150 Años del Descubrimiento de la Cueva de Altamira

Sautuola
                                                       Bisonte de Altamira

Con motivo del descubrimiento de la Cueva de Altamira hace ya siglo y medio, en la localidad cántabra de Santilla del Mar, la plataforma Google Arts & Culture, en colaboración con el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, se ha descolgado con la publicación de una exposición digital y de un doodle para conmemorar tan importante aniversario.

Si bien sus descubridores, D. Marcelino Sanz de Sautuola y su hija María, ya la conocían desde 1868, no sería hasta 1875 cuando la niña accedió, por vez primera, a la sala que exhibe las magníficas representaciones que todos conocemos, en las que la pequeña creyó ver bueyes, y así se lo hizo saber a su padre.

Sin embargo, el hallazgo de la Capilla Sixtina del Arte Prehistórico, como ha sido denominada desde entonces, se tornó en un calvario para D. Marcelino, quien tuvo que soportar las críticas y el desprecio de una comunidad científica – francesa, especialmente – que, como en otras tantas ocasiones, en absoluto se hallaba preparada para aceptar una revelación tal. El valor de sus pinturas y el trabajo de D. Marcelino no serían reconocidos hasta muchos años después.

Sautuola
                                 Padre e hija en unas fotografías de la época

Puesto que sólo un reducido número de visitantes al año puede visitar la cavidad original, a fin de evitar su rápido deterioro y garantizar su conservación, para facilitar el acceso masivo del público interesado en conocer esta joya de nuestro patrimonio cultural se construyó la llamada Neocueva, una réplica exacta de la primera. Inagurada en 2001, su contemplación resulta igualmente toda una experiencia, como tuvimos ocasión de comprobar en un viaje por tierras cántabras. Visita que recomendamos encarecidamente a todos aquellos que aún no la conozcan.

 

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Varego

Varego.  Del Nórdico antiguo Væringjar, en Griego Βάραγγοι, Βαριάγοι, Varangoi, Variagoi, en Ruso y Ucraniano Варяги, Varyagui/Varyahy, en Árabe varank.

Los varegos, también llamados varangios, varengos o varyágs, eran vikingos que, desde Suecia, recorrieron las vías marítimas y fluviales hacia el Este y Sur, cruzando las tierras de las actuales Bielorrusia, Rusia y Ucrania, entre los siglos IX y X.

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                                                      La Guardia Varega

Consiguieron introducirse en el ámbito bizantino, llegando a formar parte de los soldados que velaban por la seguridad de la Corte del Imperio Romano de Oriente, en la que jugaron un papel fundamental entre los siglos X y XIV. Los varegos, como hemos comentado, eran de origen escandinavo, gente intrépida y guerrera. Fue tal la fidelidad que mostraron hasta la muerte misma en numerosas ocasiones lo que les hizo ganarse una confianza que los propios súbditos bizantinos no disfrutarían.

La Guardia varega se constituye bajo el emperador Basilio II, apodado ‘asesino de búlgaros’, cuando Vladimir I de Kiev le envía en el año 988 un contingente de 6.000 hombres del Norte tras los acuerdos con él alcanzados. Su papel no se circunscribía sólo a la Corte, pues tomaban parte en el campo de batalla, también, si las circunstancias así lo requerían. A finales del siglo XIII, los varegos habían sido étnicamente asimilados por los bizantinos, aunque muchos de sus ciudadanos siguieron identificándose como varegos hasta bien entrado el siglo XIV.

Referencias bibliográficas e imagen:

Arqueología e Historia de Numancia

Numancia, Arqueología e Historia
                                                  Plano topográfico de Numancia

En este 2018, Año Europeo del Patrimonio Cultural, y habiendo celebrado en 2017 el 2150 Aniversario del Asedio y Caída de Numancia, se acaba de publicar un libro interactivo editado por Jose María Luzón y Mª del Carmen Alonso, con textos a cargo de Alfredo Jimeno Martínez, un trabajo de investigación histórica y arqueológica excelente en cuya confección se ha empleado las técnicas más modernas de prospección de yacimientos.

Numancia, Arqueología e Historia
Representaciones de caballos en cerámicas numantinas, según Wattenberg, 1963

La obra se compone de ocho capítulos, que ponen a la ciudad en su contexto histórico, más un prólogo, un epílogo, y un apéndice. Este último nos ofrece toda información digital con la que se ha trabajado: Georradar, Fotografía 3D, Bases de Datos, así como Bibliografía y Hemeroteca. Con la posibilidad de ser leído directamente tanto en Inglés como en Alemán. Un proyecto, en nuestra opinión, ambicioso y de resultados más que meritorios, que podéis disfrutar en este enlace:

Numancia, Arqueología e Historia

 

Imágenes:

Agradecimientos:

A nuestro amigo y seguidor Javier Martínez, por habérnoslo hecho llegar.

Titanic, un Viaje sin Retorno y el Inicio del Fin de una Epoca

Los hombres más arrogantes son los que generalmente están equivocados, otorgan toda la pasión a sus puntos de vista sin una apropiada reflexión

David Hume, 1711 – 1776, Filósofo e Historiador

Titanic
                                El trasatlántico más grande del mundo

En la línea de recuperar artículos que habíamos elaborado para proyectos anteriores a Los Portadores de la Antorcha y que no habíamos publicado en nuestro portal actual, es turno hoy para una pequeña reflexión en el 106 aniversario del hundimiento del mayor y más lujoso trasatlántico hasta entonces diseñado, un coloso construido en los astilleros que la compañía irlandesa Harland & Wolff regentaba en Belfast, el Titanic, cuyos restos reposan desde entonces en el fondo del Océano Atlántico sin haber podido completar su viaje inagural. El buque era propiedad de la naviera británica White Star Line, fundada en 1870.

