Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (I)

“… Ha caído la noche y los bárbaros no han venido… Y entonces ahora, ¿qué va a pasar con nosotros sin los bárbaros? Al menos esa gente era una cierta solución”

Cavafis, “Esperando a los Bárbaros”

Bárbaros y Romanos en Hispania [400 – 507 A.D.]” es una obra del Profesor Javier Arce Martínez publicada por vez primera en el año 2015 por la editorial Marcial Pons Historia. A lo largo de sus más de trescientas páginas, el autor hace un exhaustivo recorrido por un siglo tan determinante para la Historia de España como lo fue el siglo V d.C.

Javier Arce Martínez (1945) es un historiador y arqueólogo español muy reconocido en el entorno académico, tanto nacional como internacional. Ejerce su tarea docente e investigadora en instituciones tan prestigiosas como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde trabaja como Profesor de Investigación, habiendo dirigido la Escuela Española de Historia y Arqueología a él adscrita en Roma, y la Universidad de Lille, en Francia, donde imparte sus enseñanzas como Profesor de Arqueología Romana. Así mismo, ha coordinado junto con I. Wood y E. Chrysos el programa científico de la European Science Foundation “The Transformation of the Roman World”. Colaborador en numerosas publicaciones, es autor de una veintena de obras entre las que destacan “Funus Imperatorum: Los Funerales de los Emperadores Romanos” (1990), “El último Siglo de la Hispania Romana” (2009), “Esperando a los Árabes: Los Visigodos en Hispania (507-711)” (2013) o ésta que nos ocupa, motivo del presente trabajo, “Bárbaros y Romanos en Hispania 400-507 A.D” (2007).
En la fotografía, le vemos dando una conferencia en la sede de la Diputación de Valladolid.

El siglo V en Hispania viene marcado por dos hechos fundamentales, la ausencia de documentación y la presencia, desde el año 409, de una serie pueblos denominados “bárbaros” que van a establecerse en el territorio que romanos e hispanorromanos habían ocupado durante seiscientos años. La fuente de inspiración para la visión personal del Profesor Arce es el poema de Cavafis “Esperando a los Bárbaros”. Los romanos necesitaban a los bárbaros como garantía del sostenimiento de su economía: agricultura, ejército y fronteras, y contribución fiscal dependían de ellos. En la Península Ibérica no se ansiaba su presencia, pero, tampoco se produjo una situación de rechazo. Es innegable que su llegada contribuyó a dinamizar la sociedad hispanorromana, con ayuda del cristianismo, ortodoxo o herético. Hasta la venida de los musulmanes a territorio hispano, tres siglos habrían de transcurrir, el siglo V, de transición, el VI, de dominio visigodo, y el siglo VII, de esplendor y posteriores decadencia y desmoronamiento.

Bárbaros y Romanos
                                         Obispo Hidacio

Para el obispo Hidacio (o Hydacio), el siglo V no pudo haber comenzado de peor manera. Como refleja en su “Chronica”, el eclipse de sol acontecida en la Gallaecia del año 401 no era sino un mal augurio, una señal admonitoria a la que otras seguirían, preámbulo de una nueva época regida por el caos absoluto. Suevos, vándalos y alanos eran ingressi Hispanias, pueblos que habían entrado en territorio peninsular. Su presencia y la propagación de la epidemia de peste pronto les identificaría con los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Hambre, Guerra, Bestias Feroces y Peste. Hidacio recurre al sensacionalismo exacerbado a fin de dar una imagen apocalíptica de una invasión, la bárbara, sobre la que el resto de crónicas de la época demuestra muy poco interés. El contexto histórico de Hidacio nunca trascendió la Gallaecia. Un problema sobre el que la Arqueología poca luz puede arrojar, dada la dejación con que se aproxima al modus vivendi romano. En cualquier caso, el análisis en profundidad de los hechos no desvela, ni mucho menos un panorama tan desolador como el descrito por este obispo.

El fin de la Hispania romana tiene su germen en la usurpación protagonizada por Constantino III en Britannia. En la vecina Gallia, suevos, vándalos y alanos ya deambulaban por su territorio, tras haber cruzado el Rin en 406. Constantino III era un personaje irrelevante, portador, eso sí, de un nombre glorioso, única razón de su proclamación. Si bien no estuvo exenta de cierta resistencia, Hispania acabaría por unirse a las huestes del usurpador en su lucha contra Honorio y Teodosio. Los movimientos de tropas fueron recurrentes, buena parte de ellas eran de carácter privado, propiedad del señor de la villa, y las luchas de poder, entre Gerontius (o Geroncio), Constante, Constantino III y Teodosio, continuas.

La primera pregunta que tendríamos que plantearnos es ¿por qué los bárbaros entraron en Hispania? Diversos autores, Olympiodoro, Salviano de Marsella, Zósimo, han tratado de darle respuesta, unos, desde posiciones más realistas; el resto, desde postulados más providencialistas. La explicación más plausible sería la de un pacto con Geroncio y en contra de Constantino III por el cual los bárbaros habrían cruzado los Pirineos en octubre de 409 y habrían sido nombrados foederati de aquél al año siguiente. Geroncio se subleva en Hispania, en la Gallia y en Britannia se alzan contra Constantino III, también. Máximo es nombrado emperador por Geroncio. Establecerá su corte en Tarraco y ordenará acuñar moneda en Barcino. Usurpador a la vez que restaurador (restitutor), y salvador de la República, no deja de ser un hombre de paja de en manos de Geroncio, uno de sus clientes hispánicos, aunque las fuentes apenas se refieren a su relación.

