El Incendio de Notre Dame de París

“Deambulando por las calles, nos encontramos con la Catedral de Notre Dame. Siempre recordaré la primera impresión que me produjo su interior. La elevada bóveda de arco sobre mi cabeza y la tenue luz que penetraba las vidrieras. Todo estaba en silencio, solemne y religioso”

Bayard Taylor, poeta y diplomático estadounidense (1825 – 1878)

Hacia las siete de la tarde del día 15 de Abril, un pavoroso incendio se desató sobre la bóveda de la Catedral de Notre Dame. Las llamas, que tuvieron su origen, al parecer, en las obras de restauración del templo que se estaba llevando a cabo, consumieron la bóveda del edificio, construida en madera en su mayor parte, y provocaron el desplome del tejado del ábside y la aguja. La Fiscalía francesa ya ha iniciado una investigación. ¿Negligencia? ¿Atentado? Todas las hipótesis están abiertas, máxime cuando en los últimos meses numerosos edificios religiosos del país vecino han sido atacados y su patrimonio parcialmente destruido. Parece ser, por otra parte, que un informe del año 1991 ya alertaba del mal estado del encofrado de madera. Con independencia de las causas, que aún están por determinar, se ha conseguido salvaguardar la estructura principal, aunque dos terceras partes del techo han sucumbido al incendio. Ya se ha anunciado ayudas económicas, que llegarán tanto desde el ámbito público como desde el privado, si bien los daños que afectan a los elementos originales es irreparable. Según José Luis Corral, experto en Notre Dame, es aún demasiado pronto para conocer el alcance real del siniestro. Tan dañino como el fuego puede haber resultado el agua empleada en su extinción, absorbida por la sillería de naturaleza caliza que fue empleada en su construcción, y llevará bastante tiempo que la estructura recupere los niveles de humedad anteriores al incendio. Pero, en su opinión, la restauración completa podría llevar entre veinte y veinticinco años de trabajos. En los mismos términos se ha manifestado José Manuel Álvarez, arquitecto responsable de la Catedral de Burgos.

La historia de Nuestra Señora de París se inicia en 1163 cuando, por iniciativa episcopal, se dio comienzo a las obras de construcción sobre un templo de estructura merovingia, que finalizaron hacia 1345. La fachada, coronada por dos torres simétricas; el interior, dividido en tres naves mediante filas de columnas de fuste cilíndrico rematadas por capiteles decorados con la representación de elementos florales autóctonos. Sus naves laterales, de menor altura, se ven enlazadas por un deambulatorio con capillas radiales. La nave central, de tres pisos, cubierta por bóvedas sexpartitas. Los altares antiguos, el mobiliario litúrgico y los monumentos funerarios fueron destruidos durante los días de la Revolución Francesa, al tiempo que relieves y estatuas de la fachada sufrieron un gran deterioro. Escenas como la Dormición o Tránsito y la Coronación de la Virgen María, y el Juicio Final, se ven representadas en los tímpanos de las puertas. En el siglo XIX, los importantes trabajos de restauración dirigidos por Lassus y Violet – le Duc le dieron el aspecto que hemos conocido hasta ahora.

Notre Dame ha sido escenario de nupcias, coronaciones, funerales y hasta de suicidios. Testigo silente de varios siglos de la Historia de Europa, aunque sus mayores heridas las sufriera desde Época Contemporánea bajo la Revolución Francesa, como ya hemos comentado, y durante las dos Guerras Mundiales. Protagonista de obras de la Literatura de maestros como Víctor Hugo y de numerosas películas y documentales. Símbolo, no sólo, de la Cristiandad, sino, además, de los valores de la Cultura Occidental. Notre Dame es parte de todos nosotros.

Reseña bibliográfica:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 22, Editorial Espasa – Calpe, Madrid 1992

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Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (I)

“… Ha caído la noche y los bárbaros no han venido… Y entonces ahora, ¿qué va a pasar con nosotros sin los bárbaros? Al menos esa gente era una cierta solución”

Cavafis, “Esperando a los Bárbaros”

Bárbaros y Romanos en Hispania [400 – 507 A.D.]” es una obra del Profesor Javier Arce Martínez publicada por vez primera en el año 2015 por la editorial Marcial Pons Historia. A lo largo de sus más de trescientas páginas, el autor hace un exhaustivo recorrido por un siglo tan determinante para la Historia de España como lo fue el siglo V d.C.