Titanic
                                          Hélices de propulsión

La de este navío es una historia tan conocida como recurrente, una historia a la que la hemeroteca apunta como un suceso único y extraordinario, ocurrido entre la noche del 14 y la madrugada del día 15 de Abril de 1912. A principios del siglo XX no se disponía de información periodística en tiempo real, tal y como ahora disfrutamos gracias a las bondades de Internet, pero, por más que rebusquemos y dado el reducido número de horas que bastó para que se consumara el naufragio, todo lo relacionado con la fatídica fecha apunta invariablemente a esta catástrofe, como si el mundo entero se hubiera detenido aquella noche.

Titanic
Logotipo de la compañía propietaria del Titanic

Entre las diez horas y veinticinco minutos, cuando se produjo la colisión con el iceberg, y las dos, dos y media de la madrugada, en que se hundiría para siempre en las gélidas aguas del Atlántico Norte, tal y como mostraron los relojes, sin movimiento ya, de algunos de los fallecidos cuyos cuerpos se pudieron recuperar, mil quinientas tres personas de las dos mil doscientas cinco que se encontraban a bordo perdieron la vida, a unos novecientos kilómetros al Sur de Terranova.

Titanic
                                          Billete de tercera clase

El desastre no fue sino la consecuencia directa de una alocada carrera entre alemanes y británicos. Una rivalidad que, por incomprensible que parezca, no tenía como objetivo primordial la seguridad de las naves, muchos menos la del pasaje, sino el lujo y la ostentación desenfrenados y, sobre todo, el ansia de batir una y otra vez nuevos récords de tiempo en la duración de la travesía desde Europa hasta Nueva York y viceversa. Los medios de salvamento eran a todas luces insuficientes y el diseño del casco, pese a contar con numerosos compartimentos estancos, no contemplaba que más de cuatro de ellos se pudieran anegar. Tal fue la brecha por la violencia del impacto que el agua llegó a inundar seis compartimentos. Y es que no todos los remaches empleados para ensamblar las gigantescas planchas de acero presentaban la misma calidad, muchos de ellos reventaron tras el choque. El trasatlántico estaba condenado y sería sólo cuestión de horas que fuera engullido por el mar.

Titanic
                                           En el centro, el capitán, Edward Smith

Como suele ocurrir en estos casos, hasta que no se produce un número considerable de víctimas mortales, los correspondientes organismos internacionales implicados no se ponen a trabajar. Desde ese momento en adelante, cada proyecto de construcción naval y las medidas de seguridad correspondientes serían analizados meticulosamente. Las potencias marítimas reunidas aprobaron el Convenio de Seguridad de la Vida Humana en el Mar, que fue ratificado en Londres en 1914, justo tras el hundimiento del Titanic. Su cuarta revisión, la de 1974, es la que permanece vigente en la actualidad.

Titanic
                                     Hacia su destino

Desde este enlace, “El Naufragio del Titanic y Sus Enseñanzas”, Revista Vida Marítima, 30 de Mayo de 1912, podéis descargar el ejemplar número 375 de la revista homónima, publicación que se encuentra en los archivos de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, en el que se analiza, de manera muy acertada, las causas de la catástrofe, se ofrece, entre otras informaciones, el testimonio del ayudante de telegrafía de la nave, y se extrae, finalmente, una serie de conclusiones que demuestran que el desastre se habría evitado de haber empleado un poco más de sentido común, y no sólo la legislación de la época en materia de Arquitectura e Ingeniería Navales.

En nuestra opinión, el naufragio del Titanic no sólo supuso cuantiosas pérdidas humanas y materiales, más por arrogancia que por exceso de confianza, incluso, sino que marcó, de manera tan trágica como visual, el principio del fin de un Imperio, el Británico, que tras cien años de predominio en el mundo – entre 1815 y 1914 – empezaría a desmoronarse en las décadas posteriores por el proceso de  descolonización, al tiempo que tan solo tres meses después de su hundimiento Europa se desangraba ya en una larga y cruenta Primera Guerra Mundial.

 

Galería de Imágenes:

Archivo Fotográfico del Daily Mirror

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Wikipedia en Español

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Palimpsesto

Palimpsesto. Del Latín palimpsestus, y éste, a su vez, del Griego παλίμψηστος palímpsēstos. De pálin, nuevamente, y de psáos, borrar.

Palimpsesto
                     Codex Nitriensis, copiado en el siglo IX por el monje Simeón

En Paleografía se conoce por palimpsesto a todo antiguo manuscrito que evidencia las huellas de una escritura anterior que han sido borradas de modo artificial. Esta práctica no se aplicaba al pergamino, exclusivamente, también las tablillas eran reutilizadas de igual manera, y demuestra cuán escasos y apreciados eran estos soportes de escritura.

Como ejemplos, encontramos el Palimpsesto de Arquímedes, un compendio de obras del gran físico y matemático, y de otros autores, que fue sobreescrito para plasmar sobre él los salmos y oraciones de un convento.

