El Incendio de Notre Dame de París

“Deambulando por las calles, nos encontramos con la Catedral de Notre Dame. Siempre recordaré la primera impresión que me produjo su interior. La elevada bóveda de arco sobre mi cabeza y la tenue luz que penetraba las vidrieras. Todo estaba en silencio, solemne y religioso”

Bayard Taylor, poeta y diplomático estadounidense (1825 – 1878)

Hacia las siete de la tarde del día 15 de Abril, un pavoroso incendio se desató sobre la bóveda de la Catedral de Notre Dame. Las llamas, que tuvieron su origen, al parecer, en las obras de restauración del templo que se estaba llevando a cabo, consumieron la bóveda del edificio, construida en madera en su mayor parte, y provocaron el desplome del tejado del ábside y la aguja. La Fiscalía francesa ya ha iniciado una investigación. ¿Negligencia? ¿Atentado? Todas las hipótesis están abiertas, máxime cuando en los últimos meses numerosos edificios religiosos del país vecino han sido atacados y su patrimonio parcialmente destruido. Parece ser, por otra parte, que un informe del año 1991 ya alertaba del mal estado del encofrado de madera. Con independencia de las causas, que aún están por determinar, se ha conseguido salvaguardar la estructura principal, aunque dos terceras partes del techo han sucumbido al incendio. Ya se ha anunciado ayudas económicas, que llegarán tanto desde el ámbito público como desde el privado, si bien los daños que afectan a los elementos originales es irreparable. Según José Luis Corral, experto en Notre Dame, es aún demasiado pronto para conocer el alcance real del siniestro. Tan dañino como el fuego puede haber resultado el agua empleada en su extinción, absorbida por la sillería de naturaleza caliza que fue empleada en su construcción, y llevará bastante tiempo que la estructura recupere los niveles de humedad anteriores al incendio. Pero, en su opinión, la restauración completa podría llevar entre veinte y veinticinco años de trabajos. En los mismos términos se ha manifestado José Manuel Álvarez, arquitecto responsable de la Catedral de Burgos.

La historia de Nuestra Señora de París se inicia en 1163 cuando, por iniciativa episcopal, se dio comienzo a las obras de construcción sobre un templo de estructura merovingia, que finalizaron hacia 1345. La fachada, coronada por dos torres simétricas; el interior, dividido en tres naves mediante filas de columnas de fuste cilíndrico rematadas por capiteles decorados con la representación de elementos florales autóctonos. Sus naves laterales, de menor altura, se ven enlazadas por un deambulatorio con capillas radiales. La nave central, de tres pisos, cubierta por bóvedas sexpartitas. Los altares antiguos, el mobiliario litúrgico y los monumentos funerarios fueron destruidos durante los días de la Revolución Francesa, al tiempo que relieves y estatuas de la fachada sufrieron un gran deterioro. Escenas como la Dormición o Tránsito y la Coronación de la Virgen María, y el Juicio Final, se ven representadas en los tímpanos de las puertas. En el siglo XIX, los importantes trabajos de restauración dirigidos por Lassus y Violet – le Duc le dieron el aspecto que hemos conocido hasta ahora.

Notre Dame ha sido escenario de nupcias, coronaciones, funerales y hasta de suicidios. Testigo silente de varios siglos de la Historia de Europa, aunque sus mayores heridas las sufriera desde Época Contemporánea bajo la Revolución Francesa, como ya hemos comentado, y durante las dos Guerras Mundiales. Protagonista de obras de la Literatura de maestros como Víctor Hugo y de numerosas películas y documentales. Símbolo, no sólo, de la Cristiandad, sino, además, de los valores de la Cultura Occidental. Notre Dame es parte de todos nosotros.

Reseña bibliográfica:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 22, Editorial Espasa – Calpe, Madrid 1992

Noticias relacionadas:

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Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (I)

“… Ha caído la noche y los bárbaros no han venido… Y entonces ahora, ¿qué va a pasar con nosotros sin los bárbaros? Al menos esa gente era una cierta solución”

Cavafis, “Esperando a los Bárbaros”

Bárbaros y Romanos en Hispania [400 – 507 A.D.]” es una obra del Profesor Javier Arce Martínez publicada por vez primera en el año 2015 por la editorial Marcial Pons Historia. A lo largo de sus más de trescientas páginas, el autor hace un exhaustivo recorrido por un siglo tan determinante para la Historia de España como lo fue el siglo V d.C. 