Javier Arce Martínez (1945) es un historiador y arqueólogo español muy reconocido en el entorno académico, tanto nacional como internacional. Ejerce su tarea docente e investigadora en instituciones tan prestigiosas como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde trabaja como Profesor de Investigación, habiendo dirigido la Escuela Española de Historia y Arqueología a él adscrita en Roma, y la Universidad de Lille, en Francia, donde imparte sus enseñanzas como Profesor de Arqueología Romana. Así mismo, ha coordinado junto con I. Wood y E. Chrysos el programa científico de la European Science Foundation “The Transformation of the Roman World”. Colaborador en numerosas publicaciones, es autor de una veintena de obras entre las que destacan “Funus Imperatorum: Los Funerales de los Emperadores Romanos” (1990), “El último Siglo de la Hispania Romana” (2009), “Esperando a los Árabes: Los Visigodos en Hispania (507-711)” (2013) o ésta que nos ocupa, motivo del presente trabajo, “Bárbaros y Romanos en Hispania 400-507 A.D” (2007).
En la fotografía, le vemos dando una conferencia en la sede de la Diputación de Valladolid.

El siglo V en Hispania viene marcado por dos hechos fundamentales, la ausencia de documentación y la presencia, desde el año 409, de una serie pueblos denominados “bárbaros” que van a establecerse en el territorio que romanos e hispanorromanos habían ocupado durante seiscientos años. La fuente de inspiración para la visión personal del Profesor Arce es el poema de Cavafis “Esperando a los Bárbaros”. Los romanos necesitaban a los bárbaros como garantía del sostenimiento de su economía: agricultura, ejército y fronteras, y contribución fiscal dependían de ellos. En la Península Ibérica no se ansiaba su presencia, pero, tampoco se produjo una situación de rechazo. Es innegable que su llegada contribuyó a dinamizar la sociedad hispanorromana, con ayuda del cristianismo, ortodoxo o herético. Hasta la venida de los musulmanes a territorio hispano, tres siglos habrían de transcurrir, el siglo V, de transición, el VI, de dominio visigodo, y el siglo VII, de esplendor y posteriores decadencia y desmoronamiento.

Bárbaros y Romanos
                                         Obispo Hidacio

Para el obispo Hidacio (o Hydacio), el siglo V no pudo haber comenzado de peor manera. Como refleja en su “Chronica”, el eclipse de sol acontecida en la Gallaecia del año 401 no era sino un mal augurio, una señal admonitoria a la que otras seguirían, preámbulo de una nueva época regida por el caos absoluto. Suevos, vándalos y alanos eran ingressi Hispanias, pueblos que habían entrado en territorio peninsular. Su presencia y la propagación de la epidemia de peste pronto les identificaría con los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Hambre, Guerra, Bestias Feroces y Peste. Hidacio recurre al sensacionalismo exacerbado a fin de dar una imagen apocalíptica de una invasión, la bárbara, sobre la que el resto de crónicas de la época demuestra muy poco interés. El contexto histórico de Hidacio nunca trascendió la Gallaecia. Un problema sobre el que la Arqueología poca luz puede arrojar, dada la dejación con que se aproxima al modus vivendi romano. En cualquier caso, el análisis en profundidad de los hechos no desvela, ni mucho menos un panorama tan desolador como el descrito por este obispo.

El fin de la Hispania romana tiene su germen en la usurpación protagonizada por Constantino III en Britannia. En la vecina Gallia, suevos, vándalos y alanos ya deambulaban por su territorio, tras haber cruzado el Rin en 406. Constantino III era un personaje irrelevante, portador, eso sí, de un nombre glorioso, única razón de su proclamación. Si bien no estuvo exenta de cierta resistencia, Hispania acabaría por unirse a las huestes del usurpador en su lucha contra Honorio y Teodosio. Los movimientos de tropas fueron recurrentes, buena parte de ellas eran de carácter privado, propiedad del señor de la villa, y las luchas de poder, entre Gerontius (o Geroncio), Constante, Constantino III y Teodosio, continuas.

La primera pregunta que tendríamos que plantearnos es ¿por qué los bárbaros entraron en Hispania? Diversos autores, Olympiodoro, Salviano de Marsella, Zósimo, han tratado de darle respuesta, unos, desde posiciones más realistas; el resto, desde postulados más providencialistas. La explicación más plausible sería la de un pacto con Geroncio y en contra de Constantino III por el cual los bárbaros habrían cruzado los Pirineos en octubre de 409 y habrían sido nombrados foederati de aquél al año siguiente. Geroncio se subleva en Hispania, en la Gallia y en Britannia se alzan contra Constantino III, también. Máximo es nombrado emperador por Geroncio. Establecerá su corte en Tarraco y ordenará acuñar moneda en Barcino. Usurpador a la vez que restaurador (restitutor), y salvador de la República, no deja de ser un hombre de paja de en manos de Geroncio, uno de sus clientes hispánicos, aunque las fuentes apenas se refieren a su relación.

