El Surgimiento de la Medicina en la Antigüedad

Medicina (de la voz latina medicina, que deriva de mederi, que significa 'curar', 'medicar'), ciencia formada por un conjunto de conocimientos y técnicas aplicados a la predicción, prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades humanas y, en su caso, a la rehabilitación de las secuelas que puedan producir
Medicina en la Antigüedad
                      Báculo de Asclepio

Los inicios de tan noble disciplina tuvieron mucho que ver con el mundo de las creencias religiosas. Se pensaba que la enfermedad era la consecuencia de una maldición divina que los dioses cernían sobre los hombres por sus malas artes, y que una vez que se había presentado, sólo quedaba ya manifestar arrepentimiento mediante plegarias y sacrificios, ofrecidos tanto a dioses como a demonios, con nulos resultados en todos los casos.

Surgen así en Mesopotamia diferentes figuras que, sin abandonar por completo la práctica de la magia de sanación, intentarán encontrar una explicación más terrenal de las causas de esas patologías. 

Encontramos al sanador, asú, que prepara pócimas y ungüentos, y al hechicero, asipu, que practica la magia y los ritos ancestrales, namburbi, para ahuyentar los males. Serán los sanadores los primeros en reseñar los síntomas de las diferentes dolencias y sus posibles remedios.

El primer documento que lo atestigua se redactó en Nippur en el año 2100 a.C. Contiene una lista de remedios para curar diversas heridas. Posteriormente, se procedería a registrar los datos de los enfermos en tablillas de arcilla, tal y como aparecieron en la biblioteca del rey asirio Asurbanipal. El contenido de estas tablillas puede considerarse la primera muestra de ‘anamnesis‘ [1] conocida .

La actividad de los asú y asipu la encontramos recogida y regulada en el Código de Hammurabi, que la considera de carácter hereditario, una ocupación que va pasando de padres a hijos. Encontramos a los primeros cirujanos, también, que ya venían ejerciendo como tales desde el Tercer Milenio a.C. Las primeras especialidades, por así llamarlas, en aparecer no van más allá de la mera identificación del mal y de la búsqueda de su posible tratamiento, si bien es aún demasiado pronto para acertar con la posología adecuada. Al no practicar la disección de cadáveres, los conocimientos de Anatomía y de Fisiología de estos galenos primitivos resultaban del todo deficientes. Con el tiempo, los asú y asipu se constituirán en un solo estamento.

Los métodos de adivinación se basaban en el estudio de los astros, pero pronto harían uso de otras estrategias como:

  • Libanomancia, u observación de cómo el incienso ardía al ser arrojado al fuego y del humo que emitía, practicada muy especialmente en Ninfeo, un antiguo asentamiento escita junto al Estrecho de Kerch, entre el Mar Negro y el Mar de Azov, en el que los griegos establecieron un emporio, un centro comercial y de intercambio, en el siglo VI a.C.
  • Lecanomancia [2], u observación de la forma que adquieren las gotas de aceite cuando son vertidas sobre agua.
  • Aruspicina, la más científica de todas, que consistía en la observación de las entrañas de los animales y sus vísceras. Una práctica a la que se recurría muy especialmente en China, Sureste Asiático y Oriente Medio, desde donde se extendería hacia Asia Menor y el Mediterráneo. La modalidad más antigua era la hepatoscopia u observación del hígado, que resulta sumamente curiosa dada la falta de conocimientos que les impediría, sin duda, tomar conciencia de la importancia de un órgano que se comporta como un verdadero laboratorio dentro del cuerpo humano.

En Asiria, el chamán, barú, pregunta al oráculo, que le señalará las vísceras para que aquél las inspeccione y sea capaz de emitir un diagnóstico. Con la práctica, el chamán llega a tener cierto conocimiento de las mismas, plasmando en tablillas de arcilla cómo poder distinguir las vísceras sanas de las enfermas.

Los médicos de la Antigüedad hacían un seguimiento especial de los nacidos con deformidades. Los partos múltiples, por otra parte, eran considerados como un mal augurio.