Javier Arce Martínez (1945) es un historiador y arqueólogo español muy reconocido en el entorno académico, tanto nacional como internacional. Ejerce su tarea docente e investigadora en instituciones tan prestigiosas como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde trabaja como Profesor de Investigación, habiendo dirigido la Escuela Española de Historia y Arqueología a él adscrita en Roma, y la Universidad de Lille, en Francia, donde imparte sus enseñanzas como Profesor de Arqueología Romana. Así mismo, ha coordinado junto con I. Wood y E. Chrysos el programa científico de la European Science Foundation “The Transformation of the Roman World”. Colaborador en numerosas publicaciones, es autor de una veintena de obras entre las que destacan “Funus Imperatorum: Los Funerales de los Emperadores Romanos” (1990), “El último Siglo de la Hispania Romana” (2009), “Esperando a los Árabes: Los Visigodos en Hispania (507-711)” (2013) o ésta que nos ocupa, motivo del presente trabajo, “Bárbaros y Romanos en Hispania 400-507 A.D” (2007). Sigue leyendo Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (I)

Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (II)

Bárbaros y Romanos
                                                           Agustín de Hipona

Como en épocas anteriores, el siglo V fue un periodo de inseguridad, sobre todo, en el entorno rural, donde ladrones y salteadores de caminos campaban a sus anchas. Así se refleja en las referencias que Consencio hace a los bárbaros que roban libros en su carta a Agustín de Hipona, y en los textos de Hidacio en los que menciona la presencia de piratas norteuropeos en el Cantábrico y trata la cuestión de la bacaudae, la bagauda. A lo que habría que sumar los episodios recurrentes de resistencia local frente al poder romano y la presencia goda.

Sigue leyendo Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (II)

150 Años del Descubrimiento de la Cueva de Altamira

Sautuola
                                                       Bisonte de Altamira

Con motivo del descubrimiento de la Cueva de Altamira hace ya siglo y medio, en la localidad cántabra de Santilla del Mar, la plataforma Google Arts & Culture, en colaboración con el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, se ha descolgado con la publicación de una exposición digital y de un doodle para conmemorar tan importante aniversario.

Si bien sus descubridores, D. Marcelino Sanz de Sautuola y su hija María, ya la conocían desde 1868, no sería hasta 1875 cuando la niña accedió, por vez primera, a la sala que exhibe las magníficas representaciones que todos conocemos, en las que la pequeña creyó ver bueyes, y así se lo hizo saber a su padre.

Sin embargo, el hallazgo de la Capilla Sixtina del Arte Prehistórico, como ha sido denominada desde entonces, se tornó en un calvario para D. Marcelino, quien tuvo que soportar las críticas y el desprecio de una comunidad científica – francesa, especialmente – que, como en otras tantas ocasiones, en absoluto se hallaba preparada para aceptar una revelación tal. El valor de sus pinturas y el trabajo de D. Marcelino no serían reconocidos hasta muchos años después.

Sautuola
                                 Padre e hija en unas fotografías de la época

Puesto que sólo un reducido número de visitantes al año puede visitar la cavidad original, a fin de evitar su rápido deterioro y garantizar su conservación, para facilitar el acceso masivo del público interesado en conocer esta joya de nuestro patrimonio cultural se construyó la llamada Neocueva, una réplica exacta de la primera. Inagurada en 2001, su contemplación resulta igualmente toda una experiencia, como tuvimos ocasión de comprobar en un viaje por tierras cántabras. Visita que recomendamos encarecidamente a todos aquellos que aún no la conozcan.

 

Imágenes:

Varego

Varego.  Del Nórdico antiguo Væringjar, en Griego Βάραγγοι, Βαριάγοι, Varangoi, Variagoi, en Ruso y Ucraniano Варяги, Varyagui/Varyahy, en Árabe varank.