Bárbaros y Romanos
                               Constantino III y la Numismática

Nunca había habido usurpadores en Hispania, salvo por Cornelius Priscianus en 145 d.C. La de Máximo era una doble usurpación, contra Constantino III y contra Honorio, si bien éste pronto se percató que era una manera conveniente de debilitar a aquél. Poco sabemos de sus actuaciones políticas, salvo el acuerdo alcanzado con suevos, vándalos y alanos en 411. Emitió moneda de estilo imperial, no solidi, pues no había oro para tal fin. Es posible que quisiera dominar la Gallia. Sea como fuere, Geroncio tenía vía libre para acabar con sus rivales. Constantino III y Juliano, su hijo, serían ajusticiados, para que sirviera de escarnio a los que osaran usurpar, en clara alusión a Máximo. Acabaría sus días exiliado, viviendo entre los bárbaros con los que había pactado. Los mismos que errarán por la Península Ibérica, sobreviviendo gracias al pillaje y saqueo que Hidacio magnifica en su “Chronica”. Personalizaron el sistema impositivo romano en la figura del tyrannus exactor, el recaudador de impuestos, que ejercieron en las urbes, no así en el fundus. En lo que a fiscalidad se refiere, bárbaros y romanos venían a representar lo mismo. Unos bárbaros protegían a los hispanorromanos de otros. Finalmente, cambiarán la espada por el arado, gracias a la autoridad romana bajo Máximo. Como Salviano de Marsella afirma en sus escritos, “los hispanorromanos prefieren vivir bajo los bárbaros que bajo el injusto yugo al que los romanos les someten”, que afectaba tanto a nobles como a pobres. El sistema romano perduró mediante un modelo de convivencia en unos territorios que la Diplomacia y los ejércitos de Honorio intentarían recuperar.

Llegados a la cuestión territorial, surgen ciertas dudas. Si hacemos caso a Hidacio, los vándalos asdingos se habrían establecido en Gallaecia Occidental. Los suevos, en su franja oriental. En la Carthaginense y Lusitania, los alanos. Los vándalos silingios, en la Bética. Todos ellos comandados por su respectivo rey, Genderico, Hermerico, Addax y Fredbal, respectivamente. ¿Qué sucedió con las tres provincias restantes? Lo más factible es que la Tarraconense, la Balear y la Mauritana Tingitana hubiesen quedado en manos romanas. El reparto fue desigual porque el número de bárbaros era tan escaso como el conocimiento del territorio que pretendían manejar.

Ataúlfo fue el primer rey visigodo establecido en Hispania. Cuñado de Alarico, sirvió como mercenario a Honorio contra los usurpadores y él y los suyos fueron recompensados con la hospitalitas en Burdigalia (Burdeos). Pero el desabastecimiento que sufrieron le llevaría a levantarse contra el emperador. Al igual que hiciera Geroncio con Máximo, Ataúlfo encontró en Attalo a su hombre de paja. Pero el bloqueo desde Rávena no cesaba y Ataúlfo, con el respaldo de la aristocracia galorromana, se desposó en 414 en Narbona con Gala Placidia, hermana del emperador, secuestrada por Alarico.

Bárbaros y Romanos
                                                                    Gala Placidia

Placidia representaba la dinastía teodosiana. En virtud de su matrimonio, Ataúlfo emparentaba directamente con la casa imperial a la que había jurado defender. Consciente de que un Estado necesitaba leyes, conservó el corpus legis romano. Presionado por Constancio, Ataúlfo se dirigió a Barcino, en donde su hijo con Placidia moriría. Allí sería él asesinado en 415. Puede que la corte goda no aprobase su política pro romana. Antes de morir, pidió a su hermano que devolviera a Placidia y que conservase la amistad con Roma.

Por orden de Sigerico, el nuevo rey coronado ese mismo año, todos los sucesores de Ataúlfo fueron asesinados. Pero su reinado fue efímero. Tras haber humillado públicamente a Placidia, haciéndola desfilar, junto con otros prisioneros, delante de su montura, Sigerico fue asesinado y sustituido por Valia. Attalo hubo de exiliarse en Lípari. Valia optó por cruzar el Mediterráneo para alcanzar África, el granero de Roma, dada la situación de escasez que su gente sufría. Fracasó, y hubo de firmar la paz con Roma en 416, y comprar trigo a los vándalos a precios desorbitados. Finalmente, el grano prometido llegaría y, a cambio, Valia y sus huestes emprenderían campañas contra suevos, vándalos y alanos. Constancio les proporcionó tierras con carácter definitivo. En 418, les permitió asentarse en Aquitania, al otro lado de los Pirineos. Tras la muerte de Valia, los godos se asentarán de nuevo en Hispania a finales de siglo.