Bárbaros y Romanos
                               Constantino III y la Numismática

Nunca había habido usurpadores en Hispania, salvo por Cornelius Priscianus en 145 d.C. La de Máximo era una doble usurpación, contra Constantino III y contra Honorio, si bien éste pronto se percató que era una manera conveniente de debilitar a aquél. Poco sabemos de sus actuaciones políticas, salvo el acuerdo alcanzado con suevos, vándalos y alanos en 411. Emitió moneda de estilo imperial, no solidi, pues no había oro para tal fin. Es posible que quisiera dominar la Gallia. Sea como fuere, Geroncio tenía vía libre para acabar con sus rivales. Constantino III y Juliano, su hijo, serían ajusticiados, para que sirviera de escarnio a los que osaran usurpar, en clara alusión a Máximo. Acabaría sus días exiliado, viviendo entre los bárbaros con los que había pactado. Los mismos que errarán por la Península Ibérica, sobreviviendo gracias al pillaje y saqueo que Hidacio magnifica en su “Chronica”. Personalizaron el sistema impositivo romano en la figura del tyrannus exactor, el recaudador de impuestos, que ejercieron en las urbes, no así en el fundus. En lo que a fiscalidad se refiere, bárbaros y romanos venían a representar lo mismo. Unos bárbaros protegían a los hispanorromanos de otros. Finalmente, cambiarán la espada por el arado, gracias a la autoridad romana bajo Máximo. Como Salviano de Marsella afirma en sus escritos, “los hispanorromanos prefieren vivir bajo los bárbaros que bajo el injusto yugo al que los romanos les someten”, que afectaba tanto a nobles como a pobres. El sistema romano perduró mediante un modelo de convivencia en unos territorios que la Diplomacia y los ejércitos de Honorio intentarían recuperar.

Llegados a la cuestión territorial, surgen ciertas dudas. Si hacemos caso a Hidacio, los vándalos asdingos se habrían establecido en Gallaecia Occidental. Los suevos, en su franja oriental. En la Carthaginense y Lusitania, los alanos. Los vándalos silingios, en la Bética. Todos ellos comandados por su respectivo rey, Genderico, Hermerico, Addax y Fredbal, respectivamente. ¿Qué sucedió con las tres provincias restantes? Lo más factible es que la Tarraconense, la Balear y la Mauritana Tingitana hubiesen quedado en manos romanas. El reparto fue desigual porque el número de bárbaros era tan escaso como el conocimiento del territorio que pretendían manejar.

Ataúlfo fue el primer rey visigodo establecido en Hispania. Cuñado de Alarico, sirvió como mercenario a Honorio contra los usurpadores y él y los suyos fueron recompensados con la hospitalitas en Burdigalia (Burdeos). Pero el desabastecimiento que sufrieron le llevaría a levantarse contra el emperador. Al igual que hiciera Geroncio con Máximo, Ataúlfo encontró en Attalo a su hombre de paja. Pero el bloqueo desde Rávena no cesaba y Ataúlfo, con el respaldo de la aristocracia galorromana, se desposó en 414 en Narbona con Gala Placidia, hermana del emperador, secuestrada por Alarico.

Bárbaros y Romanos
                                                                    Gala Placidia

Placidia representaba la dinastía teodosiana. En virtud de su matrimonio, Ataúlfo emparentaba directamente con la casa imperial a la que había jurado defender. Consciente de que un Estado necesitaba leyes, conservó el corpus legis romano. Presionado por Constancio, Ataúlfo se dirigió a Barcino, en donde su hijo con Placidia moriría. Allí sería él asesinado en 415. Puede que la corte goda no aprobase su política pro romana. Antes de morir, pidió a su hermano que devolviera a Placidia y que conservase la amistad con Roma.

Por orden de Sigerico, el nuevo rey coronado ese mismo año, todos los sucesores de Ataúlfo fueron asesinados. Pero su reinado fue efímero. Tras haber humillado públicamente a Placidia, haciéndola desfilar, junto con otros prisioneros, delante de su montura, Sigerico fue asesinado y sustituido por Valia. Attalo hubo de exiliarse en Lípari. Valia optó por cruzar el Mediterráneo para alcanzar África, el granero de Roma, dada la situación de escasez que su gente sufría. Fracasó, y hubo de firmar la paz con Roma en 416, y comprar trigo a los vándalos a precios desorbitados. Finalmente, el grano prometido llegaría y, a cambio, Valia y sus huestes emprenderían campañas contra suevos, vándalos y alanos. Constancio les proporcionó tierras con carácter definitivo. En 418, les permitió asentarse en Aquitania, al otro lado de los Pirineos. Tras la muerte de Valia, los godos se asentarán de nuevo en Hispania a finales de siglo.

En 418, Honorio envía una carta, de enigmático contenido, a sus tropas acantonadas en Pompaelo (Pamplona). Una petición, al parecer, a la milicia de la ciudad. La misiva constituye un ejemplo de sacrae litterae imperial, y va dirigida a todos los soldados, con menciones especiales. El emperador les promete equiparar su salario al de otras tropas, como las de la Gallia. ¿Razones? Desde 407, Honorio iba de fracaso en fracaso, Gallia, Britannia, Hispania, en todas ellas habían surgido usurpadores. Habiéndose deshecho de Geroncio y de Constantino III, aspiraba a recuperar el conjunto de la diócesis. Las victorias de Valia sobre suevos, vándalos y alanos merecían una recompensa especial, como las tierras en Aquitania.

Bárbaros y Romanos
El Emperador Bizantino Honorio, de Jean Paul Laurens (1880)

Su segundo intento de usurpación le costaría la vida a Máximo. Los bárbaros deseaban integrarse en el modelo romano. Constancio es designado emperador por Honorio en 421 y recuperará la diócesis casi en su totalidad. Desde Pompaelo, las tropas leales al emperador, que habían venido especialmente para la ocasión, le ayudaron a derrotar a Máximo, motivo de su agradecimiento hacia ellas.