Los varegos, también llamados varangios, varengos o varyágs, eran vikingos que, desde Suecia, recorrieron las vías marítimas y fluviales hacia el Este y Sur, cruzando las tierras de las actuales Bielorrusia, Rusia y Ucrania, entre los siglos IX y X.

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                                                      La Guardia Varega

Consiguieron introducirse en el ámbito bizantino, llegando a formar parte de los soldados que velaban por la seguridad de la Corte del Imperio Romano de Oriente, en la que jugaron un papel fundamental entre los siglos X y XIV. Los varegos, como hemos comentado, eran de origen escandinavo, gente intrépida y guerrera. Fue tal la fidelidad que mostraron hasta la muerte misma en numerosas ocasiones lo que les hizo ganarse una confianza que los propios súbditos bizantinos no disfrutarían.

La Guardia varega se constituye bajo el emperador Basilio II, apodado ‘asesino de búlgaros’, cuando Vladimir I de Kiev le envía en el año 988 un contingente de 6.000 hombres del Norte tras los acuerdos con él alcanzados. Su papel no se circunscribía sólo a la Corte, pues tomaban parte en el campo de batalla, también, si las circunstancias así lo requerían. A finales del siglo XIII, los varegos habían sido étnicamente asimilados por los bizantinos, aunque muchos de sus ciudadanos siguieron identificándose como varegos hasta bien entrado el siglo XIV.

Referencias bibliográficas e imagen:

Titanic, un Viaje sin Retorno y el Inicio del Fin de una Epoca

Los hombres más arrogantes son los que generalmente están equivocados, otorgan toda la pasión a sus puntos de vista sin una apropiada reflexión

David Hume, 1711 – 1776, Filósofo e Historiador

Titanic
                                El trasatlántico más grande del mundo

En la línea de recuperar artículos que habíamos elaborado para proyectos anteriores a Los Portadores de la Antorcha y que no habíamos publicado en nuestro portal actual, es turno hoy para una pequeña reflexión en el 106 aniversario del hundimiento del mayor y más lujoso trasatlántico hasta entonces diseñado, un coloso construido en los astilleros que la compañía irlandesa Harland & Wolff regentaba en Belfast, el Titanic, cuyos restos reposan desde entonces en el fondo del Océano Atlántico sin haber podido completar su viaje inagural. El buque era propiedad de la naviera británica White Star Line, fundada en 1870.

Titanic
                                          Hélices de propulsión

La de este navío es una historia tan conocida como recurrente, una historia a la que la hemeroteca apunta como un suceso único y extraordinario, ocurrido entre la noche del 14 y la madrugada del día 15 de Abril de 1912. A principios del siglo XX no se disponía de información periodística en tiempo real, tal y como ahora disfrutamos gracias a las bondades de Internet, pero, por más que rebusquemos y dado el reducido número de horas que bastó para que se consumara el naufragio, todo lo relacionado con la fatídica fecha apunta invariablemente a esta catástrofe, como si el mundo entero se hubiera detenido aquella noche.

Titanic
Logotipo de la compañía propietaria del Titanic

Entre las diez horas y veinticinco minutos, cuando se produjo la colisión con el iceberg, y las dos, dos y media de la madrugada, en que se hundiría para siempre en las gélidas aguas del Atlántico Norte, tal y como mostraron los relojes, sin movimiento ya, de algunos de los fallecidos cuyos cuerpos se pudieron recuperar, mil quinientas tres personas de las dos mil doscientas cinco que se encontraban a bordo perdieron la vida, a unos novecientos kilómetros al Sur de Terranova.

Titanic
                                          Billete de tercera clase

El desastre no fue sino la consecuencia directa de una alocada carrera entre alemanes y británicos. Una rivalidad que, por incomprensible que parezca, no tenía como objetivo primordial la seguridad de las naves, muchos menos la del pasaje, sino el lujo y la ostentación desenfrenados y, sobre todo, el ansia de batir una y otra vez nuevos récords de tiempo en la duración de la travesía desde Europa hasta Nueva York y viceversa. Los medios de salvamento eran a todas luces insuficientes y el diseño del casco, pese a contar con numerosos compartimentos estancos, no contemplaba que más de cuatro de ellos se pudieran anegar. Tal fue la brecha por la violencia del impacto que el agua llegó a inundar seis compartimentos. Y es que no todos los remaches empleados para ensamblar las gigantescas planchas de acero presentaban la misma calidad, muchos de ellos reventaron tras el choque. El trasatlántico estaba condenado y sería sólo cuestión de horas que fuera engullido por el mar.