En 418, Honorio envía una carta, de enigmático contenido, a sus tropas acantonadas en Pompaelo (Pamplona). Una petición, al parecer, a la milicia de la ciudad. La misiva constituye un ejemplo de sacrae litterae imperial, y va dirigida a todos los soldados, con menciones especiales. El emperador les promete equiparar su salario al de otras tropas, como las de la Gallia. ¿Razones? Desde 407, Honorio iba de fracaso en fracaso, Gallia, Britannia, Hispania, en todas ellas habían surgido usurpadores. Habiéndose deshecho de Geroncio y de Constantino III, aspiraba a recuperar el conjunto de la diócesis. Las victorias de Valia sobre suevos, vándalos y alanos merecían una recompensa especial, como las tierras en Aquitania.

Bárbaros y Romanos
El Emperador Bizantino Honorio, de Jean Paul Laurens (1880)

Su segundo intento de usurpación le costaría la vida a Máximo. Los bárbaros deseaban integrarse en el modelo romano. Constancio es designado emperador por Honorio en 421 y recuperará la diócesis casi en su totalidad. Desde Pompaelo, las tropas leales al emperador, que habían venido especialmente para la ocasión, le ayudaron a derrotar a Máximo, motivo de su agradecimiento hacia ellas.

Vándalos asdingos y silingos cruzaron los Pirineos en 409 hacia Hispania. Habían compartido territorio en la Gallia con suevos y alanos, unas veces con Roma o apoyando revueltas en otras. Unidos, alcanzaron la Península Ibérica. Según Plinio, Tácito y otros autores, los silingos provenían de la actual República Checa. Los asdingos, de la Dacia romana, en la actual Rumanía. De éstos fue Visimar su primer rey, que estableció mayores contactos con Roma que con los silingos. Eran nómadas, se enrolaban en las tropas romanas como mercenarios. Se desplazaron hacia Occidente en busca de tierras y sustento. A estos grupos se les permitió cruzar los Pirineos para que apoyaran a Geroncio contra Constantino III. Lo hicieron con sus familias y convenientemente aculturizados por Roma, incluso sus necrópolis emulaban las de los romanos.

La división territorial llegaría después. Suevos, vándalos y alanos eran súbditos del usurpador Máximo. La superioridad de los alanos sobre vándalos asdingos y suevos se hizo patente. Las provincias que ocupaban, Lusitana, Carthaginense, Bética y Gallaecia, eran las más ricas y productivas, trigo y aceite, claros objetivos para los romanos desde 417. Enviaron a Valia para su recuperación, aniquilando a silingos, y a alanos en Lusitania. Los supervivientes de estos últimos quedaron bajo protección de Gunderico, rey de vándalos y alanos. Así, las provincias Lusitana, Carthaginense y Bética se vieron desprovistas de bárbaros. Los que escaparon se establecerían en la Gallaecia.

Tras haber conseguido estas victorias, el ejército de Valia regresó a Aquitania. Gallaecia quedaba abandonada a su suerte. El conflicto entre bárbaros no tardaría en estallar. Los romanos, comandados por Astirius, se pusieron de parte de los suevos. Decidido a acabar con los vándalos, Honorio envió un magister millitum, que salió derrotado, según Hidacio, por la deserción del contingente godo. Desde ese momento, los vándalos pondrán en marcha una política de expansión que los llevará a las Baleares, continuando hacia Carthago Spartaria, Hispalis y la provincia Tingitana, una sucesión de tentativas y actos de saqueo y pillaje más que una serie de conquistas como tales.

Romanos y Bárbaros
Los vándalos de Genserico en el Saqueo de Roma, de Heinrich Leutemann (~1870)

En 428, Gunderico ocupa Hispalis y profana su iglesia. El suevo Heremegario hará lo propio en Santa Eulalia de Mérida. A Gunderico le sucede Genserico, su hermano. Pese a la fertilidad de la Bética, puso rumbo a África en 429, una región con los mismos recursos y, en aparencia, más segura. Lo hicieron confiscando todas las embarcaciones que encontraron. Allí, gracias al comes Africae Bonifacio, no se les opuso resistencia, pero, desde la Península, las tropas suevas de Hemeregario les pisaban los talones.