Vándalos asdingos y silingos cruzaron los Pirineos en 409 hacia Hispania. Habían compartido territorio en la Gallia con suevos y alanos, unas veces con Roma o apoyando revueltas en otras. Unidos, alcanzaron la Península Ibérica. Según Plinio, Tácito y otros autores, los silingos provenían de la actual República Checa. Los asdingos, de la Dacia romana, en la actual Rumanía. De éstos fue Visimar su primer rey, que estableció mayores contactos con Roma que con los silingos. Eran nómadas, se enrolaban en las tropas romanas como mercenarios. Se desplazaron hacia Occidente en busca de tierras y sustento. A estos grupos se les permitió cruzar los Pirineos para que apoyaran a Geroncio contra Constantino III. Lo hicieron con sus familias y convenientemente aculturizados por Roma, incluso sus necrópolis emulaban las de los romanos.

La división territorial llegaría después. Suevos, vándalos y alanos eran súbditos del usurpador Máximo. La superioridad de los alanos sobre vándalos asdingos y suevos se hizo patente. Las provincias que ocupaban, Lusitana, Carthaginense, Bética y Gallaecia, eran las más ricas y productivas, trigo y aceite, claros objetivos para los romanos desde 417. Enviaron a Valia para su recuperación, aniquilando a silingos, y a alanos en Lusitania. Los supervivientes de estos últimos quedaron bajo protección de Gunderico, rey de vándalos y alanos. Así, las provincias Lusitana, Carthaginense y Bética se vieron desprovistas de bárbaros. Los que escaparon se establecerían en la Gallaecia.

Tras haber conseguido estas victorias, el ejército de Valia regresó a Aquitania. Gallaecia quedaba abandonada a su suerte. El conflicto entre bárbaros no tardaría en estallar. Los romanos, comandados por Astirius, se pusieron de parte de los suevos. Decidido a acabar con los vándalos, Honorio envió un magister millitum, que salió derrotado, según Hidacio, por la deserción del contingente godo. Desde ese momento, los vándalos pondrán en marcha una política de expansión que los llevará a las Baleares, continuando hacia Carthago Spartaria, Hispalis y la provincia Tingitana, una sucesión de tentativas y actos de saqueo y pillaje más que una serie de conquistas como tales.

Romanos y Bárbaros
Los vándalos de Genserico en el Saqueo de Roma, de Heinrich Leutemann (~1870)

En 428, Gunderico ocupa Hispalis y profana su iglesia. El suevo Heremegario hará lo propio en Santa Eulalia de Mérida. A Gunderico le sucede Genserico, su hermano. Pese a la fertilidad de la Bética, puso rumbo a África en 429, una región con los mismos recursos y, en aparencia, más segura. Lo hicieron confiscando todas las embarcaciones que encontraron. Allí, gracias al comes Africae Bonifacio, no se les opuso resistencia, pero, desde la Península, las tropas suevas de Hemeregario les pisaban los talones.

Para los romanos, los vándalos eran un peligro, tanto por tierra como por mar. Eran de confesión católica, hasta que Genserico abrazó el arrianismo, todo un apóstata, según Hidacio. Dado su número, no pudieron ejercer un control total del territorio, pese a las armas, necesitaban las leyes romanas, estaban condenados a entenderse. En otros órdenes, edificaciones, armas, vestimenta, cerámica, la Arqueología si ha detectado diferencias. El vandalismo que se les achaca no fue tal, respetaron las estructuras existentes en su propio beneficio. Su impronta cultural resultó escasa, más bien, se marcharon como habían venido, al servicio de Roma.

Los alanos tuvieron un papel muy poco relevante. Isidoro de Sevilla no los menciona en su “Historia Gothorum et Suevorum”. Eran un pueblo estepario, de origen iranio, no germánico, de religión pagana y dedicados al nomadismo pastoril. Se pusieron al servicio de Teodosio y de otros emperadores romanos a los que se habían unido en 407 con su rey Goar en la Gallia. Bajo otro monarca, Rependial, alcanzan Hispania en 409. Ayudaron a Ataúlfo y a Máximo y, tras el reparto provincial, se hicieron con la Lusitana y la Carthaginense. Addax era su rey en Hispania. Pese a su superioridad sobre el resto de pueblos, fueron barridos por el ejército de Valia. Los que sobrevivieron quedaron bajo la protección de Gunderico hasta que éste cruzó el mar hacia África. No se ha encontrado huellas de los alanos en Hispania, salvo trazas toponímicas y arqueológicas en Gallaecia. Crónicas de destrucción alana, tampoco. Este pueblo se cohesionaba en torno a su rey, cuya sucesión era una cuestión de capacidad, no de linaje.

Romanos y Bárbaros
                                Pueblos bárbaros en Hispania a inicios del siglo V

A los suevos, artífices de la “infellix Gallaecia”, según Hidacio, les reprocha éste su incumplimiento de los pactos que habían sellado con godos y romanos. Constituían el pueblo menos numeroso, pero, perduraron más que el resto, hasta el siglo VI, cuando fueron aniquilados por Leovigildo. De origen germánico centroeuropeo, acabarían por dedicarse a la agricultura y sedentarizarse. Tras el reparto provincial del año 411 se quedan con la Gallaecia. Su territorio tenía salida al mar, hacia Lusitania, lo que lo hacía muy apetecible para los vándalos de Gunderico quien, en 419, intentó bloquear a los suevos de Hermerico en los montes Erbassios. Los romanos apostaron por ellos y los vándalos volvieron a la Bética, lo que permitió a los suevos moverse libremente por toda Gallaecia hasta Asturica, protagonizando razzias hacia Lusitania, Carthaginense y Tarraconense. Unas operaciones de saqueo que también desplegaron en la propia Gallaecia, prueba de que no la dominaron en su totalidad. Se establecieron en Bracara, prácticamente, y en Lucus (Lugo) y en Asturica. Rechila, su rey, lo intentó en Emerita.