Titanic
                                           En el centro, el capitán, Edward Smith

Como suele ocurrir en estos casos, hasta que no se produce un número considerable de víctimas mortales, los correspondientes organismos internacionales implicados no se ponen a trabajar. Desde ese momento en adelante, cada proyecto de construcción naval y las medidas de seguridad correspondientes serían analizados meticulosamente. Las potencias marítimas reunidas aprobaron el Convenio de Seguridad de la Vida Humana en el Mar, que fue ratificado en Londres en 1914, justo tras el hundimiento del Titanic. Su cuarta revisión, la de 1974, es la que permanece vigente en la actualidad.

Titanic
                                     Hacia su destino

Desde este enlace, “El Naufragio del Titanic y Sus Enseñanzas”, Revista Vida Marítima, 30 de Mayo de 1912, podéis descargar el ejemplar número 375 de la revista homónima, publicación que se encuentra en los archivos de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, en el que se analiza, de manera muy acertada, las causas de la catástrofe, se ofrece, entre otras informaciones, el testimonio del ayudante de telegrafía de la nave, y se extrae, finalmente, una serie de conclusiones que demuestran que el desastre se habría evitado de haber empleado un poco más de sentido común, y no sólo la legislación de la época en materia de Arquitectura e Ingeniería Navales.

En nuestra opinión, el naufragio del Titanic no sólo supuso cuantiosas pérdidas humanas y materiales, más por arrogancia que por exceso de confianza, incluso, sino que marcó, de manera tan trágica como visual, el principio del fin de un Imperio, el Británico, que tras cien años de predominio en el mundo – entre 1815 y 1914 – empezaría a desmoronarse en las décadas posteriores por el proceso de  descolonización, al tiempo que tan solo tres meses después de su hundimiento Europa se desangraba ya en una larga y cruenta Primera Guerra Mundial.

 

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Archivo Fotográfico del Daily Mirror

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Wikipedia en Español

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Palimpsesto

Palimpsesto. Del Latín palimpsestus, y éste, a su vez, del Griego παλίμψηστος palímpsēstos. De pálin, nuevamente, y de psáos, borrar.

Palimpsesto
                     Codex Nitriensis, copiado en el siglo IX por el monje Simeón

En Paleografía se conoce por palimpsesto a todo antiguo manuscrito que evidencia las huellas de una escritura anterior que han sido borradas de modo artificial. Esta práctica no se aplicaba al pergamino, exclusivamente, también las tablillas eran reutilizadas de igual manera, y demuestra cuán escasos y apreciados eran estos soportes de escritura.

Como ejemplos, encontramos el Palimpsesto de Arquímedes, un compendio de obras del gran físico y matemático, y de otros autores, que fue sobreescrito para plasmar sobre él los salmos y oraciones de un convento.

Palimpsesto                   Palimpsesto de Arquímedes, antes y después de su restauración

De época visigoda, el Código de Eurico, la primera compilación de leyes propias a imitación de las romanas y que permitió dar el salto de la costumbre a la ley escrita, tal y como Isidoro de Sevilla narra en sus crónicas, ha podido ser reconstruido gracias a los extractos de los nueve folios que componen el Palimpsesto de París, descubierto en la abadía benedictina de Saint Germain des Prés y conservado en la Biblioteca Nacional de París, y al trabajo de Álvaro d’Ors y Pérez-Peix, jurista y uno de los mejores romanistas que ha dado el siglo XX.

Sobre el Palimpsesto del Codex Nitriensis, fotografía de cabecera, observamos que el texto visible en horizontal, ‘scriptio superior’, es una copia en Siríaco de un tratado de Severo de Antioquía, mientras que en el texto vertical, más borroso, apreciamos la ‘scriptio inferior’, que en este volumen corresponde a copias del de la Ilíada, de los Elementos de Euclides y del Evangelio de Lucas, datadas en el siglo V d.C.