Para los romanos, los vándalos eran un peligro, tanto por tierra como por mar. Eran de confesión católica, hasta que Genserico abrazó el arrianismo, todo un apóstata, según Hidacio. Dado su número, no pudieron ejercer un control total del territorio, pese a las armas, necesitaban las leyes romanas, estaban condenados a entenderse. En otros órdenes, edificaciones, armas, vestimenta, cerámica, la Arqueología si ha detectado diferencias. El vandalismo que se les achaca no fue tal, respetaron las estructuras existentes en su propio beneficio. Su impronta cultural resultó escasa, más bien, se marcharon como habían venido, al servicio de Roma.

Los alanos tuvieron un papel muy poco relevante. Isidoro de Sevilla no los menciona en su “Historia Gothorum et Suevorum”. Eran un pueblo estepario, de origen iranio, no germánico, de religión pagana y dedicados al nomadismo pastoril. Se pusieron al servicio de Teodosio y de otros emperadores romanos a los que se habían unido en 407 con su rey Goar en la Gallia. Bajo otro monarca, Rependial, alcanzan Hispania en 409. Ayudaron a Ataúlfo y a Máximo y, tras el reparto provincial, se hicieron con la Lusitana y la Carthaginense. Addax era su rey en Hispania. Pese a su superioridad sobre el resto de pueblos, fueron barridos por el ejército de Valia. Los que sobrevivieron quedaron bajo la protección de Gunderico hasta que éste cruzó el mar hacia África. No se ha encontrado huellas de los alanos en Hispania, salvo trazas toponímicas y arqueológicas en Gallaecia. Crónicas de destrucción alana, tampoco. Este pueblo se cohesionaba en torno a su rey, cuya sucesión era una cuestión de capacidad, no de linaje.

Romanos y Bárbaros
                                Pueblos bárbaros en Hispania a inicios del siglo V

A los suevos, artífices de la “infellix Gallaecia”, según Hidacio, les reprocha éste su incumplimiento de los pactos que habían sellado con godos y romanos. Constituían el pueblo menos numeroso, pero, perduraron más que el resto, hasta el siglo VI, cuando fueron aniquilados por Leovigildo. De origen germánico centroeuropeo, acabarían por dedicarse a la agricultura y sedentarizarse. Tras el reparto provincial del año 411 se quedan con la Gallaecia. Su territorio tenía salida al mar, hacia Lusitania, lo que lo hacía muy apetecible para los vándalos de Gunderico quien, en 419, intentó bloquear a los suevos de Hermerico en los montes Erbassios. Los romanos apostaron por ellos y los vándalos volvieron a la Bética, lo que permitió a los suevos moverse libremente por toda Gallaecia hasta Asturica, protagonizando razzias hacia Lusitania, Carthaginense y Tarraconense. Unas operaciones de saqueo que también desplegaron en la propia Gallaecia, prueba de que no la dominaron en su totalidad. Se establecieron en Bracara, prácticamente, y en Lucus (Lugo) y en Asturica. Rechila, su rey, lo intentó en Emerita.

Conscientes de su necesidad de integración en la sociedad hispanorromana, los suevos tomaron rehenes de clase alta para negociar acuerdos. La epigrafía sueva, como ocurre con el resto de pueblos, aparece en África, no en Gallaecia. Vivían de la razzia y de la negociación, en torno a su rey. En el caso de Hispania, el primero fue Hermerico, a quien sucede Rechila, y a éste, Rechiario, no sin cierta oposición, quizás, por ser hijo ilegítimo. Una monarquía, pues, de carácter hereditario. Rechiario casará con la hija del rey godo Teodorico I, emprenderá campañas en Gallaecia y consolidará el reino suevo. En Bracara, su capital, ordenará emitir moneda, siliquae de plata, lo que le ponía a la altura del emperador. El romano Avitus y el godo Teodorico II iniciaron una campaña contra él y acabaron con su linaje. Surgieron dos reyes suevos, Maldras y Framtame, que actuaban con independencia, una debilidad que los godos supieron aprovechar. Fueron asesinados y la disputa por el trono provocó luchas fraticidas protagonizadas por Frumario y Rechismundo. Los suevos se regían por la lex romana, intercambiaban embajadas, verdaderos centros de negociación, una seña de identidad propia de la cultura y del refinamiento que caracterizaban al mundo romano. Pese a los acontecimientos que Hidacio narra en su “Chronica”, el suevo es el primer rey bárbaro convertido al catolicismo y en emitir moneda.