Palimpsesto                   Palimpsesto de Arquímedes, antes y después de su restauración

De época visigoda, el Código de Eurico, la primera compilación de leyes propias a imitación de las romanas y que permitió dar el salto de la costumbre a la ley escrita, tal y como Isidoro de Sevilla narra en sus crónicas, ha podido ser reconstruido gracias a los extractos de los nueve folios que componen el Palimpsesto de París, descubierto en la abadía benedictina de Saint Germain des Prés y conservado en la Biblioteca Nacional de París, y al trabajo de Álvaro d’Ors y Pérez-Peix, jurista y uno de los mejores romanistas que ha dado el siglo XX.

Sobre el Palimpsesto del Codex Nitriensis, fotografía de cabecera, observamos que el texto visible en horizontal, ‘scriptio superior’, es una copia en Siríaco de un tratado de Severo de Antioquía, mientras que en el texto vertical, más borroso, apreciamos la ‘scriptio inferior’, que en este volumen corresponde a copias del de la Ilíada, de los Elementos de Euclides y del Evangelio de Lucas, datadas en el siglo V d.C.

 

Bibliografía e Imágenes:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 22, Editorial Espasa Calpe, S.A., Madrid 1992

 

La Verdadera Historia del Monumento al Ángel Caído del Parque del Buen Retiro

Monumento al Ángel Caído
                                                          La Caída de Lucifer

Recuperamos hoy un artículo sobre un conjunto escultórico que, en su momento, desató una fuerte polémica, lógico, por otra parte, si nos remontamos ciento veinticinco años en el tiempo, hasta finales del siglo XIX. No es el único que se ha esculpido tomando como modelo la imagen de Lucifer, el Ángel de Luz que se rebeló contra Dios, de hecho existen otros, pero, quizás ninguno de ellos muestre tanta belleza como el que nos ocupa.

Antes de pasar a su contenido propiamente dicho, queremos hacer unas puntualizaciones. Para nosotros, como para cualquier historiador que se precie de serlo, la base de todo artículo ha de sustentarse en la información veraz, imparcial y contrastada, siempre. Bastantes errores de bulto y bulos circulan ya, no sólo por Internet, como para no acogerse a esta premisa, aunque reconocemos que no siempre es fácil separar el trigo de la paja. A nosotros así nos habría ocurrido con esta historia si no hubiese sido por la ayuda inestimable que nuestra compañera de carrera Alejandra Hernández Clemente nos brindó en su momento. Y no por falta de rigor o voluntad por nuestra parte, no, sino por la escasa información de la que se disponía al respecto y por la gran cantidad de errores que han sido asimilados como verdades, algunos de ellos subscritos por catedráticos que, como bien sostiene Alejandra, “han hecho un flaco favor a la Historiografía”. Ella ha estudiado en profundidad la figura de Bellver, personaje en torno al cual gira su Tesis Doctoral, un trabajo publicado por la Universidad Complutense de Madrid, que es de libre acceso, que podéis consultar en el enlace correspondiente al final del artículo y que deja al descubierto todas las inexactitudes, intencionadas o no, que se han dado por válidas sobre este episodio de la vida madrileña casi a comienzos del siglo XX.

Monumento al Ángel Caído
       Dña. María del Pilar Osorio

Gracias a su matrimonio en 1852 con Doña María del Pilar Osorio, III Duquesa de Fernán Núñez y una de las mujeres más influyentes de la nobleza española del siglo XIX, Don Manuel Falcó d´Adda y Valcárcel, milanés de nacimiento, activo participante en la independencia de Italia, que ostentó los cargos de senador del Partido Liberal Español, concejal del Ayuntamiento de Madrid y embajador en París, se convirtió en Duque Consorte de Fernán Núnez. El título fue concedido en primera instancia por el rey Fernando VII a Don Carlos Gutiérrez de los Rios, el 23 de Agosto de 1817, y tomó su nombre de la homónima localidad cordobesa.

Monumento al Ángel Caído
                                  D. Manuel Falcó

En 1874, Don Manuel aportó la nada módica cantidad de 50.000 pesetas de la época para llevar a efecto la construcción del futuro Paseo de Carruajes en el Parque de El Buen Retiro, en Madrid, en calidad de “autor o de promovedor del pensamento”, tal y como apunta la revista de la época “La Ilustración Española y Americana”, que en su número 40, fechado el 30 de Octubre de 1874, contiene una breve reseña del acto de inaguración, evento al que  asistió tanto el pueblo llano como la alta sociedad madrileña y que resultó ser todo un acontecimiento.

Monumento al Ángel Caído
       D. Ricardo Bellver y Ramón

Por entonces, un joven escultor madrileño, Ricardo Bellver Ramón (1845-1924), pensionado de número en la Academia de Bellas Artes de España en Roma, empezaba ya a forjarse un prestigio y una reputación. Es en Roma donde, en  1877, esculpe en yeso una imagen de El Ángel Caído en su descenso a los Infiernos. Su réplica en bronce, supervisada por el propio escultor, preside desde 1885 el Paseo de Carruajes, que sería rebautizado como Paseo Fernán Núñez.

Ricardo, criado en el seno de una familia de escultores valencianos, se inicia en el mundo del Arte de la mano de su padre, Francisco Bellver. Tiempo después se trasladará a San Fernando, en cuya Academia de Bellas Artes ampliaría sus estudios para, finalmente, desembarcar en Roma en 1874, gracias a una beca obtenida con la que cursar estudios en la Academia de Bellas Artes de España. De su etapa romana, en la que da buena muestra de su atención al detalle y de su maestría al combinar Neoclasicismo y Romanticismo, destacan sus obras “El entierro de Santa Inés” y “El Ángel Caído”, por la que cobraría del Estado la suma de 4.500 pesetas.