Conscientes de su necesidad de integración en la sociedad hispanorromana, los suevos tomaron rehenes de clase alta para negociar acuerdos. La epigrafía sueva, como ocurre con el resto de pueblos, aparece en África, no en Gallaecia. Vivían de la razzia y de la negociación, en torno a su rey. En el caso de Hispania, el primero fue Hermerico, a quien sucede Rechila, y a éste, Rechiario, no sin cierta oposición, quizás, por ser hijo ilegítimo. Una monarquía, pues, de carácter hereditario. Rechiario casará con la hija del rey godo Teodorico I, emprenderá campañas en Gallaecia y consolidará el reino suevo. En Bracara, su capital, ordenará emitir moneda, siliquae de plata, lo que le ponía a la altura del emperador. El romano Avitus y el godo Teodorico II iniciaron una campaña contra él y acabaron con su linaje. Surgieron dos reyes suevos, Maldras y Framtame, que actuaban con independencia, una debilidad que los godos supieron aprovechar. Fueron asesinados y la disputa por el trono provocó luchas fraticidas protagonizadas por Frumario y Rechismundo. Los suevos se regían por la lex romana, intercambiaban embajadas, verdaderos centros de negociación, una seña de identidad propia de la cultura y del refinamiento que caracterizaban al mundo romano. Pese a los acontecimientos que Hidacio narra en su “Chronica”, el suevo es el primer rey bárbaro convertido al catolicismo y en emitir moneda.

Máximo, probable autor de “Chronica Caesaragustana” (s.VI), obispo de esa ciudad, separa dos momentos clave, el de la entrada de los visigodos en Hispania y el de su establecimiento, entre los cuales la resistencia que los locales mostraron fue notoria. Dados sus conflictos en la Gallia con romanos, francos y burgundios, los visigodos buscaban la fundación de un reino independiente, y lo consiguieron en la Península Ibérica. Constancio los utilizó para derrotar a los otros pueblos bárbaros, recompensándolos sólo con su establecimiento en Aquitania. Numerosas eran las razones estratégicas para ello. Pero las derrotas estaban por llegar. En 422, los vándalos vencen a Astirius, por la defección del contigente godo, pasándose al bando alano.

Los episodios de los años 431 y 446, protagonizados por Vetto y Vitus, respectivamente, prueban el interés godo por Hispania. En 456, el godo Teodorico infringe a los suevos una tremenda derrota. Tras el apresamiento de Rechiario, los suevos nombran rey a Maldras. Teodorico pretendía conquistar Lusitania, así, se instaló en Emerita, su capital. Pero la muerte de Avitus le hizo volver a la Gallia. De camino, parte de sus tropas saqueó Asturica y ciertas localidades palentinas y leonesas. Teodorico envió al dux Cyrila a la Bética en 458, año que autores como Thompson consideran el comienzo de la presencia goda en esa provincia hasta la invasión islámica del 711. Sin embargo, la presencia goda fue, más bien, una presencia militar itinerante. Desde 466, ya con Eurico, se produce la progresiva ocupación de Hispania, empezando por la Tarraconense, bastión romano. Eurico asesinó a Teodorico, morbus gothorum. Habría que esperar al año 497 para hablar de la entrada triunfal de las tropas y del pueblo godos, ya bajo Alarico II, según el obispo Máximo. En 585, Leovigildo acabaría de una vez por todas con el reino suevo.

Los godos practicaron el arrianismo hasta que Recaredo consiguió su conversión tras el III Concilio de Toledo. La presencia goda se hizo patente en el entorno urbano, sobre todo, que aprovecharon y reutilizaron convenientemente, imitando el modelo romano. Así queda atestiguado en los establecimientos de Teodorico, Ataúlfo y Leovigildo en Emerita, Barcino y Toletum (Toledo), respectivamente.

 

Galería de imágenes:

Fernando Díaz Villanueva

Diputación de Valladolid

Marcial Pons Editorial

Wikiwand

Wikipedia en Español

Tempus Fugit

Commons Wikimedia

Wikipedia en Español

Blog de Jose Luis Escribano

 

Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (II)

Bárbaros y Romanos
                                                           Agustín de Hipona

Como en épocas anteriores, el siglo V fue un periodo de inseguridad, sobre todo, en el entorno rural, donde ladrones y salteadores de caminos campaban a sus anchas. Así se refleja en las referencias que Consencio hace a los bárbaros que roban libros en su carta a Agustín de Hipona, y en los textos de Hidacio en los que menciona la presencia de piratas norteuropeos en el Cantábrico y trata la cuestión de la bacaudae, la bagauda. A lo que habría que sumar los episodios recurrentes de resistencia local frente al poder romano y la presencia goda.

Sigue leyendo Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (II)

Arqueología e Historia de Numancia

Numancia, Arqueología e Historia
                                                  Plano topográfico de Numancia

En este 2018, Año Europeo del Patrimonio Cultural, y habiendo celebrado en 2017 el 2150 Aniversario del Asedio y Caída de Numancia, se acaba de publicar un libro interactivo editado por Jose María Luzón y Mª del Carmen Alonso, con textos a cargo de Alfredo Jimeno Martínez, un trabajo de investigación histórica y arqueológica excelente en cuya confección se ha empleado las técnicas más modernas de prospección de yacimientos.

