La Verdadera Historia del Monumento al Ángel Caído del Parque del Buen Retiro

Monumento al Ángel Caído
                                                          La Caída de Lucifer

Recuperamos hoy un artículo sobre un conjunto escultórico que, en su momento, desató una fuerte polémica, lógico, por otra parte, si nos remontamos ciento veinticinco años en el tiempo, hasta finales del siglo XIX. No es el único que se ha esculpido tomando como modelo la imagen de Lucifer, el Ángel de Luz que se rebeló contra Dios, de hecho existen otros, pero, quizás ninguno de ellos muestre tanta belleza como el que nos ocupa.

Antes de pasar a su contenido propiamente dicho, queremos hacer unas puntualizaciones. Para nosotros, como para cualquier historiador que se precie de serlo, la base de todo artículo ha de sustentarse en la información veraz, imparcial y contrastada, siempre. Bastantes errores de bulto y bulos circulan ya, no sólo por Internet, como para no acogerse a esta premisa, aunque reconocemos que no siempre es fácil separar el trigo de la paja. A nosotros así nos habría ocurrido con esta historia si no hubiese sido por la ayuda inestimable que nuestra compañera de carrera Alejandra Hernández Clemente nos brindó en su momento. Y no por falta de rigor o voluntad por nuestra parte, no, sino por la escasa información de la que se disponía al respecto y por la gran cantidad de errores que han sido asimilados como verdades, algunos de ellos subscritos por catedráticos que, como bien sostiene Alejandra, “han hecho un flaco favor a la Historiografía”. Ella ha estudiado en profundidad la figura de Bellver, personaje en torno al cual gira su Tesis Doctoral, un trabajo publicado por la Universidad Complutense de Madrid, que es de libre acceso, que podéis consultar en el enlace correspondiente al final del artículo y que deja al descubierto todas las inexactitudes, intencionadas o no, que se han dado por válidas sobre este episodio de la vida madrileña casi a comienzos del siglo XX.

Monumento al Ángel Caído
       Dña. María del Pilar Osorio

Gracias a su matrimonio en 1852 con Doña María del Pilar Osorio, III Duquesa de Fernán Núñez y una de las mujeres más influyentes de la nobleza española del siglo XIX, Don Manuel Falcó d´Adda y Valcárcel, milanés de nacimiento, activo participante en la independencia de Italia, que ostentó los cargos de senador del Partido Liberal Español, concejal del Ayuntamiento de Madrid y embajador en París, se convirtió en Duque Consorte de Fernán Núnez. El título fue concedido en primera instancia por el rey Fernando VII a Don Carlos Gutiérrez de los Rios, el 23 de Agosto de 1817, y tomó su nombre de la homónima localidad cordobesa.

Monumento al Ángel Caído
                                  D. Manuel Falcó

En 1874, Don Manuel aportó la nada módica cantidad de 50.000 pesetas de la época para llevar a efecto la construcción del futuro Paseo de Carruajes en el Parque de El Buen Retiro, en Madrid, en calidad de “autor o de promovedor del pensamento”, tal y como apunta la revista de la época “La Ilustración Española y Americana”, que en su número 40, fechado el 30 de Octubre de 1874, contiene una breve reseña del acto de inaguración, evento al que  asistió tanto el pueblo llano como la alta sociedad madrileña y que resultó ser todo un acontecimiento.

Monumento al Ángel Caído
       D. Ricardo Bellver y Ramón

Por entonces, un joven escultor madrileño, Ricardo Bellver Ramón (1845-1924), pensionado de número en la Academia de Bellas Artes de España en Roma, empezaba ya a forjarse un prestigio y una reputación. Es en Roma donde, en  1877, esculpe en yeso una imagen de El Ángel Caído en su descenso a los Infiernos. Su réplica en bronce, supervisada por el propio escultor, preside desde 1885 el Paseo de Carruajes, que sería rebautizado como Paseo Fernán Núñez.

Ricardo, criado en el seno de una familia de escultores valencianos, se inicia en el mundo del Arte de la mano de su padre, Francisco Bellver. Tiempo después se trasladará a San Fernando, en cuya Academia de Bellas Artes ampliaría sus estudios para, finalmente, desembarcar en Roma en 1874, gracias a una beca obtenida con la que cursar estudios en la Academia de Bellas Artes de España. De su etapa romana, en la que da buena muestra de su atención al detalle y de su maestría al combinar Neoclasicismo y Romanticismo, destacan sus obras “El entierro de Santa Inés” y “El Ángel Caído”, por la que cobraría del Estado la suma de 4.500 pesetas.