 

Bibliografía e Imágenes:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 22, Editorial Espasa Calpe, S.A., Madrid 1992

 

Hesperia

Hesperia. Del Latín Hesperĭus, y éste, del Griego ῾Εσπέριος, Hespérios.

Hesperia es uno de los nombres por los que se conoció a la Península Ibérica, más bien, a una parte de ella, antes que por el latinizado Hispania, al encontrarse aquélla al Oeste del mundo que los griegos conocían, en el Extremo Occidente.

Hesperia
                      Venus orbitando

Hesperia hace referencia al planeta Venus, que ellos llamaban Héspero o Véspero, que podía ser observado en dirección Oeste y durante la puesta de Sol si las condiciones meteorológicas eran propicias. Como Hesperia, bautizaron, también, a la Península Itálica.

Hesperia
                Desplazamiento de Venus sobre la vertical de la Península Ibérica

Iberia, Hesperia, Hispania, términos todos que son prueba de la gran importancia, geoestratégica, sociocultural y comercial de la Península Ibérica en el Mundo Antiguo.

 

Referencias bibliográficas e imágenes:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 16, Editorial Espasa – Calpe, Madrid 1992
  • BRAVO, Gonzalo, “Nueva Historia de la España Antigua”, Alianza Editorial, Madrid 2011
  • 2.bp.blogspot.com
  • es.wikipedia.org

 

Goya y los Levantamientos de Mayo de 1808

Goya y el Dos de Mayo
    El Levantamiento del Dos de Mayo en Madrid o La Lucha con los Mamelucos

Dos de las mejores obras de Francisco de Goya y Lucientes, “El Levantamiento del Dos de Mayo de 1808“, y “Los Fusilamientos del Tres de Mayo de 1808“, comparten una misma temática, la de la insurrección de un pueblo, el español, subyugado por un monarca despótico, primeramente, por el invasor francés, más tarde, y las consecuencias más inmediatas que resultarían de todo ello.

Pintadas en 1814, en un intento, quizás, de congraciarse con Fernando VII, ambas obras ilustran el inicio y la deriva de la primera guerra fallida de todas en las que Napoleón Bonaparte se embarcaría por razón de sus ansias expansionistas.

Aquel Dos de Mayo, los habitantes de Madrid tomaron las calles de la ciudad. Pertrechados con estacas y cuchillos, se enfrentaron a las tropas invasoras, a su artillería y a la caballería mameluca de Joachim Murat, noble y militar francés, cuñado de Napoleón, bajo las que caerían masacrados en la misma Puerta del Sol. De madrugada, en las primeras horas del Día Tres, el pelotón de fusilamiento apostado en la montaña de Príncipe Pío completaría la matanza.

En “El Levantamiento del Dos de Mayo de 1808”, Goya procedió a localizar los acontecimientos con el máximo esmero. Es a los pies del edificio de Correos donde transcurre la acción, donde el espectador se convierte en “testigo ocular” de la matanza. En “Los Fusilamientos del Tres de Mayo de 1808”, el maestro pone de manifiesto, de manera eficaz, las contradicciones de la ideología de Bonaparte.

La exposición que hace de las ejecuciones ordenadas por Murat es la otra cara de la moneda de la iconografía davidiana, la brutal y triste realidad que el lustre imperial pretendería difuminar. Y es que, como si de un historiador de la perversidad se tratara, J.L. David dedicaría su obra a la exaltación y a la promoción del poder del Estado Revolucionario Francés. El empeño mostrado por David en poner su talento al servicio del Imperio y la glorificación de una figura, la de Napoleón, que había cernido la guerra sobre Europa, le granjearían no pocas críticas.

Goya y el Tres de Mayo
                                    Los Fusilamientos del Tres de Mayo en Madrid

En “Los Fusilamientos del Tres de Mayo de 1808”, el pintor español logra un ejercicio de composición que resulta tan magistral como dramático. Vemos a los ejecutores dispuestos de perfil, de manera casi anónima, sin mostrar la fisonomía de sus rostros. Frente a ellos, los ajusticiados, que conforman tres grupos. Los que ya han sido fusilados, que yacen inermes sobre charcos de sangre. Los que están a punto de serlo, que representan el grupo más emotivo, realzado por el uso que el maestro Goya hace, sobre todo, de la luz y de la disposición de los personajes. Al fondo, una larga hilera de prisioneros, que espera su turno para enfrentarse indefectiblemente a la muerte, que allí mismo les aguarda.