Numancia, Arqueología e Historia
Representaciones de caballos en cerámicas numantinas, según Wattenberg, 1963

La obra se compone de ocho capítulos, que ponen a la ciudad en su contexto histórico, más un prólogo, un epílogo, y un apéndice. Este último nos ofrece toda información digital con la que se ha trabajado: Georradar, Fotografía 3D, Bases de Datos, así como Bibliografía y Hemeroteca. Con la posibilidad de ser leído directamente tanto en Inglés como en Alemán. Un proyecto, en nuestra opinión, ambicioso y de resultados más que meritorios, que podéis disfrutar en este enlace:

Numancia, Arqueología e Historia

 

Imágenes:

Agradecimientos:

A nuestro amigo y seguidor Javier Martínez, por habérnoslo hecho llegar.

El Nacimiento del Español

Nacimiento del Español
                                       Ñ, símbolo del Español

Muchos de vosotros os habréis preguntado alguna vez cuántos idiomas se habla en el mundo. Entre lenguas, propiamente dichas, y dialectos, se calcula que más de seis mil. Si reflexionamos por un momento sobre el volumen de lenguas diferentes que tal cifra representa, nos daremos cuenta de inmediato de la importancia y la grandeza del Español, un idioma que es el segundo más hablado y estudiado en todo el globo, el tercero, ya, en cuanto a su uso en la red. Más de cuatrocientos millones lo hablan sólo en Hispanoamérica, y la cifra total alcanza los quinientos millones.

Para los que nos dedicamos a escribir en blogs, o en cualquier medio de alcance internacional, gracias a Internet, básicamente, es toda una suerte poder expresarnos en un idioma que nos posibilita comunicarnos e interactuar con nuestros hermanos americanos, y con habitantes de otras latitudes, sin tener que recurrir al Inglés o a otra lengua foránea. Si en época romana el dominio del Latín era una especie de visado cultural, que permitía a los ciudadanos de entonces moverse libremente a lo largo y ancho del Imperio, lo mismo viene ocurriendo con el Español desde hace cinco siglos. Y es que en muchas partes del mundo se habla nuestra lengua.

Nacimiento del Español
                                                          Hablamos Español

Para este 23 de Abril, Día del Libro y, sobre todo, Día del Idioma Español, hemos querido dedicar un artículo al proceso de su nacimiento, cuyo contenido ha sido firmado por el escritor zamorano y catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, D. Amando de Miguel Rodríguez, autor de más de cien obras, entre las que destacan “Se Habla Español“, “Sancho Panza Lee el Quijote” y “La Lengua Viva: Polémicas Apasionadas sobre el Idioma Español“.

En “Nuestra Lengua”, así se titula el artículo publicado el pasado día 13 de este mismo mes en un medio de información digital, y que reproducimos íntegramente a continuación, de Miguel repasa de forma amena y escueta las transformaciones sufridas por el Latín en tierra vasca hasta llegar a convertirse hoy en día en el idioma común de tantos millones de personas en todo el orbe, el Español. Al tiempo que plantea reivindicaciones argumentadas. Esperando que sea de vuestro agrado, os dejamos ya con su lectura.

NUESTRA LENGUA

Amando de Miguel Rodríguez

13 de Abril de 2017

La capacidad de hablar no es natural; no digamos la de escribir. Son habilidades que la especie humana adquirió penosamente tras muchos milenios de evolución. Si hubieran sido capacidades congénitas, en el mundo no habría ahora más de 6.000 lenguas, sino unas pocas. Fracasó varias veces la utopía de una lengua única.

Las capacidades de hablar y escribir derivan en una lengua cuando se acompañan de una verdadera gramática, esto es, de un sistema sintáctico, aunque no se halle formalizado. La lengua para sus hablantes es propiamente el idioma, es decir, literalmente “nuestra lengua”. No aprendemos y utilizamos el idioma solo para comunicarnos, sino para distinguirnos de los que no lo entienden, los bárbaros, etimológicamente los que parece que balbucean al hablar.

La lenguas se convierten en dominantes cuando compiten ventajosamente con otras y se expanden. “La lengua fue siempre compañera del Imperio”, escribió Nebrija en 1492. No se refería al incipiente Imperio Español sino al Romano. El latín acabó con cientos o miles de lenguas indígenas dentro de los límites del Imperio. De las primitivas lenguas ibéricas solo subsistió el vascuence (que ahora llaman euskera); nadie sabe por qué.

El latín se desmembró conforme se fue disolviendo el Imperio. De ese bajo latín se derivaron lentamente las lenguas romances, desde el rumano al portugués. En Hispania el último romance en aparecer fue el castellano, que logró arrinconar al leonés y al aragonés. La explicación está en que los castellanos surgieron como una cuña muy aguerrida que se hizo con la tarea primordial de dar fin a la Reconquista. Ese ímpetu supuso alejarse del latín más que los otros romances y adquirir muchas palabras arábigas. El castellano se convirtió en español al extenderse por una veintena de países. Solo el inglés ha conseguido una difusión más amplia gracias un doble imperio, el británico y el estadounidense. Para nosotros lo decisivo es esto: la lengua española es hoy la única en la que se pueden entender (y no entender) todos los habitantes de España y de Hispanoamérica. Se incluyen los hispanos o latinos de los Estados Unidos. El conjunto representa unos 500 millones de personas.

La cuña castellana surgió en el cuadrilátero que forman las actuales provincias de Vizcaya, Álava, La Rioja y Burgos. Es sabido que en esa zona se hablaba vascuence. Por eso se ha dicho que el primitivo castellano es realmente el latín hablado por los vascos. En efecto, tanto el vascuence como el castellano se distinguen por una fonética clara, con solo cinco vocales, y algunos sonidos fuertes (la jota, la erre doble, la che).

Una explicación para el mayor ímpetu guerrero de los castellanos y su primacía en la Reconquista es que sus instituciones se alejaron del feudalismo. Se consiguió así una relativa igualdad entre la población hidalga. Sus reyes no se coronaron nunca, sino que juraban los fueros o leyes fundamentales. Todavía sigue vigente esa tradición en la Monarquía española.