Monumento al Ángel Caído
                           Segunda Edición de “Paradise Lost”, de John Milton

Bellver se inspiraría en la obra del poeta y ensayista inglés,  que vivió bajo el mandato de Cromwell, John Milton (1608 – 1674), autor de “Paradise Lost”, “El Paraiso Perdido”, y con su creación consiguió ganar una de las medallas de oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878, año éste el de su reconocimiento.

Monumento al Ángel Caído
                      D. Francisco Jareño y Alarcón

La escultura se erigió sobre un pedestal diseñado en bronce y piedra por el arquitecto Francisco Jareño y Alarcón (1818-1892) en 1880, uno de los grandes arquitectos españoles del siglo XIX, cuyas obras aúnan funcionalidad y monumentalidad, y denotan su gran esmero tanto en la técnica constructiva como en el diseño. Constructor de numerosos edificios institucionales, como la Casa de la Moneda, ya desaparecida, el palacio sede del Museo Arqueológico y de la Biblioteca Nacional, o la Plaza de Toros de Toledo, labor que compaginó con la Docencia en su cátedra de la Escuela Superior de Arquitectura, y nos dejó un legado arquitectónico del que aún se puede disfrutar en la actualidad, no sólo en la capital de España.

Monumento al Ángel Caído
                                              Fuente Pedestal

Todo el conjunto se exhibió al público por vez primera en 1885, pese a la fuerte controversia suscitada, básicamente por motivos religiosos. Se dijo, incluso, que más de un exorcismo se había practicado en los alrededores para alejar la presencia del Mal y sus influencias negativas. Otra curiosidad, ésta si ha sido certificada, es que Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas descubrieron recientemente que el monumento está situado exactamente sobre una cota de altura de 666 metros sobre el nivel del mar, respecto de la cota de referencia, la de la ciudad de Alicante. Pese al simbolismo propio de este número, no hay nada de esotérico si consideramos que la altura media sobre el nivel del mar de la capital es de unos 650 metros, aproximadamente, aunque la casualidad no deja de resultar chocante, especialmente para los amantes de todo lo relacionado con lo esotérico y sobrenatural.

Monumento al Ángel Caído
                                             Conjunto Escultórico

Emplazada en el Paseo o Boulevard Fernán Núñez, en el Parque del Buen Retiro, en Madrid, la imagen es única por su belleza, Lucifer, atrapado por la Serpiente, va cayendo del Cielo, al tiempo que intenta zafarse con una de las manos del rayo que lo derriba y lo envía hacia el abismo.

El monumento al Ángel Caído es, pues, una de las obras que constituye una parte inseparable del legado artístico de la España Contemporánea. Para finalizar, tal y como Alejandra Hernández hace en su Tesis “Ricardo Bellver y Ramón: su Obra Escultórica. Un Estudio Historiográfico y Documental”, exponemos una relación de hechos que se tornan fundamentales para conocer esta historia en su conjunto, que son los siguientes:

  • Bellver no realizó la escultura para el Conde de Fernán Núñez, ni recibió dinero alguno de este noble. No es un homenaje a esa figura religiosa, sino la creación de un apasionado por la Escultura
  • La estatua fue su tercer envío al Estado Español como pensionado de número en la Academia de Bellas Artes de España en Roma
  • La modeló en 1877 en esa ciudad y fue enviada a Madrid en 1878, donde se expuso en la Exposición Nacional de Bellas Artes, siendo premiada con la Segunda Medalla de Oro de la Exposición
  • A finales de ese año participaría en la Exposición Universal de París pero, dado que el original había sido expuesto en yeso, ante la falta de tiempo para fundirlo en bronce, no pudo optar a premio
  • A principios de 1879 sería fundida en bronce en la Casa Thiebaut Fils de París. El propio escultor supervisó todo el proceso y acometió el cincelado de la escultura.
  • Comprada por el Estado a Bellver por 4.500 pesetas, según tasación del Jurado de la Exposición Nacional de Bellas Artes, y abonando 10.000 pesetas por costes de fundición, ingresó en el Museo del Prado con el Nº 49 de inventario de obras de escultores modernos
  • La obra es propiedad del Museo del Prado, pues los derechos nunca se cedieron al Ayuntamiento de Madrid, según costa en los documentos depositados en el Archivo General de la Administración [AGA], en Alcalá de Henares, Madrid

Webgrafía e imágenes:

Biografías y Vidas

Wikipedia en Español

100 Years Carnegie

Goya y los Levantamientos de Mayo de 1808

Goya y el Dos de Mayo
    El Levantamiento del Dos de Mayo en Madrid o La Lucha con los Mamelucos

Dos de las mejores obras de Francisco de Goya y Lucientes, “El Levantamiento del Dos de Mayo de 1808“, y “Los Fusilamientos del Tres de Mayo de 1808“, comparten una misma temática, la de la insurrección de un pueblo, el español, subyugado por un monarca despótico, primeramente, por el invasor francés, más tarde, y las consecuencias más inmediatas que resultarían de todo ello.