Máximo, probable autor de “Chronica Caesaragustana” (s.VI), obispo de esa ciudad, separa dos momentos clave, el de la entrada de los visigodos en Hispania y el de su establecimiento, entre los cuales la resistencia que los locales mostraron fue notoria. Dados sus conflictos en la Gallia con romanos, francos y burgundios, los visigodos buscaban la fundación de un reino independiente, y lo consiguieron en la Península Ibérica. Constancio los utilizó para derrotar a los otros pueblos bárbaros, recompensándolos sólo con su establecimiento en Aquitania. Numerosas eran las razones estratégicas para ello. Pero las derrotas estaban por llegar. En 422, los vándalos vencen a Astirius, por la defección del contigente godo, pasándose al bando alano.

Los episodios de los años 431 y 446, protagonizados por Vetto y Vitus, respectivamente, prueban el interés godo por Hispania. En 456, el godo Teodorico infringe a los suevos una tremenda derrota. Tras el apresamiento de Rechiario, los suevos nombran rey a Maldras. Teodorico pretendía conquistar Lusitania, así, se instaló en Emerita, su capital. Pero la muerte de Avitus le hizo volver a la Gallia. De camino, parte de sus tropas saqueó Asturica y ciertas localidades palentinas y leonesas. Teodorico envió al dux Cyrila a la Bética en 458, año que autores como Thompson consideran el comienzo de la presencia goda en esa provincia hasta la invasión islámica del 711. Sin embargo, la presencia goda fue, más bien, una presencia militar itinerante. Desde 466, ya con Eurico, se produce la progresiva ocupación de Hispania, empezando por la Tarraconense, bastión romano. Eurico asesinó a Teodorico, morbus gothorum. Habría que esperar al año 497 para hablar de la entrada triunfal de las tropas y del pueblo godos, ya bajo Alarico II, según el obispo Máximo. En 585, Leovigildo acabaría de una vez por todas con el reino suevo.

Los godos practicaron el arrianismo hasta que Recaredo consiguió su conversión tras el III Concilio de Toledo. La presencia goda se hizo patente en el entorno urbano, sobre todo, que aprovecharon y reutilizaron convenientemente, imitando el modelo romano. Así queda atestiguado en los establecimientos de Teodorico, Ataúlfo y Leovigildo en Emerita, Barcino y Toletum (Toledo), respectivamente.

 

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Fernando Díaz Villanueva

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Blog de Jose Luis Escribano

 

Bárbaros y Romanos en Hispania, 400 – 507 A.D. Recensión (II)

Bárbaros y Romanos
                                                           Agustín de Hipona

Como en épocas anteriores, el siglo V fue un periodo de inseguridad, sobre todo, en el entorno rural, donde ladrones y salteadores de caminos campaban a sus anchas. Así se refleja en las referencias que Consencio hace a los bárbaros que roban libros en su carta a Agustín de Hipona, y en los textos de Hidacio en los que menciona la presencia de piratas norteuropeos en el Cantábrico y trata la cuestión de la bacaudae, la bagauda. A lo que habría que sumar los episodios recurrentes de resistencia local frente al poder romano y la presencia goda.

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La Guerra de los Mundos, la Emisión que Aterrorizó a un País

Este 30 de Octubre se cumple el 80 aniversario de la adaptación de la obra de H. G. Wells “La Guerra de los Mundos” (1898) realizada por Orson Welles (1915-1985), un genio de la Radio, el Cine y el Teatro que, través de las ondas, provocó un brote de pánico entre parte de la audiencia que sintonizaba ese dial aquel día, si bien el episodio fue en cierto modo exagerado, dado el seguimiento de un programa que no era precisamente mayoritario. Dejando a un lado la cuestión de las cifras, ya se atisbaba la enorme influencia que, para bien o para mal, los medios de comunicación ostentarían en las décadas siguientes. Repercusión, sí que la tuvo, dadas las airadas críticas que los productores tuvieron que sufrir por parte de la prensa escrita, que pidió la intervención de la Comisión Federal de Comunicación. Al día siguiente, Welles declaró a los periódicos que no pensaron en una reacción de ese calibre. Sin embargo, su prestigio profesional quedó más que afianzado, el inicio de una carrera cinematográfica como director que es parte inseparable de la historia del Séptimo Arte, legándonos títulos inolvidables como “Macbeth”, “Otelo” o “Ciudadano Kane”.

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150 Años del Descubrimiento de la Cueva de Altamira

Sautuola
                                                       Bisonte de Altamira

Con motivo del descubrimiento de la Cueva de Altamira hace ya siglo y medio, en la localidad cántabra de Santilla del Mar, la plataforma Google Arts & Culture, en colaboración con el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, se ha descolgado con la publicación de una exposición digital y de un doodle para conmemorar tan importante aniversario.