Y es que la mayor muestra de la resistencia española se produjo a nivel local, por parte del clero y del campesinado. Si bien las Juntas intentarían organizar a los rebeldes, fueron las guerrillas las encargadas de hostigar a los franceses por toda la Península. Una guerra desigual, que acercaría al maestro a la figura de cronista, de reportero de guerra, como decimos ahora, más que a la de historiador. Una guerra que él retrataría, de manera exhaustiva, en la colección de aguafuertes denominada “Los Desastres de la Guerra“, compuesta por tres grupos principales.

Goya, Los Desastres de la Guerra
                                             Desastre Número 44, “Yo, lo vi”

Los dos primeros grupos pertenecen a época napoleónica, con la guerra y la hambruna como protagonistas. El tercero se recrea en el anticlericalismo de los “capuchos“, y pertenece al periodo de la Restauración reaccionaria.

La posición del testigo que contempla tales grabados ha dado lugar a dos interpretaciones contrapuestas. La primera de ellas se fundamenta en lo que Goya había escrito al pie del Desastre número 44, “Yo, lo vi” para asegurar que él mismo lo había visto, lo que le habría permitido elaborar todo un imaginario de la guerra.

La segunda interpretación sostiene que Goya no lo vio, otros instantes del conflicto, si, pero no los que estos grabados nos ofrecen. Para sus partidarios, son la creación personal desde unos acontecimientos que Don Francisco habría tomado como punto de partida. Un testigo, Goya, tan cerca de lo que realmente ocurrió como tan lejos, tan discutible como exento de toda sombra de duda.

Goya y los Levantamientos de Mayo de 1808
          Francisco de Goya y Lucientes (1746 – 1828)

Bibliografía:

Este artículo se ha elaborado a partir de los propios apuntes de su autor, extraídos del epígrafe “En el Primer Imaginario de la Guerra”, perteneciente al capítulo primero de la obra “Los Discursos del Arte Contemporáneo”, de Yayo Aznar Almazán, Miguel Ángel García Hernández y Constanza Nieto Yusta, Editorial Ramón Areces, Madrid 2011   

Hijos del Rayo: Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania. Recensión de la Obra

Introducción

La obra cuya recensión nos ocupa, que lleva por título Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania es un estudio detallado de esa Hispania prerromana tan apasionante como desconocida, no sólo para el gran público, sino, incluso, hasta para la Historiografía misma, que durante muchísimos llegó a obviar una etapa determinante en la evolución de esa futura romanización que, más tarde o más temprano, alcanzaría todos los rincones de la Península Ibérica y que, a buen seguro, habría seguido un itinere muy diferente sin aquellos precedentes.

Si se me permite, considero interesante hacer una pequeña reseña biográfica de su autor, antes de introducirnos de lleno en el tema motivo de este trabajo.

Manuel Bendala Galán, natural de Cádiz, es Catedrático de Arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid. En su Facultad de Filosofía y Letras ocupó el cargo de Decano, desde Marzo de 1992 hasta Febrero de 1995. En sus últimos años en activo, previos a su jubilación en el año 2010, el Profesor Bendala Galán fue responsable creativo y director del Máster en Arqueología y Patrimonio durante tres años. Como docente e investigador, Don Manuel ha recibido numerosos títulos y distinciones, entre los que destacan los siguientes:

  • Miembro del Instituto Arqueológico Alemán, desde 1978
  • Académico de la Academia Sevillana de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, desde 1979
  • Académico de número de la Real Academia de Doctores desde 2003
  • Patrono del Museo Arqueológico Nacional, y miembro, durante tres años, de su Comisión Permanente
  • Patrono de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos
  • Patrono de la Fundación de Estudios Romanos
  • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Huelva en 2014

De su amplia bibliografía podemos destacar estos otros trabajos del autor de “Los Hijos del Rayo”:

Pasemos, pues, tras este breve apunte biográfico, a la recensión de la obra.