Monumento al Ángel Caído
                           Segunda Edición de “Paradise Lost”, de John Milton

Bellver se inspiraría en la obra del poeta y ensayista inglés,  que vivió bajo el mandato de Cromwell, John Milton (1608 – 1674), autor de “Paradise Lost”, “El Paraiso Perdido”, y con su creación consiguió ganar una de las medallas de oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878, año éste el de su reconocimiento.

Monumento al Ángel Caído
                      D. Francisco Jareño y Alarcón

La escultura se erigió sobre un pedestal diseñado en bronce y piedra por el arquitecto Francisco Jareño y Alarcón (1818-1892) en 1880, uno de los grandes arquitectos españoles del siglo XIX, cuyas obras aúnan funcionalidad y monumentalidad, y denotan su gran esmero tanto en la técnica constructiva como en el diseño. Constructor de numerosos edificios institucionales, como la Casa de la Moneda, ya desaparecida, el palacio sede del Museo Arqueológico y de la Biblioteca Nacional, o la Plaza de Toros de Toledo, labor que compaginó con la Docencia en su cátedra de la Escuela Superior de Arquitectura, y nos dejó un legado arquitectónico del que aún se puede disfrutar en la actualidad, no sólo en la capital de España.

Monumento al Ángel Caído
                                              Fuente Pedestal

Todo el conjunto se exhibió al público por vez primera en 1885, pese a la fuerte controversia suscitada, básicamente por motivos religiosos. Se dijo, incluso, que más de un exorcismo se había practicado en los alrededores para alejar la presencia del Mal y sus influencias negativas. Otra curiosidad, ésta si ha sido certificada, es que Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas descubrieron recientemente que el monumento está situado exactamente sobre una cota de altura de 666 metros sobre el nivel del mar, respecto de la cota de referencia, la de la ciudad de Alicante. Pese al simbolismo propio de este número, no hay nada de esotérico si consideramos que la altura media sobre el nivel del mar de la capital es de unos 650 metros, aproximadamente, aunque la casualidad no deja de resultar chocante, especialmente para los amantes de todo lo relacionado con lo esotérico y sobrenatural.

Monumento al Ángel Caído
                                             Conjunto Escultórico

Emplazada en el Paseo o Boulevard Fernán Núñez, en el Parque del Buen Retiro, en Madrid, la imagen es única por su belleza, Lucifer, atrapado por la Serpiente, va cayendo del Cielo, al tiempo que intenta zafarse con una de las manos del rayo que lo derriba y lo envía hacia el abismo.

El monumento al Ángel Caído es, pues, una de las obras que constituye una parte inseparable del legado artístico de la España Contemporánea. Para finalizar, tal y como Alejandra Hernández hace en su Tesis “Ricardo Bellver y Ramón: su Obra Escultórica. Un Estudio Historiográfico y Documental”, exponemos una relación de hechos que se tornan fundamentales para conocer esta historia en su conjunto, que son los siguientes:

  • Bellver no realizó la escultura para el Conde de Fernán Núñez, ni recibió dinero alguno de este noble. No es un homenaje a esa figura religiosa, sino la creación de un apasionado por la Escultura
  • La estatua fue su tercer envío al Estado Español como pensionado de número en la Academia de Bellas Artes de España en Roma
  • La modeló en 1877 en esa ciudad y fue enviada a Madrid en 1878, donde se expuso en la Exposición Nacional de Bellas Artes, siendo premiada con la Segunda Medalla de Oro de la Exposición
  • A finales de ese año participaría en la Exposición Universal de París pero, dado que el original había sido expuesto en yeso, ante la falta de tiempo para fundirlo en bronce, no pudo optar a premio
  • A principios de 1879 sería fundida en bronce en la Casa Thiebaut Fils de París. El propio escultor supervisó todo el proceso y acometió el cincelado de la escultura.
  • Comprada por el Estado a Bellver por 4.500 pesetas, según tasación del Jurado de la Exposición Nacional de Bellas Artes, y abonando 10.000 pesetas por costes de fundición, ingresó en el Museo del Prado con el Nº 49 de inventario de obras de escultores modernos
  • La obra es propiedad del Museo del Prado, pues los derechos nunca se cedieron al Ayuntamiento de Madrid, según costa en los documentos depositados en el Archivo General de la Administración [AGA], en Alcalá de Henares, Madrid

Webgrafía e imágenes:

Biografías y Vidas

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100 Years Carnegie

Hispanidad

Hispanidad. Concepto y su evolución histórica.

Por Hispanidad entendemos el carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura españolas, que constituyen una comunidad constituida por España, los Estados americanos de habla española y Filipinas.

Las primeras referencias a la palabra Hispanidad aparecen en la obra “Tratado de Ortografía y Acentos en las Tres Lenguas Principales” (Toledo, 1531), del bachiller Alejo Venegas, escritor y humanista español del Renacimiento.

A principios del siglo XX, el pensador Miguel de Unamuno recurrió a ella para referirse a los diversos pueblos que compartían la lengua española, concibiéndola como una hermandad de naciones, alejándose de la idea de madre patria. En los años 20, el escritor Jose María Salaverría y el sacerdote Zacarías Vizcarra, ambos residentes en Buenos Aires, difundirían el término. Se atribuye a éste último la propuesta de cambiar la denominación Fiesta de la Raza por Fiesta de la Hispanidad.

