”, Universidad Nacional de Educación a Distancia, en el presente Curso 2016-17.

  • Imágenes:

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Fundación Juan March

Panateneas

Panateneas. Del Griego antiguo Παναθήναια/ Panatếnaia.

Panateneas
                     La procesión. Ofrenda del peplum a la diosa Atenea

Con este nombre se designaba a un conjunto de celebraciones en honor de la diosa griega Atenea, Minerva para los romanos, que incluía sacrificios, fiestas nocturnas y competiciones deportivas. El acto más importante era el de la procesión, que se llevaba a cabo cada 28 de Hecatombeón, correspondiente a nuestro mes de Julio, para ofrecer a la diosa un peplo, una túnica, y sacrificar numerosos bueyes y otros bóvidos en su honor.

Las pequeñas Panateneas tenían carácter anual. Las grandes, por contra, se desarrollaban cada cuatro. Denominadas en un principio Ateneas, su nombre cambió a Panateneas desde el momento en que, por orden de Teseo, todas las comarcas del Ática empezaron a reunirse en Atenas para celebrarlas.

Bibliografía:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 22, Editorial Espasa Calpe, S.A., Madrid 1992
  • Teseo
  • Panateneas

Para saber más:

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Oligantropía

Oligantropía. Del Griego antiguo ὀλίγος,  ‘poco’ y ἄνθρωπος, ‘hombre’.

                Polibio (200 – 118 a.C.)

Oligantropía es el vocablo que el historiador Polibio emplearía para referirse a la crisis demográfica que afectaba a los varones en la Hélade.

Los hombres eran cada vez más escasos en número, como consecuencia de las guerras incesantes y de la corrupción de las costumbres sociales, que habían desembocado en abortos e infanticidios, al tiempo que a los esclavos se les imponía una limitación en el número de hijos que podían engendrar. Con el término ‘oligantropía’ nos referimos, pues, a la disminución en el número de nacimientos y a la restricción de la natalidad.

Polibio es autor, entre otras, de “Historiae“, una ambiciosa obra que abarcó cuarenta volúmenes, de los que sólo cinco de ellos han llegado hasta nuestros días.

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Bibliografía:

Los Fastos Romanos de Otoño: October Equus, El Caballo de Octubre

October Equus
Dios Marte y caballo embridado. Cosa, Etruria, 273-250 a. C.

El salto de cazadores a recolectores que los humanos protagonizamos durante el Neolítico trajo consigo la estabulación del ganado y la domesticación de ciertas especies, que se emplearon no sólo como fuente de alimento, sino también como valiosos ayudantes en las tareas de carga, arrastre y transporte.

En ese sentido, un animal como el caballo ha acompañado al hombre durante toda su historia, y se ha mostrado como un elemento fundamental en la expansión de pueblos e imperios a lo largo del tiempo. Pero, tal y como descubriremos a continuación, el noble cuadrúpedo estaba igualmente sometido a prácticas de sacrificio ritual.  Continúa leyendo Los Fastos Romanos de Otoño: October Equus, El Caballo de Octubre

Cuadrivio

Cuadrivio. Del Latín tardío quadrivium, de quattuor, ‘cuatro’, y via, ‘camino’. Compendio de las cuatro Artes Matemáticas, que son Aritmética, Música, Geometría y Astrología o Astronomía.

Trivium
                                Quadrivium

En la Edad Media, estas disciplinas eran impartidas junto con el Trivio. Al igual que éste, el término cuadrivio posee, también, una segunda acepción, la del lugar donde cuatro caminos concurren.

Bibliografía e imágenes:

Trivio

Trivio. Del Latín trivium, de tres, ‘tres’, y via, ‘camino’. Compendio de las denominadas tres Artes Liberales de la Elocuencia, que son la Dialéctica, la Gramática y la Retórica, unas materias estudiadas durante el Imperio Romano y en las universidades durante toda la Edad Media, además. Trivio y Cuadrivio constituían todo el sistema de las Artes Liberales.

Trivium/ Quatrivium
                                           Compendio de las Artes Liberales

Una segunda acepción del término se refiere tanto a la división en tres ramales de un camino como al punto en que éstos volverían a concurrir.

Bibliografía e imágenes:

Traducianismo

Traducianismo. Del Latín medieval trallucianismus, del Latín traducere, ‘pasar’, e -ismus, ‘-ismo’. Doctrina religiosa defendida por (Quinto Séptimo Florencio) Tertuliano y seguida por algunos de los padres de la Iglesia, que fue predominante en Oriente durante el siglo IV. Tras su desaparición, no sería retomada por teólogos y filósofos hasta finales del siglo XIX.

Según el Traducianismo, también llamado Generacionismo, las almas se perpetúan por la via de la generación, mediante la fecundación, sin intervención divina, y el pecado de Adán se transmite directamente a toda su descendencia.

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                                                Tertuliano de Cartago

Nacido en Cartago (160-240), Tertuliano fue ordenado sacerdote hacia el año 196. Caracterizado por un excesivo rigorismo, se implicó en una ardua defensa de los cristianos, y se convirtió en uno de los escritores eclesiásticos más importantes de su tiempo. Entre lo más prominente de su producción encontramos títulos como “Contra los Judíos”, “De la Idolatría”, “Testimonio del Alma” y “Cinco Libros contra Marción”.

Bibliografía e imágenes:

Diccionario RAE

Diccionario Enciclopédico Espasa, Vol. 28, Editorial Espasa Calpe, S.A., Madrid 1992

Glosario de Filosofía

pravoslavie.ru

Un Acuartelamiento Pretoriano en la Roma del Emperador Adriano

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Busto del Emperador Adriano, Palazzo dei Conservatori, Museo Capitolino

Se ha publicado hace unas horas en BBC News el descubrimiento, en la ciudad de Roma, de unas instalaciones del siglo II d.C. que se cree pudieron haber acogido al grueso de la Guardia Pretoriana del Emperador Adriano (76 – 138 d.C.), bajo cuyo mandato el Imperio vería ensanchadas sus fronteras. Entre otras edificaciones, Adriano ordenó construir el muro que lleva su nombre, a fin de defender la provincia de Britannia de los ataques de las tribus pictas, que desde el Norte la asolaban.
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