La Medicina en la Antigúedad
Tratamiento de migrañas en el Antiguo Egipto

En el Antiguo Egipto, encontramos que la Medicina dependía en gran medida de la religión y de la magia. Mediante observación directa, los a ella dedicados empezarían a acumular experiencia. Los egipcios alcanzaron un cierto nivel de conocimientos que más tarde plasmarían en el “Libro Secreto del Sanador”, una obra en la que se recogía tres clases de oficios:

  • Exorcista, que imploraba el favor de los dioses Thoth, Anubis e Isis, para con su ayuda expulsar a los demonios y espíritus malignos causantes de la enfermedad.
  • Sacerdote de Sekhmet, Señora de las Pestilencias, que preparaba el enfermo para su curación.
  • Médico, que actuaba sólo si el paciente reconocía su “culpa” y se comprometía a una restitución.

Como vemos, la magia y el mito suplen las carencias de una disciplina que aún no está provista de un acervo científico, que trata los síntomas de las enfermedades pero no busca las causas.

Sin embargo, la especialización llegará, trayendo consigo la jerarquización. Tras proceder al examen riguroso del enfermo, éste encontrará a su disposición una serie de remedios, eficaces en unos casos, inocuos en otros, siempre que su dolencia sea tratable. Se aplica una Medicina empírico-racional, que va a vivir su declive entre los años 1550-1070 a.C., coincidiendo con la llegada del Imperio Nuevo.

Se enseña Medicina en las llamadas Casas de la Vida, que se encuentran adosadas a los templos egipcios. La que ostentó mayor renombre fue la de Menfis, en la que se formaron personajes tan relevantes como Tales de Mileto (aprox. 625-aprox. 547 a.C.) y, casi con total seguridad, Pitágoras (570-469 a.C.). Estas escuelas manejaban los conceptos de armonía, equilibrio, fuerzas y contrarios, y consideraban que el aire era elemento esencial, que frente al caos traía el orden, y constituía un soplo de vida que se desvanecía con la muerte.

Identificaron una red de cuarenta y seis canales, metu, por la que discurrían los fluidos humanos. Si éstos se encontraban en flujo y en equilibrio, se alcanzaba el estado de salud. Los papiros encontrados por Ramesseum, Smith y Heart, entre otros, sugieren la práctica de la disección, describen dolencias, afecciones y traumatismos de todo tipo, y proponen remedios y recetas.

El arte de la sanación en Grecia, que ya se se conocía desde Hesíodo y Homero, suscita un interés creciente que se manifiesta en los cuidados que reciben los atletas. Su dios de la salud, Asclepio, es el equivalente del dios egipcio Imhotep, médico y arquitecto antes de ser investido de divinidad. Cuando los griegos se deciden a examinar los fluidos corporales nace la Fisiología. Entre los médicos helenos más importantes encontramos a:

  • Alcmeón, que escribe el primer tratado médico en lengua jónica, la misma que Hipócrates emplearía en sus textos. Alcmeón identifica una serie de factores externos que alteran la salud, que él considera son: calor, frío, agua, aire. La ingesta excesiva de alimento desequilibra los humores. Practicó disecciones y llegó afirmar que el agua provenía del cerebro, el centro de la percepción, del entendimiento y de la memoria.
  • Hipócrates (460-370 a.C.), que identifica todos los principios de las sustancias: sangre, flema, bilis amarilla, agua. Considera que las causas de las enfermedades tienen un origen natural y climatológico, y propone remedios naturales como la dieta, el descanso y los brebajes. Su método se basa en sintetizar síntomas para hallar posteriormente semejanzas. Con excepción de “El Juramento”, escrita por los pitagóricos, su obra comprende unos sesenta trabajos, entre los que podemos destacar “La Enfermedad Sagrada”, dedicada a la epilepsia (que es cerebral, hereditaria y no divina), “Sobre el Corazón” y “Sobre las Cualidades del Médico”.
La Medicina en la Antigüedad
                   Hipócrates 

No sería hasta época alejandrina que las prácticas de disección y vivisección fuesen autorizadas. Entre otros estudiosos, Erasístrato (aprox. 304-250 a.C.) destacó como gran anatomista y fisiólogo. Heriófilo (335-280 a.C.), por su parte, se especializó en el estudio del sistema circulatorio, distinguiendo venas de arterias.