Otros autores consideran como fuentes del término la obra del integralista portugués António Maria de Sousa Sardinha, para quienes el concepto surge asociado a los círculos conservadores y nacionalistas afectos al General Primo de Rivera, a fin de exaltar los valores tradicionalistas españoles y de remarcar la idea de destino histórico de la nación española, que es considerada eje espiritual del mundo hispánico y tutelar de su legado.

Esta primera concepción del concepto de Hispanidad se desarrollará con la obra “Defensa de la Hispanidad” (1934), de Ramiro de Maeztu, y con los escritos de García Morente, Giménez Caballero y el Padre Torró, entre otros, posteriormente. Fue acogida favorablemente por los sectores conservadores hispanoamericanos representados por de la Riva Agüero, Junco o Vasconcelos. Incorporada al ideario falangista y, tras la Guerra Civil, recogida por el régimen franquista, que la dotará de carácter político y programático con la fundación del Consejo de la Hispanidad en 1940, sustituido en  1946 por el Instituto de Cultura Hispánica.

Una segunda concepción, tan actual como vigente, tanto en España como en Hispanoamérica, refuerza y desarrolla la idea de comunidad lingüística y cultural, afirmando la voluntad de solidaridad entre todas las naciones hispanas. Aparece, al tiempo que la primera, en las obras de autores hispanoamericanos como Rubén Darío o Santos Chocano, siendo defendida por intelectuales españoles vinculados al Centro de Estudios Históricos, que en su día dirigiera Menéndez Pidal.

Sire de ojos azules, gracias: por los laureles
de cien bravos vestidos de honor; por los claveles
de la tierra andaluza y la Alhambra del moro;
por la sangre solar de una raza de oro;
por la armadura antigua y el yelmo de la gesta;
por las lanzas que fueron una vasta floresta
de gloria y que pasaron Pirineos y Andes;
por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes;
por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña
y Velázquez que pinta y Cortés que domeña;
por el país sagrado en que Heracles afianza
sus macizas columnas de fuerza y esperanza,
mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa
que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga;
por el león simbólico y la Cruz, gracias, Sire.

Rubén Darío, “Al Rey Óscar” (1899)

 

Bibliografía e imagen:

Hesperia

Hesperia. Del Latín Hesperĭus, y éste, del Griego ῾Εσπέριος, Hespérios.

Hesperia es uno de los nombres por los que se conoció a la Península Ibérica, más bien, a una parte de ella, antes que por el latinizado Hispania, al encontrarse aquélla al Oeste del mundo que los griegos conocían, en el Extremo Occidente.

Hesperia
                      Venus orbitando

Hesperia hace referencia al planeta Venus, que ellos llamaban Héspero o Véspero, que podía ser observado en dirección Oeste y durante la puesta de Sol si las condiciones meteorológicas eran propicias. Como Hesperia, bautizaron, también, a la Península Itálica.

Hesperia
                Desplazamiento de Venus sobre la vertical de la Península Ibérica

Iberia, Hesperia, Hispania, términos todos que son prueba de la gran importancia, geoestratégica, sociocultural y comercial de la Península Ibérica en el Mundo Antiguo.

 

Referencias bibliográficas e imágenes:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 16, Editorial Espasa – Calpe, Madrid 1992
  • BRAVO, Gonzalo, “Nueva Historia de la España Antigua”, Alianza Editorial, Madrid 2011
  • 2.bp.blogspot.com
  • es.wikipedia.org

 

Íbero

Íbero. Del Latín Ibērus, y éste del Griego Ιβηρ, Ιβηρος, Íbēr, Íbēros.

Íbero significa natural de Iberia, individuo perteneciente a alguno de los pueblos que se habían establecido en la Península Ibérica con anterioridad a la llegada de los primeros colonizadores griegos y fenicios. Pueblos que la ocuparon casi en su totalidad, desde la Bahía de Cádiz hasta el Mediodía de la Francia que hoy conocemos, con gran presencia en el Levante peninsular. La sociedad íbera se conformará durante un largo proceso que se inicia en el siglo VIII a.C. y que culminará en torno al año 500 a.C.

Ibero
                       Recreación de la policromía de la Dama de Elche

Dada la imprecisión de la de Heródoto sobre la visita de Kolaiss de Samos a la Península Ibérica, la primera cita fiable es la de Avieno, quien empleará el término iberi para referirse a las tribus indígenas que dominaban la zona del Ebro (para los griegos, Iber, para los romanos, Hiberus), que otros autores como Pomponio Mela, Erastótenes o Estrabón citarán en sus escritos, también.

Los íberos o libioibéricos, como algunos especialistas los denominan, llegaron a ocupar zonas del Norte de África, y se constituyeron en el grupo racial más importante de la Península, lusitanos incluidos, presentando características propias en cada una de las zonas que dominaban. Las dos etnias originales, íberos y celtas, no dieron lugar al pueblo celtíbero, como reza la tradición. Era éste un pueblo autónomo, con su propia identidad, cuyos límites territorriales rebasaban ampliamente los del Ebro, tal y como los romanos constataron a su llegada a la Península a finales del siglo III a.C. y refieren los autores clásicos. Su influencia creciente, unida a la de los colonizadores grecofenicios, sentará las bases de la futura cultura hispánica.

Como lengua prerromana, el Íbero era el idioma que se hablaba en la Península hasta el siglo I d.C. Su adscripción resulta todavía desconocida. Por íbero entendemos, también, todo aquello relativo o perteneciente a la cultura del mismo nombre.