Recensión

  • Sinopsis

Tomando como referencia los  textos de numerosos autores de las fuentes clásicas romanas, las únicas que se conservan, el Profesor Bendala Galán nos describe el escenario peninsular previo a la llegada del Imperio Bárquida, su desembarco en nuestra costa mediterránea y cómo, gracias a su implantación plena, Hispania va a ir evolucionando hasta convertirse en una potencia mediterránea que haría tambalear los cimientos de la todopoderosa Roma.

  • Contenido de la obra y cuestiones destacadas

A lo largo de sus 376 páginas, Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania se articula en seis bloques o capítulos, cada uno de ellos convenientemente reseñado con numerosas anotaciones a pie de página. Los recursos gráficos y visuales, en forma de mapas y fotografías son, igualmente, abundantes, y el autor ha consultado una extensísima bibliografía que se nos ofrece en sus páginas finales.

El capítulo I, como su propio título indica, nos ofrece un sesgo historiográfico del pueblo púnico que, lamentablemente, se ha mantenido a lo largo de los siglos de nuestra historia y que lo presentaba como una auténtica epidemia a la altura de aquella Peste que asolaría la Europa Medieval.

El siguiente capítulo, el II, corresponde a la crónica política y militar. Se describe los enfrentamientos entre ambas potencias, Cartago y Roma, Roma y Cartago, que se enzarzaron en las famosas Guerras Púnicas, haciendo de Hispania y del Mediterráneo un auténtico tablero de ajedrez. Conoceremos a sus personajes, Amílcar, sus hijos, Asdrúbal, Aníbal, Magón, los leones que buscarán la ruina de Roma. Enfrente, Publio Cornelio Escipión, dos concepciones distintas nacidas de una misma formación, la helenística, de impronta sin igual. En el trasfondo, las cuestiones territoriales, Cerdeña, Sicilia, Sagunto, todo un Casus Belli para una contienda de proporciones épicas y que, a día de hoy, se sigue estudiando con profusión en las academias militares más prestigiosas del mundo.

En el capítulo III, el Profesor Bendala nos hace una descripción del escenario hispano peninsular antes de la llegada de los Barca, planteándose la pregunta de los posibles vínculos entre Cartago e Hispania en fechas anteriores al desembarco cartaginés. Cartago fue fundada por navegantes fenicios, de Tiro, un pueblo tan viajero como comerciante. Imbuidos de ese mismo espíritu, las incursiones cartaginesas por todo el Mediterráneo fueron numerosas, Ibiza, Cerdeña, Sicilia, antes de que los Barca pusieran sus pies en la Península Ibérica, que ya contaba con numerosas colonias, fenicias y griegas, y con una presencia púnica y norteafricana nada desdeñable. Los Barca refundarían algunos de esos emplazamientos, en un proceso de expansión en el que el papel de Ibusim, Ibiza, resulta fundamental considerar y revisar.

Los Barca tenían en mente un gran proyecto político para Hispania, que no era otro que el de convertirla en una potencia independiente de Cartago y de subyugar a Roma en la pugna por el control del Mediterráneo, tal y como se describe en el capítulo IV. Como hemos apuntado, refundaron antiguos enclaves y levantaron otros nuevos, siguiendo una política de tinte helenístico, tal era la admiración que profesaba por Alejandro el Grande. Los Barca se sentían reyes hispanos, llegando a desposarse con princesas autóctonas, caso de Imilce, que casará con Aníbal. La identificación de Aníbal con el pueblo y la admiración que éste sentía por su rey, no tiene parangón, incluso en las peores circunstancias lucharon por él hasta la muerte, asimilando e interiorizando profundamente el concepto de fides, de devotio, una admiración de tinte cuasi divino, que la producción monetal y las necrópolis se encargaron de atestiguar. La ingeniería militar convertía casi en imbatibles a las tropas cartaginesas, en las que tanto los guerreros hispanos como los elefantes se emplazaban en la vanguardia de sus ejércitos.