Pintadas en 1814, en un intento, quizás, de congraciarse con Fernando VII, ambas obras ilustran el inicio y la deriva de la primera guerra fallida de todas en las que Napoleón Bonaparte se embarcaría por razón de sus ansias expansionistas.

Aquel Dos de Mayo, los habitantes de Madrid tomaron las calles de la ciudad. Pertrechados con estacas y cuchillos, se enfrentaron a las tropas invasoras, a su artillería y a la caballería mameluca de Joachim Murat, noble y militar francés, cuñado de Napoleón, bajo las que caerían masacrados en la misma Puerta del Sol. De madrugada, en las primeras horas del Día Tres, el pelotón de fusilamiento apostado en la montaña de Príncipe Pío completaría la matanza.

En “El Levantamiento del Dos de Mayo de 1808”, Goya procedió a localizar los acontecimientos con el máximo esmero. Es a los pies del edificio de Correos donde transcurre la acción, donde el espectador se convierte en “testigo ocular” de la matanza. En “Los Fusilamientos del Tres de Mayo de 1808”, el maestro pone de manifiesto, de manera eficaz, las contradicciones de la ideología de Bonaparte.

La exposición que hace de las ejecuciones ordenadas por Murat es la otra cara de la moneda de la iconografía davidiana, la brutal y triste realidad que el lustre imperial pretendería difuminar. Y es que, como si de un historiador de la perversidad se tratara, J.L. David dedicaría su obra a la exaltación y a la promoción del poder del Estado Revolucionario Francés. El empeño mostrado por David en poner su talento al servicio del Imperio y la glorificación de una figura, la de Napoleón, que había cernido la guerra sobre Europa, le granjearían no pocas críticas.

Goya y el Tres de Mayo
                                    Los Fusilamientos del Tres de Mayo en Madrid

En “Los Fusilamientos del Tres de Mayo de 1808”, el pintor español logra un ejercicio de composición que resulta tan magistral como dramático. Vemos a los ejecutores dispuestos de perfil, de manera casi anónima, sin mostrar la fisonomía de sus rostros. Frente a ellos, los ajusticiados, que conforman tres grupos. Los que ya han sido fusilados, que yacen inermes sobre charcos de sangre. Los que están a punto de serlo, que representan el grupo más emotivo, realzado por el uso que el maestro Goya hace, sobre todo, de la luz y de la disposición de los personajes. Al fondo, una larga hilera de prisioneros, que espera su turno para enfrentarse indefectiblemente a la muerte, que allí mismo les aguarda.

Y es que la mayor muestra de la resistencia española se produjo a nivel local, por parte del clero y del campesinado. Si bien las Juntas intentarían organizar a los rebeldes, fueron las guerrillas las encargadas de hostigar a los franceses por toda la Península. Una guerra desigual, que acercaría al maestro a la figura de cronista, de reportero de guerra, como decimos ahora, más que a la de historiador. Una guerra que él retrataría, de manera exhaustiva, en la colección de aguafuertes denominada “Los Desastres de la Guerra“, compuesta por tres grupos principales.

Goya, Los Desastres de la Guerra
                                             Desastre Número 44, “Yo, lo vi”

Los dos primeros grupos pertenecen a época napoleónica, con la guerra y la hambruna como protagonistas. El tercero se recrea en el anticlericalismo de los “capuchos“, y pertenece al periodo de la Restauración reaccionaria.

La posición del testigo que contempla tales grabados ha dado lugar a dos interpretaciones contrapuestas. La primera de ellas se fundamenta en lo que Goya había escrito al pie del Desastre número 44, “Yo, lo vi” para asegurar que él mismo lo había visto, lo que le habría permitido elaborar todo un imaginario de la guerra.

La segunda interpretación sostiene que Goya no lo vio, otros instantes del conflicto, si, pero no los que estos grabados nos ofrecen. Para sus partidarios, son la creación personal desde unos acontecimientos que Don Francisco habría tomado como punto de partida. Un testigo, Goya, tan cerca de lo que realmente ocurrió como tan lejos, tan discutible como exento de toda sombra de duda.

Goya y los Levantamientos de Mayo de 1808
          Francisco de Goya y Lucientes (1746 – 1828)

Bibliografía:

Este artículo se ha elaborado a partir de los propios apuntes de su autor, extraídos del epígrafe “En el Primer Imaginario de la Guerra”, perteneciente al capítulo primero de la obra “Los Discursos del Arte Contemporáneo”, de Yayo Aznar Almazán, Miguel Ángel García Hernández y Constanza Nieto Yusta, Editorial Ramón Areces, Madrid 2011