El interés por la Medicina propició la aparición de dos escuelas con diferentes enfoques:

1- La Escuela Empírica de Alejandría, fundada en el siglo II a.C. Presta más atención a la cura que a la enfermedad en sí misma

2- La Escuela Metódica, que tiene en la figura de  (aprox. 129/ 125-40 a.C.) a su referente. Se funda en el siglo I a.C. y se interesa más por el origen de las enfermedades. Entre sus recomendaciones, consumir vino, dadas sus propiedades, y practicar el ayuno y el ejercicio físico pausado. Unos enfoques que podríamos considerar como el augurio de la Medicina Preventiva.

La Medicina en la Antigüedad
  Hipócrates y Galeno, Capilla Benedictina de Anagni, Lazio, s. XII

La expansión del Imperio Romano, especialmente por el Mediterráneo, requirió la puesta en marcha de un dispositivo de asistencia médica, haciendo evolucionar la Cirugía de manera espectacular.

Se crearon los primeros hospitales y enfermerías, y de sus escuelas de Medicina saldrían alumnos tan aventajados como Celso (25 a.C-50 d.C.), autor de “Enciclopedia (Re Medica)” y Dioscórides (40-50 d.C.), autor “De Materia Medica”. Las más importantes en el siglo I d.C. eran:

1- La Escuela Pneumática, fue fundada por Ateneo de Attalia, (?-100 d.C.) que, retomando la teoría de los humores, la adaptará al concepto de ‘pneuma‘.

2- La Escuela Ecléctica, fundada por Claudio Agathinos, seguidor de la doctrina de Hipócrates. Galeno de Pérgamo (129-200 d.C.) no perteneció a esta escuela como tal, pero sus ideas eran eclécticas, básicamente.

Galeno se valió de sus conocimientos adquiridos diseccionando animales e introduciendo analogías, al tiempo que adquiría una notable experiencia en Cirugía, Anatomía y Fisiología gracias a su trabajo curando a los gladiadores. Fue nombrado médico personal de los emperadores Cómodo y Septimio Severo. Tal y como Aristóteles ya había afirmado, Galeno sostenía, igualmente, que cada órgano había sido diseñado para una función específica.

En sus trabajos, Galeno describe la circulación de la sangre, los procesos digestivos, y el intercambio de energía que resulta de la acción metabólica. Pone en relación el temperamento humano con el estado de salud del individuo que lo manifiesta.

Al afirmar que es la propia ‘psique‘ o ‘alma‘ la que con sus tres facultades,

  • racional (autonomía, relación con el mundo exterior)
  • vegetativa (necesidades fisiológicas: nutrición, desarrollo, reproducción)
  • animal (calor, circulación, respiración)

rige el funcionamiento del cuerpo, Galeno se aproxima enormemente a Platón.

La Escuela Pneumática, como ya hemos apuntado, estudiaba todo lo relacionado con el ‘pneuma’, una sustancia volátil que entra en el organismo por vía respiratoria, mezclándose con la sangre y siendo transportada por las arterias, recorriendo el cuerpo en su totalidad. Constituye su fuente de calor, controlando su actividad y buen funcionamiento.

Galeno distingue tres tipos de pneuma, natural, vital y animal, que se desarrollan en el hígado, el corazón y el cerebro, respectivamente. El perfecto estado de salud de un individuo dependerá de su equilibrio y de tres factores, que son la edad, el sexo y la complexión. Por contra, la alteración de dicho equilibrio será causa de enfermedad. Considera Galeno que la salud se ve influida por agentes externos, como son:

  • aire y ambiente
  • sueño e imsomnio
  • secrecciones y excrecciones
  • trabajo y descanso
  • afectos del alma

Interesado por la Filosofía y por el método deductivo de Aristóteles, defenderá, al igual que éste, la hipótesis epigenista, que contempla la aportación genética de ambos progenitores al embrión.

Galeno practicó numerosas disecciones, si bien la búsqueda de analogías, algo común para la época, le conduciría a cometer numerosos errores.

En época medieval, asistimos en Occidente al estancamiento de la Medicina, no así en el orbe musulmán, donde fueron redactados textos originales y se tradujeron otros. Los tres cultos, cristiano, judío y musulmán, rechazaban frontalmente la práctica de la disección, y tanto judíos como musulmanes eran reacios a la práctica quirúrgica, por lo que la Fisiología y la Anatomía prosperaron más bien poco.

Habría que esperar hasta el siglo XIII para empezar a observar progresos. En la ciudad de Bolonia se empezó a autorizar las autopsias. La tarea de diseccionar cadáveres correspondía a los auxiliares, nunca a los profesores.