Para saber más de los íberos la bibliografía es muy abundante. Pero si nos permitís la recomendación, os proponemos la obra que en este enlace podéis descargar gratuitamente, titulada “Íberos: Sociedades y Territorios del Occidente Mediterráneo”, de Susana González Reyero, publicado por la prestigiosa editorial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC.

 

Referencias bibliográficas:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 17, Editorial Espasa – Calpe, Madrid 1992

Imagen:

 

Las Fortalezas y sus Leyendas: El Castillo de San Servando

Fortalezas y leyendas
Panorámica nocturna del Castillo de San Servando

Castilla significa ‘tierra de castillos, de fortalezas’, sus paisajes están sembrados de ellos. Su origen se remonta a los ‘castra’ o castros, las fortificaciones de la antigua Iberia, la Hispania prerromana, que siglos más tarde evolucionarían a ‘castella’ o castillos, y que se convirtieron en centros de poder y de dinamización de la vida de nuestra España Medieval.

Todos tienen su historia, muchos, además, sus leyendas, como testigos inermes y silentes de tantos y tantos acontecimientos que se vivieron tras sus muros y de los que quedaron impregnados para siempre. San Servando es una de esas fortalezas que aúnan ambos mundos, y hoy queremos traeros su historia.

HISTORIA Y ANTECEDENTES DE SAN SERVANDO

El Castillo de San Servando es una fortaleza toledana cuya construcción se remonta hacia el año 1380 por orden del obispo Pedro Tenorio, personaje de vida y obra singular quien, a caballo entre las cortes lusitana y castellana, llegó a convertirse en una figura relevante de la Iglesia de su tiempo, la de los últimos treinta años del siglo XIV.

Fortalezas y leyendas
Pedro Tenorio en el Arzobispado de Toledo

Nacido en el seno de una familia noble de Toledo en 1328, Pedro Tenorio adquirirá una sólida formación canónica. Era por entonces la ciudad de Toro, en la actual provincia de Zamora, una de las más prósperas del Reino de León, gracias a su producción de vino, hasta el punto de que se atribuye al rey leonés Alfonso IX la frase tengo un Toro que me da vino y un León que me lo bebe. Es allí en donde Tenorio inicia una carrera brillante cuando le nombran Arcediano, o eclesiástico encargado de los archivos catedralicios. Más tarde, tras la muerte del arzobispo toledano Gómez Manrique en 1375, accederá al Primado de las Españas, un título honorífico concedido al Arzobispado de Braga por ser la diócesis más antigua de Portugal, que otras diócesis como las de Toledo y Tarragona también se disputarían.

Fortalezas y leyendas
Enrique II de Trastámara

Durante la guerra civil acontecida en Castilla entre Pedro I y el futuro rey Enrique II, Tenorio se declara abiertamente trastamarista, al tiempo que va a mantener una colaboración estrecha con Juan I y con Enrique III, especialmente, de quien fue regente durante su minoría de edad.

Su papel en los procesos de reforma religiosa auspiciados por la Corona de Castilla fue determinante, así como en los acontecimientos del Cisma de Occidente.

Fortalezas y leyendas
Puente de San Martín

En Toledo, ordenó la construcción de los Puentes de San Martín y del Arzobispo e impulsó el Claustro de la Catedral, que sería levantado en su costado norte, donde se ubicaba el conocido Mercado de la Judería. Un edificio de estilo gótico para el que se recurrió a la utilización de bóvedas de crucería que en su clave presentan el escudo del arzobispo, a fin de cubrir sus cuatro alas.

El claustro se compone de dos capillas, la de San Pedro y la de San Blas. La orden de construir ésta la dio Tenorio en persona, pues era su voluntad ser enterrado en ella, y se encuentra ubicada al fondo del claustro.

Fortaleza de San Servando
Capilla de San Blas, Catedral de Toledo

Localizada en la ciudad de Toledo, aunque separada de la ciudad por las aguas del Tajo, la fortaleza de San Servando se construyó sobre los restos de un antiguo castillo musulmán de mayores dimensiones, del que permanecen sus cimientos. Fue éste levantado sobre una iglesia visigoda que se remonta, a su vez, a una fortaleza romana, tal y como testimonian los restos de argamasa localizados en la subida al castillo, restos que más tarde se transformarían en la calzada a Oretum, – según las fuentes, provincia romana que abarcaba desde el Norte hacia el Sur, más allá de Sierra Morena, y que se extendía hasta el final de la Bética -, calzada que se convertiría tiempo después en el camino desde Toledo a la Córdoba musulmana.

Fortalezas y leyendas
Yacimiento arqueológico Cerro de Oreto

Tales restos de argamasa evidenciaron la existencia de una fortaleza diseñada como cabeza de puente en Alcántara con la finalidad de controlar el margen izquierdo del río y de poder defender la ciudad de Toledo.

Propiedad de los reyes, la fortaleza de San Servando sucumbió al abandono cuando dejó de utilizarse con fines militares, degradándose paulatinamente hasta que el muro que miraba hacia Toledo se derrumbó, al tiempo que parte del interior del castillo se hundía, también.

Ya en 1857, en pleno siglo XIX, San Servando es reutilizado como depósito de pólvora, y se pone a la venta por 3.000 pesetas en 1873, operación que no se haría finalmente efectiva porque, al año siguiente, sería entregado a la Comisión de Monumentos, que inició ligeras excavaciones, alquilándolo como corral para obtener fondos, y declarándolo Monumento Nacional por Orden fechada el 26 de Agosto de 1874.