Lo que hoy nos concierne es la paradoja de que dentro de España algunos nacionalistas de otras lenguas intenten que el castellano pierda vigencia en sus respectivas regiones, cuando la gana por ahí fuera. No es solo que aumente el número de castellanohablantes en el mundo; lo fundamental es que se expande el núcleo de los que lo aprenden sin tenerlo como lengua materna. La simplicidad fonética (otra vez las cinco vocales) hace que los estudiantes progresen de forma satisfactoria, por lo menos para un nivel elemental. Al revés, a los castellanoparlantes les cuesta mucho aprender otras lenguas con más vocales, que son casi todas las dominantes en el mundo.

Ya se ha dicho muchas veces, pero habrá que insistir. Las lenguas no son propias de comunidades políticas, de territorios, sino de sus hablantes. Si se reconociera ese principio elemental nos evitaríamos muchas luchas lingüísticas, que suelen ser muy enconadas. De ahí que no convenga declarar oficial una lengua en un territorio, como tampoco debe hacerse con una religión. Claro que lo que yo diga no va a misa.

  • Referencias bibliográficas:

libertaddigital.com

muyinteresante.es

Amando de Miguel

  • Imágenes:

lachachara.org

yjrivas.files.wordpress.com

elespanol.com

Hijos del Rayo: Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania. Recensión de la Obra

Introducción

La obra cuya recensión nos ocupa, que lleva por título Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania es un estudio detallado de esa Hispania prerromana tan apasionante como desconocida, no sólo para el gran público, sino, incluso, hasta para la Historiografía misma, que durante muchísimos llegó a obviar una etapa determinante en la evolución de esa futura romanización que, más tarde o más temprano, alcanzaría todos los rincones de la Península Ibérica y que, a buen seguro, habría seguido un itinere muy diferente sin aquellos precedentes.

Si se me permite, considero interesante hacer una pequeña reseña biográfica de su autor, antes de introducirnos de lleno en el tema motivo de este trabajo.

Manuel Bendala Galán, natural de Cádiz, es Catedrático de Arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid. En su Facultad de Filosofía y Letras ocupó el cargo de Decano, desde Marzo de 1992 hasta Febrero de 1995. En sus últimos años en activo, previos a su jubilación en el año 2010, el Profesor Bendala Galán fue responsable creativo y director del Máster en Arqueología y Patrimonio durante tres años. Como docente e investigador, Don Manuel ha recibido numerosos títulos y distinciones, entre los que destacan los siguientes:

  • Miembro del Instituto Arqueológico Alemán, desde 1978
  • Académico de la Academia Sevillana de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, desde 1979
  • Académico de número de la Real Academia de Doctores desde 2003
  • Patrono del Museo Arqueológico Nacional, y miembro, durante tres años, de su Comisión Permanente
  • Patrono de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos
  • Patrono de la Fundación de Estudios Romanos
  • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Huelva en 2014

De su amplia bibliografía podemos destacar estos otros trabajos del autor de “Los Hijos del Rayo”:

Pasemos, pues, tras este breve apunte biográfico, a la recensión de la obra.

Recensión

  • Sinopsis

Tomando como referencia los  textos de numerosos autores de las fuentes clásicas romanas, las únicas que se conservan, el Profesor Bendala Galán nos describe el escenario peninsular previo a la llegada del Imperio Bárquida, su desembarco en nuestra costa mediterránea y cómo, gracias a su implantación plena, Hispania va a ir evolucionando hasta convertirse en una potencia mediterránea que haría tambalear los cimientos de la todopoderosa Roma.

  • Contenido de la obra y cuestiones destacadas

A lo largo de sus 376 páginas, Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania se articula en seis bloques o capítulos, cada uno de ellos convenientemente reseñado con numerosas anotaciones a pie de página. Los recursos gráficos y visuales, en forma de mapas y fotografías son, igualmente, abundantes, y el autor ha consultado una extensísima bibliografía que se nos ofrece en sus páginas finales.

El capítulo I, como su propio título indica, nos ofrece un sesgo historiográfico del pueblo púnico que, lamentablemente, se ha mantenido a lo largo de los siglos de nuestra historia y que lo presentaba como una auténtica epidemia a la altura de aquella Peste que asolaría la Europa Medieval.

El siguiente capítulo, el II, corresponde a la crónica política y militar. Se describe los enfrentamientos entre ambas potencias, Cartago y Roma, Roma y Cartago, que se enzarzaron en las famosas Guerras Púnicas, haciendo de Hispania y del Mediterráneo un auténtico tablero de ajedrez. Conoceremos a sus personajes, Amílcar, sus hijos, Asdrúbal, Aníbal, Magón, los leones que buscarán la ruina de Roma. Enfrente, Publio Cornelio Escipión, dos concepciones distintas nacidas de una misma formación, la helenística, de impronta sin igual. En el trasfondo, las cuestiones territoriales, Cerdeña, Sicilia, Sagunto, todo un Casus Belli para una contienda de proporciones épicas y que, a día de hoy, se sigue estudiando con profusión en las academias militares más prestigiosas del mundo.

En el capítulo III, el Profesor Bendala nos hace una descripción del escenario hispano peninsular antes de la llegada de los Barca, planteándose la pregunta de los posibles vínculos entre Cartago e Hispania en fechas anteriores al desembarco cartaginés. Cartago fue fundada por navegantes fenicios, de Tiro, un pueblo tan viajero como comerciante. Imbuidos de ese mismo espíritu, las incursiones cartaginesas por todo el Mediterráneo fueron numerosas, Ibiza, Cerdeña, Sicilia, antes de que los Barca pusieran sus pies en la Península Ibérica, que ya contaba con numerosas colonias, fenicias y griegas, y con una presencia púnica y norteafricana nada desdeñable. Los Barca refundarían algunos de esos emplazamientos, en un proceso de expansión en el que el papel de Ibusim, Ibiza, resulta fundamental considerar y revisar.