Si bien sus descubridores, D. Marcelino Sanz de Sautuola y su hija María, ya la conocían desde 1868, no sería hasta 1875 cuando la niña accedió, por vez primera, a la sala que exhibe las magníficas representaciones que todos conocemos, en las que la pequeña creyó ver bueyes, y así se lo hizo saber a su padre.

Sin embargo, el hallazgo de la Capilla Sixtina del Arte Prehistórico, como ha sido denominada desde entonces, se tornó en un calvario para D. Marcelino, quien tuvo que soportar las críticas y el desprecio de una comunidad científica – francesa, especialmente – que, como en otras tantas ocasiones, en absoluto se hallaba preparada para aceptar una revelación tal. El valor de sus pinturas y el trabajo de D. Marcelino no serían reconocidos hasta muchos años después.

Sautuola
                                 Padre e hija en unas fotografías de la época

Puesto que sólo un reducido número de visitantes al año puede visitar la cavidad original, a fin de evitar su rápido deterioro y garantizar su conservación, para facilitar el acceso masivo del público interesado en conocer esta joya de nuestro patrimonio cultural se construyó la llamada Neocueva, una réplica exacta de la primera. Inagurada en 2001, su contemplación resulta igualmente toda una experiencia, como tuvimos ocasión de comprobar en un viaje por tierras cántabras. Visita que recomendamos encarecidamente a todos aquellos que aún no la conozcan.

 

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Varego

Varego.  Del Nórdico antiguo Væringjar, en Griego Βάραγγοι, Βαριάγοι, Varangoi, Variagoi, en Ruso y Ucraniano Варяги, Varyagui/Varyahy, en Árabe varank.

Los varegos, también llamados varangios, varengos o varyágs, eran vikingos que, desde Suecia, recorrieron las vías marítimas y fluviales hacia el Este y Sur, cruzando las tierras de las actuales Bielorrusia, Rusia y Ucrania, entre los siglos IX y X.

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                                                      La Guardia Varega

Consiguieron introducirse en el ámbito bizantino, llegando a formar parte de los soldados que velaban por la seguridad de la Corte del Imperio Romano de Oriente, en la que jugaron un papel fundamental entre los siglos X y XIV. Los varegos, como hemos comentado, eran de origen escandinavo, gente intrépida y guerrera. Fue tal la fidelidad que mostraron hasta la muerte misma en numerosas ocasiones lo que les hizo ganarse una confianza que los propios súbditos bizantinos no disfrutarían.

La Guardia varega se constituye bajo el emperador Basilio II, apodado ‘asesino de búlgaros’, cuando Vladimir I de Kiev le envía en el año 988 un contingente de 6.000 hombres del Norte tras los acuerdos con él alcanzados. Su papel no se circunscribía sólo a la Corte, pues tomaban parte en el campo de batalla, también, si las circunstancias así lo requerían. A finales del siglo XIII, los varegos habían sido étnicamente asimilados por los bizantinos, aunque muchos de sus ciudadanos siguieron identificándose como varegos hasta bien entrado el siglo XIV.

Referencias bibliográficas e imagen:

Arqueología e Historia de Numancia

Numancia, Arqueología e Historia
                                                  Plano topográfico de Numancia

En este 2018, Año Europeo del Patrimonio Cultural, y habiendo celebrado en 2017 el 2150 Aniversario del Asedio y Caída de Numancia, se acaba de publicar un libro interactivo editado por Jose María Luzón y Mª del Carmen Alonso, con textos a cargo de Alfredo Jimeno Martínez, un trabajo de investigación histórica y arqueológica excelente en cuya confección se ha empleado las técnicas más modernas de prospección de yacimientos.

Numancia, Arqueología e Historia
Representaciones de caballos en cerámicas numantinas, según Wattenberg, 1963

La obra se compone de ocho capítulos, que ponen a la ciudad en su contexto histórico, más un prólogo, un epílogo, y un apéndice. Este último nos ofrece toda información digital con la que se ha trabajado: Georradar, Fotografía 3D, Bases de Datos, así como Bibliografía y Hemeroteca. Con la posibilidad de ser leído directamente tanto en Inglés como en Alemán. Un proyecto, en nuestra opinión, ambicioso y de resultados más que meritorios, que podéis disfrutar en este enlace:

Numancia, Arqueología e Historia

 

Imágenes:

Agradecimientos:

A nuestro amigo y seguidor Javier Martínez, por habérnoslo hecho llegar.

Palimpsesto

Palimpsesto. Del Latín palimpsestus, y éste, a su vez, del Griego παλίμψηστος palímpsēstos. De pálin, nuevamente, y de psáos, borrar.