Fortaleza de San Servando
Fortaleza de San Servando en el siglo XIX. Fotografía de Casiano Alguacil (1885)

La fortaleza musulmana sobre la que se asienta, de torres rectangulares, era, como ya hemos apuntado, de mayor tamaño, y sus cimientos eran visibles hasta no hace muchos años, antes de ser cubiertos con tierra.

Fortaleza de San Servando
San Servando y la Filatelia

Para su construcción se empleó aparejo con piedras y cantos negros entre la argamasa, a modo de la escoria utilizada en los edificios musulmanes. Su estructura responde a un diseño de planta rectangular, con torres cilíndricas y huecas en tres de sus esquinas, y otra, intermedia en la cara Sur, y que salvaguarda un pequeño postigo. La puerta principal, que se abre hacia la ciudad, lo hace desde una especie de torre albarrana.

Fortalezas y leyendas
Ejemplo de torre albarrana

Torre albarrana es aquélla que forma parte de un recinto fortificado con el que se comunica, aunque, por regla general, se alza exenta de la muralla, a la que se une mediante un pequeño puente o arco, que, en el caso de que la torre cayese en manos de los asaltantes, podría ser destruida sin dificultad. Igualmente, servía de atalaya y como punto defensivo ante el enemigo que venía a asaltar la muralla.

El ejemplo más conocido es el de la Torre del Oro en Sevilla, junto a otras como la de la Malmuerta, en Córdoba, o la del Espantapájaros, en Badajoz. Es en Talavera de la Reina, sin embargo, donde encontramos mayor número de torres albarranas.

Tras la torre albarrana encontramos la torre del homenaje, de planta curvilínea en su exterior, y cuyas grandes dimensiones sobresalen del conjunto. Lleva tres matacanes, o plataformas defensivas construidas en lo alto de torres o murallas, que presentan orificios para divisar al enemigo y para lanzarle piedras, proyectiles y aceite o agua hirviendo. En San Servando, los matacanes se repiten en la torre Sureste, y la del homenaje está coronada por almenas sin saledizo, a plomo sobre los muros y con adarve interior.

Fortalezas y leyendas
Ejemplo de adarve, Castillo de Sesimbra, en Portugal

Un adarve o camino de ronda (del árabe «ad-darb» o, según otras fuentes, «adz-dzir-we», traducido como «muro de fortaleza»), era un pasillo estrecho situado sobre una muralla, protegido al exterior por un parapeto almenado, que permitía tanto hacer la ronda a los centinelas como la colocación de los soldados en los puntos defensivos, a la vez que comunicaba las defensas en vertical. Podía ser cubierto o volado, situándose entre las dos torres que defendían la puerta principal del castillo. Fue muy utilizado en las fortificaciones de la Edad Media.

Fortalezas y leyendas
Sección de un matacán

El conjunto se remata con ventanas, que en los matacanes de las torres son a base de ladrillo con perfil polilobulado, y en los muros presentan dintel ornamentado mediante ladrillos en esquina.

Fortalezas y leyendas
Aspillera

En la parte superior de los muros de defensa hay aspilleras – ranuras verticales para disparar con ballesta y arco -, y troneras en la parte inferior. Si bien se ha perdido el antemuro y el foso, con las reformas de 1945 se añadió una nueva torre y se abrió una puerta nueva hacia la carretera de acceso, siendo actualmente la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha quien se encarga de su conservación.

LA LEYENDA DEL FANTASMA DEL CASTILLO DE SAN SERVANDO

No son pocos los que afirman que “algo” han visto o sentido en el Castillo de San Servando. Esta leyenda ya viene de tiempo atrás, como podemos observar en el texto narrado en 1923 en la revista Toledo. La fortaleza, a la que se accede atravesando el Puente de Alcántara, ofrece unas maravillosas vistas del Alcázar y de la ciudad… Pero, ¿estáis seguros de querer ir hasta allí cuando se oculte el Sol? Leed antes esta leyenda…

Varios doblones incrementaban el peso de la escarcela del soldado Don Lorenzo de Cañada, tipo alto, moreno, de abundante melena ocultada en parte por un chambergo oscuro, ancho de alas y tocado con un cintillo de esmeralda y una gran pluma amaranto. Entre delgado y recio, de ojos vivos y penetrantes, paseó sus fanfarronerías por tierras de Italia y de Flandes, encontrándose ahora en la toledana Zocodover mirando cómo ganapanes y cicateruelos hacían de las suyas intentando escurrir el bulto ante la autoridad que intentaba vigilar cuanto pasaba entre el numeroso gentío que discurría por tan conocida plaza.

Llegada la hora del toque de queda, los grandes portones de murallas y puentes echaron sus cerrojos, no sin cuidado de dejar a algún vecino afuera, pues tan recias defensas no se levantaban hasta la próxima mañana.

Ya avanzada la noche, los vigías del Puente de Alcántara informaron de movimientos de antorchas en las almenas del Castillo de San Servando, escuchándose voces en el silencio de la noche. Pocos minutos después, los del castillo avisaron a la guardia del puente pidiendo auxilio y el capitán de ésta, que era Don Lorenzo de Cañada, mandó al sargento de guardia junto con diez de los que tenían fama de valientes para enterarse de lo allí acaecido.