La Medicina en la Antigüedad
                                                              Andreas Vesalius (1514-1564)

A partir del siglo XV, ya en época moderna, la Medicina se convertirá en disciplina universitaria. Durante el Renacimiento, las hipótesis de Hipócrates y de Galeno empezarían a ser discutidas. En la Escuela de Padua, por ejemplo, se impulsará los estudios de Anatomía y Fisiología, logrando descubrimientos de capital importancia, como el del mecanismo de la circulación sanguínea, una cuestión sobre la que Andreas Vesalius (1514-1564), autor de “De Humani Corporis Fabrica”, uno de los tratados de anatomía humana más influyentes de todos los tiempos, ya había defendido la porosidad del tabique ventricular.

La Medicina en la Antigüedad
Tratado médico de Ibn al-Nafis (1210/13-1288)

En 1618, el médico inglés William Harvey (1578-1657), describía por primera vez y con exactitud la circulación de la sangre y las propiedades de ésta, confirmando las teorías de Descartes sobre el transporte de nutrientes por el sistema circulatorio. Sin embargo, mucho antes, en el siglo XI, Ibn al-Nafis (1210/13-1288), médico árabe natural de Damasco, había dado con lo que vino a denominar “pequeña circulación”, por la que la sangre, lejos de atravesar la membrana ventricular, pasaba de un ventrículo a otro por los vasos pulmonares.

Miguel Servet (1509-1553) abanderó idéntica idea: la sangre no era mezclada con el aire, sino impelida a los pulmones mediante el corazón. Lo hizo en el Libro V de su obra “Christianismi Restitutio”, en la que acometía la primera exposición en el Occidente cristiano de la función de la circulación pulmonar o menor: la sangre era enviada por la arteria pulmonar a la vena pulmonar pasando a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera «de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración». Servet sostenía que el alma era una emanación de la Divinidad y que estaba contenida en la propia la sangre, gracias a lo cual el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Al exhibir tales descubrimientos relativos a la circulación de la sangre tenían un carácter más religioso que científico, se explica que la descripción de la circulación pulmonar esté dentro de una obra de Teología y no de una de Fisiología. Para Servet no había diferencia entre ambos ámbitos, dado que todo obedecía a un mismo gran designio divino.

La Medicina en la Antigüedad
                                 Miguel Servet (1509-1553)

Habiendo iniciado su periplo como tal en el Antiguo Egipto, visto sus tesis madurar y progresar gracias a las escuelas griegas y alejandrinas, la Medicina ha llegado hasta la época actual como una creencia empírica, que se ha diversificado en un sinfín de especialidades. Presenta dos facetas, una, teórica, enfocada al conocimiento del cuerpo y su conocimiento, y otra, harto experimental, que combate la enfermedad y vela por la salud.

En ese itínere, cabe preguntarse si otra Medicina fue posible. En China y en Lejano Oriente, el término salud respondía a una concepción del universo y de los seres que la habitaban muy alejada de los cánones del mundo occidental, lo que resultaba, por añadidura, en remedios muy diferentes. Antes o después, como así sucedió, ambas concepciones de un mismo saber habían de converger hacia un mismo propósito y único fin, el de aliviar nuestro dolor y atenuar nuestro padecimiento.

Aclaraciones:

[1] El término ‘anamnesis‘ se refiere a la información proporcionada por el propio paciente al profesional sanitario durante una entrevista clínica, con el fin de incorporar dicha información a su historial clínico. Consiste en la reunión de datos subjetivos relativos a ese paciente, que comprenden sus antecedentes familiares y personales, signos y síntomas que experimenta en su enfermedad, experiencias y, en particular, recuerdos, que se usan para analizar su situación clínica. Es un historial médico que puede proporcionar información relevante para diagnosticar posibles enfermedades.

[2] El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define también ‘lecanomancia‘ como percepción de los sonidos emitidos por piedras preciosas u otro tipo de objetos al caer en una jofáina.

Bibliografía y recursos web:

Este artículo es, básicamente, un resumen del seminario “La Medicina en la Antigüedad”, de Doña Piedad Yuste, Profesora Titular del Departamento de Filosofía Antigua y Medieval de la UNED, al que he añadido unas pequeñas aportaciones propias.

Biografias y Vidas

Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua

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