Los Barca tenían en mente un gran proyecto político para Hispania, que no era otro que el de convertirla en una potencia independiente de Cartago y de subyugar a Roma en la pugna por el control del Mediterráneo, tal y como se describe en el capítulo IV. Como hemos apuntado, refundaron antiguos enclaves y levantaron otros nuevos, siguiendo una política de tinte helenístico, tal era la admiración que profesaba por Alejandro el Grande. Los Barca se sentían reyes hispanos, llegando a desposarse con princesas autóctonas, caso de Imilce, que casará con Aníbal. La identificación de Aníbal con el pueblo y la admiración que éste sentía por su rey, no tiene parangón, incluso en las peores circunstancias lucharon por él hasta la muerte, asimilando e interiorizando profundamente el concepto de fides, de devotio, una admiración de tinte cuasi divino, que la producción monetal y las necrópolis se encargaron de atestiguar. La ingeniería militar convertía casi en imbatibles a las tropas cartaginesas, en las que tanto los guerreros hispanos como los elefantes se emplazaban en la vanguardia de sus ejércitos.

Es el capítulo V el de las fundaciones y refundaciones, y de los problemas que plantean, de ubicación, básicamente, como ocurre con Ákra Leuké, que podría corresponder a Carmo, actual Carmona, en Sevilla, como posible refuerzo de la Baja Andalucía. La importancia estratégica de Qart Hadasht, bastión natural, sin parangón en toda Hispania, ciudad tocada por los dioses, a los que se veneraba en los diferentes templos erigidos sobre sus colinas.

Y de la organización territorial bárquida, dividida en tres áreas de influencia, Baja y Alta Andalucía y Levante, sabiendo sacar estos reyes púnicos partido de todos los recursos naturales, agropecuarios, pesqueros, metalúrgicos, comerciando con ellos, y aprovechando las nuevas vías de comunicación que los ríos navegables, como el Guadalquivir, les ofrecían. Sus torres de vigilancia mantenían el control de las fronteras, haciendo uso del fuego para advertir de los peligros inmediatos.

Se presta especial atención a la producción monetal, pues es la Numismática, junto con la Epigrafía, un recurso arqueológico fundamental.

Finalmente, en el capítulo VI y último de la obra, Bendala Galán desmitifica lo que se ha venido en llamar “romanización”, un proceso que ha sido, a menudo, presentado como abrupto y traumático, cuando la realidad es bien distinta. La transición entre la Hispania Púnica y la Hispania Romana discurrió de forma gradual y bajo políticas de continuidad y de asimilación del sustrato político, económico y social precedente, y no de su aniquilación. La cultura púnica sobrevivirá bajo la denominación “neopúnica” hasta el siglo IV d.C., en Numidia y en Hipona, como atestigua San Agustín en sus crónicas.

  • Aportaciones novedosas y crítica personal

Con independencia de la época en que se pretenda profundizar, se ha convertido la Arqueología en una actividad auténticamente multidisciplinar, que se nutre de diferentes especialidades y que se ve permanentemente socorrida por los avances tecnológicos, fundamentalmente electrónicos e informáticos, haciendo posible la reconstrucción de episodios históricos cuando no disponemos de fuente alguna, o es ésta parcial o incompleta. Episodios como los que en este libro se reconstruyen. El Profesor Belande pone en contraste las informaciones, algunas de ellas, vividas en persona, por los grandes historiadores latinos, Polibio, Tito Livio, Diodoro Sículo, con los recursos aportados por la Numismática, la Epigrafía, la Geografía y la Geología, la Biología, ciencias, todas, auxiliares de la Arqueología. Reforzadas, como hemos apuntado, con recursos tecnológicos.

El  autor se sirve de su acervo y de las investigaciones más recientes para ofrecernos una reconstrucción histórica que, como él mismo reconoce, habría resultado del todo imposible hasta hace, solamente, treinta años. Y ello implica haber revisado una historiografía inmovilista, anclada en el pasado y que ha dado por válida una tesis que este trabajo ha demostrado como del todo desacertada. Una actitud tan arriesgada como valiente.

En mi opinión, la gran aportación, entre otras, de Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania” es la de romper con un estereotipo de siglos para presentar a los príncipes bárquidas como verdaderos hombres de Estado. Líderes, más allá de las estrategias militares, formados en la cultura helena y con un referente común como es Alejandro el Grande. Se insiste en este extremo a lo largo de todas sus páginas, y a buen seguro que Don Manuel se habrá preguntado en más de una ocasión, como hace un servidor en este mismo momento, que habría sido de Hispania si los derroteros de sus gobernantes no se hubiesen regido por esa concepción helenística tan arraigada en la mente de los Barca.

Siendo como es una obra de divulgación, su lectura se hace amena, gracias a una prosa fluida, que consigue que parezca que estamos sumergidos, más bien, en una novela de corte histórico antes que en un trabajo de investigación. Y contando con algunos pasajes que a los profanos en la materia pueden resultar farragosos y repetitivos.

Trabajo de Grado correspondiente a la asignatura “Historia Antigua de la Península Ibérica I”, Universidad Nacional de Educación a Distancia, en el presente Curso 2016-17.

  • Imágenes:

amazon.es

Fundación Juan March

Los Fastos Romanos de Otoño: October Equus, El Caballo de Octubre

October Equus
Dios Marte y caballo embridado. Cosa, Etruria, 273-250 a. C.