A la vuelta del retén, y recibiendo informe de su sargento, partió de inmediato hacia la Puerta de Doce Cantos, dándose a conocer a la guardia y accediendo al Alcázar, morada del Alcaide Don Ferrán Cid, que recibió al capitán a pesar de lo avanzado de la hora:

  • ¿Decís que el muerto es?
  • El Alférez Valdivia
  • ¿Y cómo se explica el suceso?
  • No se sabe… Todo es tan raro
  • ¿Habéis comprobado las cuevas del Castillo?
  • Todo ha sido minuciosamente registrado por los soldados
  • ¿Qué heridas presenta el fallecido?
  • Una sola, y en el corazón

Tras este breve interrogatorio, convinieron quedar al día siguiente para investigar con más detenimiento el suceso.

Suceso el de aquella noche en el castillo que corrió de boca en boca por la ciudad. El Alcaide, tras interrogar a guardias del castillo y no obtener solución alguna a la muerte del Alférez, decidió doblar el número de guardianes. Nombró al joven Don Diego de Ayala como jefe de la guardia por su gran renombre y valentía.

Esa misma tarde, el joven tomó el mando del castillo, doblando las guardias. Transcurrieron las primeras horas de la noche sin ningún hecho que destacar, pero a eso de las doce, hora de aquelarres y pactos demoníacos, tuvo necesidad Don Diego de bajar al patio, haciéndolo por la escalera del torreón Este pero, cuando estaba a mitad de camino, la vela que portaba en la mano repentinamente se apagó y, sintiendo una fría mano que agarraba con fuerza su cuello, percibió como si una dura hoja le atravesara el pecho y, exhalando un grito de dolor, se desplomó inerte sobre las escaleras.

Una vez descubierto el cadáver, los soldados buscaron de nuevo por todo el castillo, las cuevas, el paraje cercano, de forma infructuosa… El terror iba en aumento entre todo hombre que habitaba el castillo.

Fortalezas y leyendas
San Servando en el s. XIX, fotografía de Casiano Alguacil

En los días siguientes, reunidos de nuevo los capitanes en el Alcázar, decidieron abandonar la defensa del castillo y repartir la guardia por las murallas de la ciudad.

Durante días, el castillo de San Servando, oscuro, abandonado, fue observado por cientos de ojos temerosos, iluminados por antorchas desde las murallas que daban al Tajo.

Pasaron varias semanas y cuando ya se estaba olvidando las muertes acaecidas, un nuevo rumor vino a turbar la tranquilidad de la ciudad. Algunos guardias de la muralla afirmaban que una sombra aparecía en el torreón Norte todas las noches, asemejándose a un descomunal guerrero cuya armadura lanzaba resplandores azules y verdosos.

Nadie se atrevía a pasar cerca del castillo, incluso durante el día pocas eran las gentes que querían acercarse a las murallas que ocultaban tan terrible misterio. Todos conocían ya que un fantasma habitaba en el castillo de San Servando.

Pasó el tiempo y muchos echaban en falta al capitán Don Lorenzo de Cañada. Ya no se le veía por Zocodover, y la mayoría pensaba que había huido de la ciudad por miedo a tener que cumplir el deber de entrar en el castillo y enfrentarse al ser que habitaba en su interior.

¿Dónde estuvo esa semana en la que faltó a su acostumbrado paseo?

Nadie lo supo, más es cierto que una noche en la que el viento soplaba con intensidad y la lluvia caía sobre las piedras de la muralla, Don Lorenzo mandó abrir la Puerta de Alcántara y, tomando una antorcha y su espada, partió decido a enfrentarse al fantasma, buscando acabar de una vez por todas con el misterio que tenía a sus tropas amedrentadas.

Llegó a la puerta Oeste, que mira a la ciudad, encontrándola cerrada. Esperó largo rato en la puerta, dando al final dos golpes en la madera rudos y secos que resonaron en el interior del castillo con ecos misteriosos y fúnebres. En el mismo instante de finalizar el eco del segundo toque, la puerta se abrió sin que mano alguna ayudara a su movimiento.

Con su acero toledano desnudo y precediendo a su figura penetró en el castillo, llegando al patio, no sin antes hacer la señal de la Cruz, como correspondía a un Capitán de Su Majestad Don Felipe II el Prudente

Cuentan que el fantasma del Castillo de San Servando no ha vuelto a verse en las almenas desde que Don Lorenzo entró sólo en el patio, capa al brazo y con hoja toledana abriendo camino. ¿Quién era el fantasma del Castillo? Sólo Don Lorenzo lo supo y nadie más consiguió extraerle esta información, a la que el capitán respondía con una leve sonrisa cuando algún pilluelo o soldado le interrogaba sobre tan maligna presencia.

Según la leyenda, el fantasma desapareció merced al arrojo de nuestro héroe… Pero, en la actualidad, ¿alguien se ha interesado por lo que residentes y trabajadores del Castillo han sentido en numerosas ocasiones?

¿Quién será el nuevo Capitán que haga frente a la “presencia”, que de nuevo se ha dejado ver allí, para que descanse unos cientos de años más?

AGRADECIMIENTO, aNOTAciones y enlaces de interes 
  • Gracias a D. Juan Luis Alonso, de Leyendas de Toledo, por habernos dado a conocer la leyenda del castillo y facilitado su transcripción tal y como aparece en su página
  • En el blog Toledo Olvidado podéis consultar un interesante artículo sobre el Castillo de San Servando, con una gran selección de fotografías tomadas desde el siglo XIX en adelante y que nos muestran el pasado de la fortaleza y su evolución. Además, nos ofrecen el texto de la íntegro de la leyenda del castillo

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