Palimpsesto
                     Codex Nitriensis, copiado en el siglo IX por el monje Simeón

En Paleografía se conoce por palimpsesto a todo antiguo manuscrito que evidencia las huellas de una escritura anterior que han sido borradas de modo artificial. Esta práctica no se aplicaba al pergamino, exclusivamente, también las tablillas eran reutilizadas de igual manera, y demuestra cuán escasos y apreciados eran estos soportes de escritura.

Como ejemplos, encontramos el Palimpsesto de Arquímedes, un compendio de obras del gran físico y matemático, y de otros autores, que fue sobreescrito para plasmar sobre él los salmos y oraciones de un convento.

Palimpsesto                   Palimpsesto de Arquímedes, antes y después de su restauración

De época visigoda, el Código de Eurico, la primera compilación de leyes propias a imitación de las romanas y que permitió dar el salto de la costumbre a la ley escrita, tal y como Isidoro de Sevilla narra en sus crónicas, ha podido ser reconstruido gracias a los extractos de los nueve folios que componen el Palimpsesto de París, descubierto en la abadía benedictina de Saint Germain des Prés y conservado en la Biblioteca Nacional de París, y al trabajo de Álvaro d’Ors y Pérez-Peix, jurista y uno de los mejores romanistas que ha dado el siglo XX.

Sobre el Palimpsesto del Codex Nitriensis, fotografía de cabecera, observamos que el texto visible en horizontal, ‘scriptio superior’, es una copia en Siríaco de un tratado de Severo de Antioquía, mientras que en el texto vertical, más borroso, apreciamos la ‘scriptio inferior’, que en este volumen corresponde a copias del de la Ilíada, de los Elementos de Euclides y del Evangelio de Lucas, datadas en el siglo V d.C.

 

Bibliografía e Imágenes:

  • Diccionario Enciclopédico Espasa, vol. 22, Editorial Espasa Calpe, S.A., Madrid 1992

 

La Verdadera Historia del Monumento al Ángel Caído del Parque del Buen Retiro

Monumento al Ángel Caído
                                                          La Caída de Lucifer

Recuperamos hoy un artículo sobre un conjunto escultórico que, en su momento, desató una fuerte polémica, lógico, por otra parte, si nos remontamos ciento veinticinco años en el tiempo, hasta finales del siglo XIX. No es el único que se ha esculpido tomando como modelo la imagen de Lucifer, el Ángel de Luz que se rebeló contra Dios, de hecho existen otros, pero, quizás ninguno de ellos muestre tanta belleza como el que nos ocupa.

Antes de pasar a su contenido propiamente dicho, queremos hacer unas puntualizaciones. Para nosotros, como para cualquier historiador que se precie de serlo, la base de todo artículo ha de sustentarse en la información veraz, imparcial y contrastada, siempre. Bastantes errores de bulto y bulos circulan ya, no sólo por Internet, como para no acogerse a esta premisa, aunque reconocemos que no siempre es fácil separar el trigo de la paja. A nosotros así nos habría ocurrido con esta historia si no hubiese sido por la ayuda inestimable que nuestra compañera de carrera Alejandra Hernández Clemente nos brindó en su momento. Y no por falta de rigor o voluntad por nuestra parte, no, sino por la escasa información de la que se disponía al respecto y por la gran cantidad de errores que han sido asimilados como verdades, algunos de ellos subscritos por catedráticos que, como bien sostiene Alejandra, “han hecho un flaco favor a la Historiografía”. Ella ha estudiado en profundidad la figura de Bellver, personaje en torno al cual gira su Tesis Doctoral, un trabajo publicado por la Universidad Complutense de Madrid, que es de libre acceso, que podéis consultar en el enlace correspondiente al final del artículo y que deja al descubierto todas las inexactitudes, intencionadas o no, que se han dado por válidas sobre este episodio de la vida madrileña casi a comienzos del siglo XX.

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Diccionarios, Acervo Popular y Mundo Digital

Vivimos en un mundo que se va digitalizando a la misma velocidad con la que está perdiendo su alma. Vemos como los medios de papel, por ejemplo, parecen estar condenados a desaparecer definitivamente, sin importar su temática o su adscripción cultural, incluso política. Y es que andamos inmersos en la era de la inmediatez, en la que todo es tan rápido como efímero. En ese sentido, desde el blog pensamos que tampoco corren buenos tiempos para los diccionarios en soporte físico. Siempre resultará más cómodo acceder a un buscador desde cualquier dispositivo conectado a la red y, en cuestión de segundos, conseguir esa información que necesitamos. Todo lo digital es muy rápido, si, pero, en nuestra opinión, culpable de que acabemos perdiéndonos la esencia, lo mejor de todo ello.

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