Es el capítulo V el de las fundaciones y refundaciones, y de los problemas que plantean, de ubicación, básicamente, como ocurre con Ákra Leuké, que podría corresponder a Carmo, actual Carmona, en Sevilla, como posible refuerzo de la Baja Andalucía. La importancia estratégica de Qart Hadasht, bastión natural, sin parangón en toda Hispania, ciudad tocada por los dioses, a los que se veneraba en los diferentes templos erigidos sobre sus colinas.

Y de la organización territorial bárquida, dividida en tres áreas de influencia, Baja y Alta Andalucía y Levante, sabiendo sacar estos reyes púnicos partido de todos los recursos naturales, agropecuarios, pesqueros, metalúrgicos, comerciando con ellos, y aprovechando las nuevas vías de comunicación que los ríos navegables, como el Guadalquivir, les ofrecían. Sus torres de vigilancia mantenían el control de las fronteras, haciendo uso del fuego para advertir de los peligros inmediatos.

Se presta especial atención a la producción monetal, pues es la Numismática, junto con la Epigrafía, un recurso arqueológico fundamental.

Finalmente, en el capítulo VI y último de la obra, Bendala Galán desmitifica lo que se ha venido en llamar “romanización”, un proceso que ha sido, a menudo, presentado como abrupto y traumático, cuando la realidad es bien distinta. La transición entre la Hispania Púnica y la Hispania Romana discurrió de forma gradual y bajo políticas de continuidad y de asimilación del sustrato político, económico y social precedente, y no de su aniquilación. La cultura púnica sobrevivirá bajo la denominación “neopúnica” hasta el siglo IV d.C., en Numidia y en Hipona, como atestigua San Agustín en sus crónicas.

  • Aportaciones novedosas y crítica personal

Con independencia de la época en que se pretenda profundizar, se ha convertido la Arqueología en una actividad auténticamente multidisciplinar, que se nutre de diferentes especialidades y que se ve permanentemente socorrida por los avances tecnológicos, fundamentalmente electrónicos e informáticos, haciendo posible la reconstrucción de episodios históricos cuando no disponemos de fuente alguna, o es ésta parcial o incompleta. Episodios como los que en este libro se reconstruyen. El Profesor Belande pone en contraste las informaciones, algunas de ellas, vividas en persona, por los grandes historiadores latinos, Polibio, Tito Livio, Diodoro Sículo, con los recursos aportados por la Numismática, la Epigrafía, la Geografía y la Geología, la Biología, ciencias, todas, auxiliares de la Arqueología. Reforzadas, como hemos apuntado, con recursos tecnológicos.

El  autor se sirve de su acervo y de las investigaciones más recientes para ofrecernos una reconstrucción histórica que, como él mismo reconoce, habría resultado del todo imposible hasta hace, solamente, treinta años. Y ello implica haber revisado una historiografía inmovilista, anclada en el pasado y que ha dado por válida una tesis que este trabajo ha demostrado como del todo desacertada. Una actitud tan arriesgada como valiente.

En mi opinión, la gran aportación, entre otras, de Hijos del Rayo. Los Barca y el Dominio Cartaginés en Hispania” es la de romper con un estereotipo de siglos para presentar a los príncipes bárquidas como verdaderos hombres de Estado. Líderes, más allá de las estrategias militares, formados en la cultura helena y con un referente común como es Alejandro el Grande. Se insiste en este extremo a lo largo de todas sus páginas, y a buen seguro que Don Manuel se habrá preguntado en más de una ocasión, como hace un servidor en este mismo momento, que habría sido de Hispania si los derroteros de sus gobernantes no se hubiesen regido por esa concepción helenística tan arraigada en la mente de los Barca.

Siendo como es una obra de divulgación, su lectura se hace amena, gracias a una prosa fluida, que consigue que parezca que estamos sumergidos, más bien, en una novela de corte histórico antes que en un trabajo de investigación. Y contando con algunos pasajes que a los profanos en la materia pueden resultar farragosos y repetitivos.

Trabajo de Grado correspondiente a la asignatura “Historia Antigua de la Península Ibérica I”, Universidad Nacional de Educación a Distancia, en el presente Curso 2016-17.

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