El salto de cazadores a recolectores que los humanos protagonizamos durante el Neolítico trajo consigo la estabulación del ganado y la domesticación de ciertas especies, que se emplearon no sólo como fuente de alimento, sino también como valiosos ayudantes en las tareas de carga, arrastre y transporte.

En ese sentido, un animal como el caballo ha acompañado al hombre durante toda su historia, y se ha mostrado como un elemento fundamental en la expansión de pueblos e imperios a lo largo del tiempo. Pero, tal y como descubriremos a continuación, el noble cuadrúpedo estaba igualmente sometido a prácticas de sacrificio ritual.  Sigue leyendo Los Fastos Romanos de Otoño: October Equus, El Caballo de Octubre

Dispersiones en el Pleistoceno Inferior: El Estrecho de Gibraltar

El contenido que hoy os traemos es muy especial para nosotros. En primer lugar, se trata del Trabajo de Fin de Grado de nuestra compañera de carrera, Olaya G. Por otra parte, su temática a todos nos resulta apasionante, y ha ocupado, y lo sigue haciendo, una parte importante de todo lo publicado en nuestros blogs. En contra de lo que parece ocurrir con otras facetas históricas, el interés por todo lo que se relaciona con Prehistoria y Evolución Humana no ha hecho sino crecer, gracias, también, a los continuos hallazgos de los que tenemos noticias y que no dejan de sorprendernos.

La controversia sobre el tema de la dispersión humana, de cómo nuestros antepasados alcanzaron Europa para quedarse, sigue produciendo arduos debates entre los miembros de la comunidad científica. Pese a las numerosas evidencias, al respaldo de los más reputados especialistas, a los resultados idénticos de diferentes analíticas practicadas en los laboratorios de prestigiosas universidades, cuando se menta los conceptos de Dispersión Vertical y Paso del Estrecho de Gibraltar, algunos miembros de la misma se posicionan en un negacionismo que raya en la intransigencia, pero que, a su vez, en absoluto pone en entredicho algo tan complicado como navegar por el Océano Pacífico para arribar a la Isla de Flores en épocas igualmente tempranas. La razón de tal sinrazón está aún por ser explicada…

Es, pues, éste un trabajo valiente, que merece una lectura atenta y sosegada, y que seguro hará plantearse a más de un seguidor interesado en temas de la Prehistoria muchos interrogantes. Os dejamos ya con su lectura, esperando que sea de vuestro agrado y, como de costumbre, os invitamos a dejar vuestros comentarios, que tan importantes son para nosotros.

Un cordial saludo a todos.

Dispersiones en el Pleistoceno Inferior: El Estrecho de Gibraltar

El Incidente de Chernobyl (II)

Chernobyl
                                                          Zona de exclusión

“Justo al principio, se estimó que, como había zonas demasiado contaminadas, se usarían robots. Concretamente, se envió al tejado de la central un robot alemán muy perfeccionado. Pero no quiso obedecer a causa de una radioactividad que incluso perturbaba a las máquinas. Al final, el robot se dirigió al margen del tejado y se precipitó al vacío. Daba la impresión de que había querido saltar. Fue así cómo se descubrió que ni los robots ni los ordenadores podían hacer nada por nosotros”

IGOR KOSTIN, “Chernobyl: Confesiones de un reportero” 

Sigue leyendo El Incidente de Chernobyl (II)

Los que Observan las Estrellas: La Astronomía en la Antigua Babilonia

Astronomía en Babilonia
      Alegoría de la Geometría

“El Universo está escrito en lenguaje matemático, y las letras son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es humanamente imposible entender una sola palabra” (Il Saggiatore, 1623: “El Ensayista”)

Galileo Galilei, astrónomo, filósofo, ingeniero, matemático y físico italiano (1564-1642)

 

Geometría (del latín geometrĭa, éste del griego γεωμετρία de γῆ gue, ‘tierra’, y μετρία metría, ‘medida’), rama de la Matemática que se ocupa del estudio de las propiedades de las figuras en el plano o el espacio, incluyendo: puntos, rectas, planos, politopos. Los politopos incluyen paralelas, perpendiculares, curvas, superficies, polígonos, poliedros…

Bautizado como el dios romano del mismo nombre, Júpiter, el quinto planeta de nuestro Sistema Solar, el de mayor tamaño después del Sol y el más brillante de todos, dependiendo de la fase en que se encuentre, tenía encandilados a los sabios de Babilonia. Observaron el cielo con ahínco, y desarrollaron un modelo matemático que se presumía desconocido hasta el siglo XIV d.C. y con el que poder describir su movimiento, basándose en parámetros de tiempo y de velocidad. Con qué razón u objetivo parece ser que se desconoce. Es claro que las civilizaciones que nos precedieron manejaban unos conocimientos avanzadísimos para la época, que la nuestra no emplearía hasta bastantes siglos después. En el artículo de hoy, una versión de la BBC, sintetizada respecto de la original, aparecida en Science, su descubridor nos desglosa lo fundamental de su investigación.  Sigue leyendo Los que Observan las Estrellas: La Astronomía en la Antigua Babilonia

El Fragmento Molar BL-05, Primer Diente Humano Fósil Hallado en Orce

BL-05
                      Dr. D. José Gibert Clols

Hace poco más de dos años y medio saltaba a los medios especializados la noticia del hallazgo en Orce de un diente fósil perteneciente a un niño, un varón de unos diez años de edad, cuya antigüedad se estimó en 1,4 millones de años. El artículo científico que detallaba el hallazgo, presentado a la prestigiosa revista “Journal of Human Evolution” por el equipo que sigue al frente de las excavaciones en la comarca granadina, fue retirado casi de inmediato por los editores, que pidieron a sus autores que procedieran a su rectificación. ¿Por qué lo hicieron?  Sigue leyendo El Fragmento Molar BL-05, Primer Diente Humano Fósil Hallado en Orce